La Lucha Cultural en Criollo: De Marx a Laclau, una historia de ideas para el pueblo argentino
Por Joan Prim In Memoriam Roberto Jorge Quieto
Introducción: ¿De qué hablamos cuando hablamos de lucha cultural?
En los últimos años escuchamos todo el tiempo eso de la "batalla cultural". Lo dicen en la tele, lo dicen los políticos, lo repiten en las redes. Pero ¿de dónde viene esa idea? ¿Quiénes fueron los que pensaron esto antes?
Acá vamos a hacer un recorrido por los autores que armaron esta forma de entender la política. Pero lo vamos a hacer en criollo, como hablamos en el barrio, en el laburo, en la mesa familiar. Porque estas ideas no son cosa de intelectuales encerrados, son herramientas para entender la realidad que vivimos todos los días.
1. Los primeros: Marx y Engels, los que descubrieron que las ideas mandan
Allá por 1800, dos pensadores alemanes, Karl Marx y Friedrich Engels, largaron una idea que rompió todo. Ellos decían que la clase que tiene el poder económico, también tiene el poder de imponer sus ideas.
En criollo: el que tiene la guita, tiene los diarios, la escuela, la tele. Y desde ahí te mete en la cabeza que las cosas son así nomás, que siempre fueron así, que el pobre es pobre porque no labura suficiente.
Marx y Engels fueron los primeros en señalar que la cultura no es algo inocente. Detrás de cada idea que te meten, hay un interés. Detrás de cada programa de chimentos, detrás de cada novela, detrás de lo que te enseñan en la escuela, hay una forma de mantener el poder.
Para nuestra lucha: nos enseñaron que no alcanza con pelear por el plato de comida. Hay que pelear también por la cabeza de la gente.
2. Antonio Gramsci: el estratega de la "guerra de posiciones"
Acá tenemos al más importante para entender todo esto. Antonio Gramsci era un italiano, de familia pobre, que los fascistas de Mussolini metieron preso. Desde la cárcel, sin que le afloje la persecución, escribió libros enteros donde desarrolló el concepto de "hegemonía cultural".
¿Qué es la hegemonía cultural? Es cuando los de arriba logran que vos pienses como ellos, sin necesidad de ponerte una pistola en la cabeza. Es cuando el laburante cree que el problema es el planero, cuando la mujer cree que su lugar es la cocina, cuando el pibe cree que su destino es la villa y no la universidad.
Gramsci decía que para cambiar la sociedad no alcanza con tomar el gobierno. Hay que ganar la cabeza de la gente primero. Y para eso hay que hacer lo que él llamó "guerra de posiciones".
¿Qué es eso? Es como cuando en el barrio querés ganarle terreno a la otra hinchada: primero copás una esquina, después la plaza, después el club. Así, de a poquito. En la lucha cultural es lo mismo: hay que ganar espacio en la escuela, en los medios, en los sindicatos, en los clubes de barrio, en las redes sociales.
Gramsci también hablaba de los "intelectuales orgánicos" : no los tipos con título que vienen a decirte qué pensar, sino los pibes del barrio que se forman y después pueden pelear en esa cancha con vos y como vos.
Para nuestra lucha: la batalla cultural se gana de a poco, copando espacios, metiendo nuestras ideas donde antes estaban las de ellos. Y sobre todo, formando compañeros que puedan dar esa pelea.
3. La Escuela de Frankfurt: Adorno, Horkheimer y Marcuse, los que vieron la tele y dijeron "esto es humo"
Un grupo de pensadores alemanes, judíos, que se tuvieron que rajar de Europa por la persecución nazi, terminaron en Estados Unidos. Cuando vieron cómo funcionaba la televisión, la radio, las revistas, casi se vuelven locos.
Se dieron cuenta de algo que hoy es re común pero en esa época era nuevo: la cultura se había convertido en una industria. Una fábrica de entretenimiento que te duerme la cabeza.
Le llamaron "industria cultural". ¿Qué es? Es cuando la música, las novelas, las películas, se hacen en serie, como facturas, todas iguales, para que consumas sin pensar. Te venden la felicidad trucha: si tenés el último celular, si te vestís como el cantante de moda, si seguís al influencer, vas a ser feliz.
Pero es todo verso. Es para que te enganches, consumas, y no te preguntes por qué no llega el agua al barrio, por qué no hay laburo, por qué la yuta te corre.
Theodor Adorno decía: "la música que escuchás en la radio te entra por los oídos y te duerme la cabeza. No te hace pensar, solo te hace repetir".
Max Horkheimer le seguía: "te entretienen con la novela, con el partido, con el chisme, así no ves que te están afanando la dignidad".
Herbert Marcuse fue más lejos: "el sistema te crea necesidades falsas. Te hace creer que necesitas cosas que en realidad no necesitas, para que corras todo el día atrás de eso y nunca pares a pensar en organizarte".
Para nuestra lucha: tenemos que desconfiar de lo que nos venden como "entretenimiento". La tele, la radio, las redes, no son solo para divertirse. Son un aparato que te modela la cabeza. Y si no te das cuenta, perdés.
4. José Carlos Mariátegui: el pensador latinoamericano que dijo "acá no copiamos recetas"
José Carlos Mariátegui era peruano, de principios del 1900. Mientras los marxistas europeos decían que la receta era una sola (fábricas, obreros, revolución), él miraba el Perú y veía otra cosa.
Veía comunidades enteras de hermanos indígenas, veía tradiciones de miles de años, veía una forma de organización distinta. Y dijo: "no podemos copiar recetas de afuera. El socialismo acá tiene que tener nuestra cara".
Mariátegui fue el primero en decir que la lucha tiene que tener olor a tierra mojada, a choclo, a caña. Que tiene que hablar quechua si hace falta. Que las comunidades indígenas que labraban la tierra entre todos, no eran cosa del pasado, eran la semilla de nuestro futuro.
Él rescató las tradiciones de los incas, el ayllu (la comunidad que trabajaba la tierra en forma colectiva), y dijo: "acá ya tenemos nuestra forma de organización. No necesitamos copiar a nadie".
Para nuestra lucha: no te dejes encajar cualquier receta. Mirá para adentro del barrio, de la villa, del monte. ¿Cómo nos organizamos acá? ¿Cómo nos ayudamos entre vecinos? ¿Cómo hacemos la olla popular cuando no hay laburo? Esa es nuestra escuela.
5. Raymond Williams: el que dijo que la cultura la hacemos entre todos
Raymond Williams era un pibe de familia laburante de Gales, un pueblo chico, no un intelectual de la ciudad. Y justamente por eso, se dio cuenta de algo que muchos no veían.
Los marxistas más viejos pensaban que la cultura era como un adorno, algo que estaba arriba de la economía. Williams dijo: "no es así, la cultura es todo el modo de vida de una gente".
¿Qué significa esto? Que la cultura no es solo el teatro Colón, no es solo los libros. Es cómo nos tomamos el mate, cómo nos juntamos en la vereda, cómo rezamos, cómo nos vestimos para ir a la cancha, qué palabras usamos para nombrar las cosas. Todo eso es cultura.
Y lo más importante: eso no lo inventa un tipo en un escritorio. Se construye en el día a día, entre vecinos, entre compañeros de laburo, en los bailes, en los clubes de barrio. Es algo vivo, que está cambiando todo el tiempo.
Para nuestra lucha: si vos querés cambiar la sociedad, no podés llegar con un manual. Tenés que meterte en el barro, entender cómo vive la gente, qué le gusta, qué le duele. Tenés que construir poder ahí, en las costumbres, en el sentido común de la gente.
6. Ernesto Laclau: el filósofo argentino que explicó el "nosotros" y "ellos"
Cerramos con un pensador nuestro, argentino, que se hizo famoso en el mundo entero. Ernesto Laclau se puso a pensar por qué la gente se mueve, por qué se arman bandos, por qué hay momentos donde el pueblo se levanta.
Laclau decía que la política de verdad no es solo ir a votar. La política es cuando la gente se junta porque tiene una bronca o un sueño en común.
Imaginemos un barrio: uno no tiene agua, al otro no le alcanza para el remedio, al de más allá le aumentaron el alquiler. Por separado, son problemas de cada uno. Pero si alguien logra armar un relato que diga "a todos nosotros nos está cagando el mismo de siempre", ahí pasa algo. Esa bronca individual se transforma en una demanda popular y la gente deja de ser un montón de individuos para convertirse en un "pueblo".
Para Laclau, la política se construye así: armando un "nosotros" (los laburantes, los excluidos, los de abajo) frente a un "ellos" (los privilegiados, los que nos roban la dignidad, los que nos explotan).
Para nuestra lucha: la batalla cultural es la pelea por definir quién es el "villano" y quién es el "héroe" de esta historia. Si logramos que la gente sienta que el problema es la oligarquía, el FMI, los monopolios, ya tenemos medio camino ganado. Pero si ellos logran que la gente crea que el problema es el vecino que cobra un plan, el extranjero, el "zurdo", entonces perdimos.
Laclau nos viene a decir que no hay política sin pasión, sin identificación. La gente no se moviliza por un cuadro de Excel, se moviliza por un símbolo, por un nombre, por un sentimiento de pertenencia. Construir ese sentimiento, ese "nosotros", es la tarea más profunda de la batalla cultural.
Conclusión: Todos estos pensadores, una sola enseñanza
Si miramos el recorrido completo, desde Marx hasta Laclau, hay una idea que los atraviesa a todos:
La cultura es el campo de batalla donde se define quién manda.
Marx y Engels nos enseñaron que las ideas de los que tienen el poder se vuelven las ideas de todos.
Gramsci nos dio la estrategia: hay que ganar la cabeza de la gente antes de ganar el gobierno, copando espacios de a poquito.
La Escuela de Frankfurt nos alertó: la tele, la radio, el entretenimiento, son una fábrica de humo que te duerme la conciencia.
Mariátegui nos recordó que no tenemos que copiar recetas de afuera, que acá tenemos nuestra historia y nuestra fuerza.
Williams nos enseñó que la cultura es la vida cotidiana, y que hay que entenderla para transformarla.
Laclau nos explicó que la política es pasión, es identidad, es construir un "nosotros" que se anime a enfrentar al "ellos".
En la Argentina de hoy, donde la grieta parece más grande que nunca, donde la tele y las redes nos bombardean todo el día con mensajes, entender esto es más importante que nunca.
Porque la lucha cultural no es joda de intelectuales. Es la pelea por el significado de las cosas. Es la pelea por la cabeza de nuestros pibes. Es la pelea por el futuro.
Y como decía el Flaco Spinetta: "todo el jardín es nuestro aún".
Vamos para adelante, que la batalla se gana en la cancha, en el barrio, en la escuela, en la fábrica. Y también en las ideas.
¿Te sirvió este artículo? Compartilo, charlalo en el club, en el laburo, con los vecinos. Porque estas ideas son herramientas, y las herramientas son para usarlas.
Para contactar al autor o solicitar más material: joanprim#yahoo.com
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