BRICS Feminist Watch: ¿Voz crítica del Sur o espectro en la máquina?
La pregunta surge de una intuición válida: al navegar por el sitio web de BRICS Feminist Watch (BFW), una se enfrenta a una estética sobria y un discurso técnico. No hay llamados a la movilización masiva ni consignas de lucha callejera. Esto puede generar una sospecha inmediata: ¿estamos ante una organización feminista auténtica o ante una estructura superficial, un "fantasma" institucional que habla un lenguaje hueco?
Para responder, debemos abandonar la búsqueda de un feminismo único y sumergirnos en las complejas aguas del bloque BRICS y su proyecto de reordenamiento económico global. En este contexto, BFW no es un fantasma, sino una entidad que opera desde una trinchera muy específica y, para muchos, extraña: la del análisis macroeconómico feminista y la incidencia técnica de alto nivel. Su existencia y su método son un síntoma de las contradicciones del propio bloque que busca influir.
El tablero de juego: el proyecto económico del BRICS
Para entender a BFW, primero hay que entender el campo donde pretende jugar. El BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) nació como una voz colectiva de economías emergentes desafiando la hegemonía occidental. Su narrativa se basa en la cooperación Sur-Sur, la solidaridad y la promoción de un crecimiento económico sostenible.
Su logro material más tangible es el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), creado en 2014 como una alternativa al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, ofreciendo créditos con condiciones supuestamente más favorables. El bloque aspira, en sus propias palabras, a "contribuir a que se establezca un nuevo orden mundial". Este es el núcleo del proyecto: construir una arquitectura financiera y de gobernanza paralela.
La "otra" mujer del BRICS: la Alianza Empresarial (WBA)
Antes de juzgar a BFW, es crucial observar la iniciativa oficial del BRICS sobre "género". En 2020 se estableció formalmente la Alianza Empresarial de Mujheres do BRICS (Women's Business Alliance - WBA). Su objetivo es claro y pertenece al ámbito del empoderamiento económico convencional: "aumentar la participación económica de las mujeres" y "promover la cooperación entre empresas lideradas por mujeres".
Su agenda para 2025, bajo liderazgo brasileño, incluye foros de negocios, un concurso de startups femeninas y proyectos de cooperación como una "colección cápsula" de moda con algodón brasileño o una orquesta sinfónica femenina. Su métrica de éxito es clara: incrementar el 14% de participación que tienen las empresas lideradas por mujeres en el comercio exterior brasileño.
La WBA encarna el enfoque que los gobiernos del BRICS tienen sobre la "cuestión de la mujer": un asunto de eficiencia económica. Este enfoque no es exclusivo del bloque; instituciones como el FMI argumentan que reducir la brecha de género laboral podría aumentar el PIB de los mercados emergentes en casi un 8%. La mujer es vista, sobre todo, como un recurso productivo subutilizado.
BFW: el feminismo como crítica estructural
Frente a este modelo, BFW se presenta como la contra-voz. Fundada en 2016, se define como una "alianza feminista de los países BRICS que aporta la fuerza colectiva del análisis y el activismo feminista para promover un desarrollo económico con perspectiva de género e inclusivo".
Su premisa es radical: el nuevo orden mundial que propone el BRICS no será "justo, democrático e igualitario" por defecto. Sin una agenda feminista crítica, corre el riesgo de replicar las mismas estructuras extractivistas y excluyentes del orden anterior, pero bajo un liderazgo distinto. Por eso, su objetivo declarado es "integrar una agenda feminista del Sur en las políticas e instituciones del BRICS".
¿Y cómo lo hace? Aquí reside su naturaleza peculiar y la fuente de la desconfianza: su campo de batalla no son las plazas, sino los informes técnicos, las políticas de bancos de desarrollo y el lenguaje de la economía política.
La sustancia detrás de la superficie: su carpeta de investigaciones
La desconfianza hacia BFW se disipa en parte al examinar su producción concreta. La organización no se limita a declaraciones genéricas. Su portafolio de publicaciones, listado en el portal GADNetwork, revela un programa de trabajo sofisticado y especializado:
Crítica a los bancos de desarrollo: Su estudio fundacional es "Por qué el Nuevo Banco de Desarrollo debe tener una Política de Género" (2017). No pide inclusión superficial, sino marcos de rendición de cuentas obligatorios.
Análisis de casos concretos: En "Los caminos sinuosos del AIIB hacia la desigualdad: Un estudio de caso de género desde Gujarat" (2019), analizan cómo un proyecto del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura exacerbó las desigualdades en una comunidad india.
Conexión de temas: Vinculan la crisis climática con la justicia de género en "Mujeres y la Economía Verde: Involucrando al Nuevo Banco de Desarrollo", y el derecho al agua con el trabajo de cuidado en "Entrelazadas: Mujeres y Agua Hacia una política en el Nuevo Banco de Desarrollo" (2020).
Análisis político: En "BRICS y la Sociedad Civil: Implicaciones de Género de Esta Relación Problemática" (2021), escudriñan las dinámicas de poder entre los estados del bloque y las organizaciones sociales.
Este corpus de trabajo demuestra que BFW practica un feminismo de análisis económico-político. Su activismo es la incidencia técnica ("advocacy"): presionar al NDB con investigaciones, proponer cláusulas en los proyectos, exigir transparencia. Afirman, de hecho, que el NDB ha acogido algunas de sus recomendaciones.
Conclusión: ¿Aliada táctica o crítica irrelevante?
BFW no es un fantasma. Es una red de expertas que opera en un nicho de alta complejidad. Su feminismo es real, pero es de un tipo específico: especializado, técnico y dirigido a cambiar las reglas desde dentro de la maquinaria económica.
Su gran limitación, y la raíz de la desconfianza legítima, es su distancia de los movimientos de base. Mientras "Ni Una Menos" paraliza países con un grito, BFW busca modificar una cláusula en un préstamo millonario. Para el activismo callejero, su trabajo puede parecer abstracto, lento y desconectado de la urgencia de la violencia machista.
Sin embargo, en el gran juego por influir en la dirección del BRICS —un bloque que controla una porción enorme de la economía global—, actores como BFW desempeñan un rol. Son la conciencia crítica interna, la que recuerda que un "nuevo orden mundial" que no desmonte las opresiones de género, raza y clase será simplemente el viejo orden con nuevos amos.
La pregunta final no es si BFW es feminista, sino si su estrategia de lobby técnico es efectiva para contrarrestar la poderosa narrativa economicista de la WBA y los intereses geopolíticos de los estados del BRICS. Su poder es el del argumento especializado. Su desafío es que, en un mundo de poder real, eso rara vez es suficiente. Pero sin ese argumento, la crítica se reduce a un grito fuera de la sala donde se toman las decisiones. Quizás, en la complejidad del siglo XXI, se necesiten ambos.
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