MANIFIESTO COBRIZO: PREGUNTAS PARA LOS QUE NO ESPERAN PERMISO
¿Qué hacer cuando el mundo se desmorona, pero los manuales de cambio ya no sirven?
Los de arriba nos ofrecen votos que no cambian nada, promesas que se las lleva el viento y un desarrollo que sólo desarrolla sus bolsillos. Los caminos de antes—el asalto al cielo, la espera infinita—se agotaron. Nos queda el suelo que pisamos, las manos que trabajan y la certeza de que nadie vendrá a salvarnos.
Por eso preguntamos, no desde la teoría, sino desde el barro de la lucha:
Primera Pregunta: ¿Y si el poder no está arriba, sino aquí, en lo que ya somos?
¿Qué pasa si el verdadero poder no está en un palacio de gobierno, sino en la asamblea del barrio que resuelve lo que el Estado abandona? ¿En la cooperativa que alimenta a su pueblo sin patrón? ¿En la escuela donde los abuelos enseñan la lengua que quisieron borrar?
No hablamos de protestar. Hablamos de construir lo nuestro hasta que lo de ellos sea irrelevante. ¿Cuál es tu territorio? ¿Tu fábrica, tu manzana, tu comunidad? ¿Qué pasa si empezamos a gobernarlo desde hoy, sin pedir permiso?
Segunda Pregunta: ¿Y si la riqueza no es lo que tenemos en el banco, sino lo que podemos crear juntos?
¿Qué vale más: el papel de un billete o el conocimiento de sembrar un alimento libre de veneno? ¿La máquina que un empresillo guarda bajo llave, o el taller colectivo donde todos aprendemos a repararla?
La economía de los de abajo ya existe: son las ferias, los trueques, las ollas comunes, los ahorros compartidos. Son las tierras recuperadas que alimentan ciudades. Es la red invisible que sostiene la vida cuando el dinero falta. ¿Y si la hacemos visible, fuerte y nuestra? ¿Si nuestro trabajo deja de enriquecer a otros y empieza a construir soberanía para nuestros hijos?
Tercera Pregunta: ¿Y si la política no es llegar a un cargo, sino volverlo innecesario?
¿Para qué queremos un diputado “amigo” si no puede, o no quiere, detener la minera que envenena nuestro río? ¿No es más poder tener la organización comunitaria que paraliza esa minera, el tribunal popular que la juzga y el proyecto de vida que la vuelve imposible?
No queremos tomar su Estado caduco. Queremos saturar el mundo con el nuestro, hecho de dignidad y tierra. Pueblo por pueblo, barrio por barrio, hasta que nuestra forma de vivir sea la ley, nuestra justicia sea la que prevalezca y nuestro futuro no dependa de su próximo decreto.
Este no es un sueño. Es un método. Se llama Doctrina Cobriza.
No es un partido. Es un oficio de pueblo: el oficio de organizar, producir y gobernar desde abajo.
No tiene un líder. Tiene mil raíces: en el MST que convirtió el latifundio en escuela y pan; en las comunidades zapatistas que gobiernan sin políticos; en las mujeres que defienden el territorio-cuerpo; en los pueblos originarios que protegen la Amazonía para toda la humanidad; en los jóvenes y trabajadores que en las ciudades toman lo desechado y crean trabajo digno.
Te está llamando la pregunta que duele en tu contexto:
¿Estás cansado de alquilar? La lucha por la vivienda es cobriza.
¿Tu trabajo no te alcanza? La economía popular es cobriza.
¿Te quitan el agua o la tierra? La defensa del territorio es cobriza.
¿Tu voz no cuenta? La asamblea es cobriza.
El tiempo de la queja pasiva terminó. El tiempo de la construcción obstinada empezó.
No nos busques en los titulares. Búscanos donde se junta la gente para resolver, donde se compra directo al que siembra, donde se ocupa un espacio para hacer un taller, donde se mapea el barrio para defenderlo.
No prometemos un paraíso lejano. Ofrecemos un camino claro para el lunes por la mañana: organízate con los tuyos, identifica lo que puedes controlar juntos, empieza a hacerlo. Y luego, que ese pedazo de mundo libre se encuentre con el nuestro.
La única pregunta que importa al final es:
¿En qué parte de tu vida dejarás de pedir permiso y empezarás a construir poder?
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