Argentina 1973-1975: El Vietnam que pudo ser y el "napalm preventivo" del Imperio
La tesis: cuando la historia tuvo vértigo
A mediados de la década del 70, la Argentina no era un país en crisis. Era un volcán en erupción. Y no cualquier volcán: era un volcán con conciencia de clase, con organización popular, con fábricas tomadas, con ingenios azucareros en rebelión, con universidades que olían a revolución y con montañas tucumanas donde los trabajadores empuñaban fusiles con la misma naturalidad con que antes empuñaban herramientas.
Esto que voy a decir no es poesía: es geopolítica. La Argentina de aquellos años estaba encaminándose a convertirse en otro Vietnam. Y cuando digo "otro Vietnam" no hablo de una metáfora. Hablo de una derrota estratégica del imperialismo en su propio patio trasero, de un conflicto que podía desangrar al coloso del norte en una guerra prolongada, de masas, con montañas, con selva, con ciudades insurrectas y con un pueblo dispuesto a todo.
Los yanquis —usemos la palabra sin eufemismos, como la usaba el pueblo— vieron el fantasma de Saigón cabalgando sobre la pampa húmeda y sintieron el mismo escalofrío que los había paralizado cuando los vietnamitas les demostraron que el poderío tecnológico no podía contra la decisión de un pueblo de ser libre. Y tomaron una decisión: había que aplicar "napalm preventivo".
No napalm sobre la selva, como en Vietnam. Napalm sobre la sociedad entera. Napalm sobre la historia. Napalm sobre el futuro. Napalm en forma de genocidio.
1. Argentina, 1975: los síntomas del Vietnam sudamericano
Para entender el pánico del Imperio, hay que mirar los datos con ojos de estratega militar y político. No de periodista, no de académico, no de tertuliano de café. De estratega.
¿Qué veía la inteligencia yanqui en la Argentina de 1975?
1. Un movimiento obrero organizado y combativo. No era un sindicalismo de fotos y declaraciones. Era un sindicalismo de fábricas tomadas, de cordones industriales, de clasismo combativo. Las comisiones internas de las grandes plantas —Ford, General Motors, Acindar, Astarsa— eran territorios liberados donde la burocracia sindical no entraba ni pintada. El clasismo cordobés, el sindicalismo de resistencia de la Juventud Trabajadora Peronista (JTP) y la inserción del PRT-ERP en las fábricas configuraban un escenario donde la clase obrera dejaba de ser "factor de presión" para convertirse en sujeto revolucionario. En Vietnam, la guerra se ganó porque el ejército popular emergió de las aldeas. En Argentina, el ejército popular emergía de las fábricas.
2. Una guerrilla con inserción de masas. A diferencia de otros focos guerrilleros latinoamericanos que operaban en la periferia geográfica y social, el PRT-ERP había logrado lo que pocos: construir una organización político-militar con raíces profundas en el movimiento obrero, en los barrios, en las universidades y en el campesinado pobre del norte argentino . La Compañía de Monte "Ramón Rosa Jiménez" no era un grupo de iluminados perdidos en la selva. Controlaba territorio, administraba justicia, organizaba a los campesinos, disputaba los ingenios. Era, a escala reducida, lo que el Vietcong había construido a gran escala.
3. Una crisis de hegemonía del bloque dominante. La burguesía argentina estaba partida. Los sectores vinculados al capital nacional disputaban con los sectores ligados al capital transnacional. El peronismo, ese movimiento policlasista que había contenido las contradicciones durante décadas, se desangraba en una guerra interna entre su derecha fascista (la Triple A, la CNU) y su izquierda revolucionaria (Montoneros, JTP, JP). El Estado, como dispositivo de dominación, hacía agua por todos lados.
4. Un contexto regional en ebullición. Chile había caído en 1973, pero la resistencia continuaba. Uruguay era un polvorín. Bolivia vivía en golpe permanente. Brasil bajo dictadura, pero con focos de guerrilla rural. El Plan Cóndor empezaba a articularse precisamente porque el Imperio sabía que la rebelión era regional, que las fronteras no detenían las ideas y que lo que pasaba en un país se contagiaría a los demás como un incendio.
5. Una correlación de fuerzas internacional favorable a los pueblos. Vietnam acababa de derrotar a Estados Unidos. Era 1975 y las imágenes de los helicópteros evacuando la embajada yanqui desde el techo todavía daban la vuelta al mundo. Angola y Mozambique se liberaban del colonialismo portugués. En todo el Tercer Mundo, los pueblos se levantaban. La derrota del imperialismo no era una utopía: era un hecho contemporáneo.
Argentina, en ese contexto, era la pieza clave. No solo por su tamaño, no solo por sus recursos, no solo por su posición geográfica. Era clave porque en Argentina la lucha de clases había alcanzado un nivel de desarrollo político, organizativo y militar que la convertía en la principal amenaza a la dominación imperialista en Sudamérica.
2. La decisión imperial: "napalm preventivo"
Frente a ese escenario, el Imperio tomó una decisión. Y esa decisión no fue "apoyar a los militares". Fue diseñar, financiar, supervisar y garantizar un genocidio.
Hablemos con todas las letras: fue genocidio. No "guerra sucia". No "excesos". No "violencia de ambos lados". Genocidio. Así lo han calificado sentencias judiciales en Italia , así lo definen los organismos de derechos humanos , así lo establece la historiografía crítica .
¿Y por qué "napalm preventivo"?
Porque el napalm, en Vietnam, fue la respuesta militar a una guerra popular en curso. Se arrojaba napalm sobre los pueblos para quemar la resistencia. En Argentina, la decisión fue diferente y más siniestra: aplicar el napalm antes de que la guerra popular estallara a escala nacional. Quemar la sociedad para que no hubiera pueblo que sostuviera la rebelión. Exterminar a los militantes para que no hubiera organización. Desaparecer a los cuadros para que no hubiera memoria. Robar los bebés para que no hubiera futuro.
El historiador Hernán Camarero lo dice claro: los militares "sabían que iban a matar mucha gente" . Y mataron. Treinta mil. Pero esos treinta mil no eran "excesos". Eran el objetivo. Eran la muestra. Eran el mensaje: "Esto le pasa al que se anime".
La sentencia del tribunal de Roma es escalofriantemente precisa cuando describe la dictadura argentina como "silenciosa, escondida y científica" . No fue la dictadura ostentosa de Pinochet, con bombardeos al palacio presidencial. Fue una dictadura de laboratorio: secuestros clandestinos, centros de exterminio ocultos, vuelos de la muerte, apropiación sistemática de bebés. Fue el napalm aplicado con bisturí.
El rol de Estados Unidos fue determinante. No solo por la Escuela de las Américas, donde se formaron los genocidas . No solo por la doctrina de seguridad nacional, que definió al "enemigo interno" como objetivo militar . No solo por el apoyo económico y logístico. Sino por algo más profundo: Estados Unidos garantizó el marco geopolítico para que el genocidio fuera posible. Aisló diplomáticamente a las víctimas, presionó a los gobiernos europeos para que no recibieran refugiados , cubrió a los dictadores en los foros internacionales, y cuando la administración Carter hizo gestos de distanciamiento, ya era tarde: el trabajo sucio estaba hecho .
La dictadura, dicen los jueces italianos, actuó "con el pretexto de contrarrestar la guerrilla y de frenar la difusión de las ideas marxistas" . Pero el objetivo real era más profundo: destruir sujetos para el cambio social y político , "exterminar tanto política como culturalmente a quienes el poder denominaba entonces como subversivos" , "desplazar el esquema asentado en el modelo de sustitución de importaciones" hacia un modelo financiero y de ajuste estructural .
Dicho en criollo: matar para cambiar el modelo de país. Matar para que nunca más los trabajadores fueran sujeto político. Matar para que la Argentina dejara de ser un problema y volviera a ser un negocio.
3. El legado: ellos no se recuperan, nosotros tampoco olvidamos
Hay algo que los genocidas no pudieron matar. Y eso que no pudieron matar es exactamente lo que hace que hoy, cincuenta años después, esta discusión sea posible.
Las armas sin masas son chatarra. Esta frase, que resume décadas de experiencia revolucionaria, contiene una verdad profunda: el poder no está en los fusiles, está en el pueblo que los empuña. El Ejército Revolucionario del Pueblo pudo haber sido derrotado militarmente, pero las masas que le dieron origen no fueron exterminadas. Fueron dispersadas, golpeadas, diezmadas, pero no exterminadas. Y donde hay masas, hay posibilidad de revolución.
Hoy, el escenario es radicalmente diferente. No porque el Imperio se haya vuelto bondadoso —no lo es, nunca lo fue— sino porque las condiciones objetivas y subjetivas han cambiado.
¿Por qué no es factible hoy un nuevo "napalm preventivo"?
Primero, porque el mundo cambió. La correlación internacional de fuerzas ya no es la Guerra Fría con dos bloques rígidos. Estados Unidos sigue siendo el Imperio, pero ya no tiene el control monopólico que tuvo en los 70. China emerge, Rusia resiste, el Sur Global se mueve, los BRICS existen. El Imperio ya no puede actuar con la impunidad con que actuó en el Cono Sur.
Segundo, porque la memoria se organizó. Los organismos de derechos humanos —Madres, Abuelas, CELS, APDH— lograron lo imposible: convertir el dolor en herramienta política, la memoria en arma de lucha, la verdad en justicia . Hoy hay más de mil represores condenados . Hoy los juicios de lesa humanidad son política de Estado. Hoy el negacionismo es derrota política antes que debate. Cuando un funcionario niega el genocidio, la sociedad lo repudia. Eso no existía en los 70.
Tercero, porque el movimiento popular aprendió. Las derrotas enseñan. La militancia de los 70 cometió errores, y el primero fue no dimensionar la capacidad criminal del enemigo. Hoy se sabe: el Imperio no tiene límites éticos. Su única lógica es la acumulación. Sabiendo eso, la lucha se organiza de otra manera: con más cuidado, con más inteligencia, con más articulación internacional, con más defensa de la vida sin renunciar a la combatividad.
Cuarto, porque la interseccionalidad —esa palabra que no usaban los militantes del ERP pero que practicaban sin saberlo— se ha convertido en conciencia colectiva. Las luchas de hoy no son solo de clase, son de género, son de raza, son de territorio, son de identidad. Y esa multiplicidad, lejos de debilitar, fortalece. Porque cuando atacan a una mujer, responden todas. Cuando atacan a un negro, responden todos. Cuando atacan a un trabajador, responden todos. La solidaridad se ha vuelto más compleja, más profunda, más indestructible.
4. Cierre: "Ser semente", como Marielle, como el ERP, como el pueblo
Marielle Franco decía "ser semente". Ser semilla. Saber que una puede caer, pero la semilla queda. Y de esa semilla, tarde o temprano, brota.
Los 30.000 desaparecidos son semilla. Los militantes del ERP caídos en combate son semilla. Las Madres que rodaron en la Plaza son semilla. Los sobrevivientes que testimoniaron en los juicios son semilla. Los nietos recuperados son semilla. Cada joven que hoy levanta una bandera de lucha, sin saberlo, está regando esa semilla con su militancia.
El Imperio aplicó "napalm preventivo" en los 70. Quemó todo lo que pudo. Pero el fuego no mata las raíces. Y las raíces del pueblo argentino son profundas, son antiguas, son indestructibles.
Ellos no se recuperan de la guerra sucia que desataron. Nosotros tampoco nos recuperamos de la ausencia de los 30.000. Pero hay una diferencia: ellos cargan con la culpa, con la derrota histórica, con la certeza de que su triunfo fue temporal y sucio. Nosotros cargamos con la memoria, con la dignidad, con la certeza de que la historia no termina, que el pueblo vuelve, que la lucha sigue.
Las armas sin masas son chatarra. Pero las masas sin armas, organizadas, conscientes, combativas, son invencibles.
Eso lo sabían los vietnamitas. Lo sabían los militantes del ERP. Lo sabía Marielle. Lo sabe el pueblo argentino, que cada 24 de marzo llena la Plaza de Mayo para gritar: 30.000 compañeros, ¡presentes! Ahora y siempre .
Por eso escribo esto. Por eso lo leés. Por eso seguimos.
"Aún hay quienes creen que matando la flor se mata la primavera. Nosotros sabemos que la primavera siempre vuelve, porque está en la tierra, porque está en la semilla, porque está en el pueblo."
(Paráfrasis libre de la sabiduría popular, que es la única que nunca se equivoca)
Fuentes y lecturas para seguir pensando:
Gambina, Julio. "El legado de la dictadura (1976-1983)". FISyP
Gobierno de Río Negro. "A 42 años del último golpe de Estado, nunca más"
Sentencia del tribunal de Roma sobre el genocidio argentino. Última Hora
APDH. "30º Aniversario de la visita de la CIDH a la Argentina"
Lozada, Martín. "Crímenes de lesa humanidad y genocidio". Editorial UNRN
Abuelas de Plaza de Mayo. "Discurso a 48 años del golpe genocida"
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