El PRT-ERP (1973-1975): Crecimiento, efecto cobra y la prefiguración inconsciente de la interseccionalidad
Una mirada desde la historia de los vencidos, cincuenta años antes de Marielle
Por [Colaborador invitado]
Introducción: La necesidad de una lectura propia
La historia del PRT-ERP entre 1973 y 1975 ha sido secuestrada por dos narrativas igualmente falsas: la de los vencedores, que construyeron el mito del "aislamiento" de la guerrilla para justificar el genocidio; y la de una izquierda académica que, cómodamente instalada en universidades europeas o en escritorios climatizados, reproduce conceptos vacíos sin comprender la dinámica real de la lucha de clases en la Argentina de aquellos años.
Este artículo propone una lectura diferente. Una lectura que, recuperando categorías analíticas contemporáneas como el efecto cobra y la interseccionalidad, las aplica no como etiquetas postizas, sino como herramientas para comprender un fenómeno que las prefiguró en la práctica, cincuenta años antes de que Marielle Franco las encarnara y las teorizara desde las favelas de Río de Janeiro.
Porque el PRT-ERP de aquellos años no fue una organización en retroceso, aislada por su propio "militarismo". Fue, exactamente al revés, una fuerza en expansión que creció de manera exponencial precisamente porque supo conectar con las masas en el momento de mayor violencia reaccionaria, y porque su práctica política anticipó —sin saberlo, sin nombrarlo— aquello que hoy llamamos interseccionalidad.
1. El efecto cobra al revés: cuando la represión se convierte en acelerador
El "efecto cobra" clásico —acuñado del colonialismo británico en la India— describe cómo una solución diseñada para resolver un problema termina agravándolo. Pero en el caso argentino, entre 1973 y 1975, debemos invertir el análisis.
La "solución" no fue la guerrilla. La "solución" fue la represión paraestatal.
Cuando Juan Domingo Perón regresó al poder en 1973, el movimiento popular estaba en ebullición. Las fábricas, los barrios, las universidades y las provincias del interior eran territorios en disputa. Frente a esto, el viejo líder —rodeado ya por José López Rega y la logia anticomunista— no dudó: la derecha peronista, la Triple A, la CNU y otras bandas fascistas fueron lanzadas contra la militancia popular.
El objetivo declarado era "aislar" a la guerrilla, "cortarle lazos con las masas", "mostrar su verdadera cara". El resultado fue exactamente el contrario.
Cada atentado de la Triple A produjo decenas de nuevos militantes.
Cada obrero asesinado por la burocracia sindical en las puertas de una fábrica confirmó en la práctica la teoría del ERP: no había camino democrático burgués posible.
Cada preso político torturado generó una red de solidaridad que se politizaba al ritmo de la represión.
La historiografía militante y la investigación académica más rigurosa —aquella que no teme mancharse las manos con el barro de la historia real— coinciden en señalar que el período 1973-1975 fue el de mayor crecimiento cualitativo y cuantitativo del PRT-ERP. Y ese crecimiento no ocurrió a pesar de la represión, sino por causa de ella.
La violencia paraestatal produjo el "efecto cobra" de fortalecer y legitimar a la organización revolucionaria, porque demostró empíricamente que no había salida democrática para los intereses de los trabajadores, los pobres, los estudiantes y los pobladores. La guerra sucia que la oligarquía y sus fuerzas armadas desataron contra el pueblo fue el principal agente de reclutamiento del ERP.
2. Crecimiento exponencial y conexión con las masas: desmontando el mito del aislamiento
Uno de los lugares comunes más repetidos —y más falsos— es la supuesta "desviación militarista" que habría alejado al ERP de las masas. Se menciona el período en que Mario Roberto Santucho estuvo preso (1972-1973) como un momento de desvío. Pero se omite, deliberadamente, la rectificación posterior.
A partir de 1973, y especialmente después del regreso de Santucho y la dirección, la línea central del PRT-ERP fue clara: construir el partido en las fábricas, en los barrios, en los ingenios, en los lugares donde el pueblo vive y lucha. La consigna no era "a las armas" como fetiche, sino "a las masas" como estrategia.
Los datos son contundentes y no admiten discusión:
En el movimiento obrero: Lejos de ser una vanguardia iluminada que bajaba líneas desde la clandestinidad, los militantes del PRT-ERP eran obreros que peleaban codo a codo en las comisiones internas, disputando las bases a la burocracia sindical en las plantas fabriles del Gran Buenos Aires, Córdoba, Tucumán y el litoral. El crecimiento de la organización se nutrió de esa raíz obrera, de ese enraizamiento en la clase.
En el territorio: La Compañía de Monte "Ramón Rosa Jiménez" en Tucumán no era un grupo de iluminados perdidos en la selva. Para diciembre de 1974, contaba con unos 100 combatientes, una red de apoyo de 400 personas y una base de simpatizantes estimada en 2.500, llegando a controlar zonas enteras de la provincia. Eso no se logra sin un arraigo profundo en la población rural y en los ingenios. Los combatientes no eran forasteros llegados de la ciudad para "concientizar" a los campesinos; eran hijos de la tierra, obreros azucareros, peones rurales y estudiantes del interior que organizaban la resistencia desde adentro.
En la logística y la financiación: El secuestro del ejecutivo de Esso, Victor Samuelson, en 1974, por el que obtuvieron un rescate de 14,2 millones de dólares, no fue un acto de "bandolerismo" ni una operación puramente militar. Fue una acción político-militar que financió la estructura de masas, los frentes sindicales, los periódicos barriales, las escuelas de formación y la logística de toda una organización en expansión. El dinero de la burguesía petrolera volvía al pueblo en forma de organización, de prensa, de salud, de escuelas políticas.
En la cultura y la intelectualidad: La creación del Frente Antiimperialista de Trabajadores de la Cultura (FATRAC) buscaba precisamente eso: articular a artistas, escritores, periodistas e intelectuales en la lucha revolucionaria, rompiendo la falsa dicotomía entre "lucha armada" y "lucha cultural". Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Paco Urondo y tantos otros no eran "compañeros de ruta" externos; eran militantes orgánicos que entendían que la revolución también se libraba en el terreno de las ideas, de la palabra y de la imagen.
3. La prefiguración de la interseccionalidad: Marielle vive, cincuenta años antes
Aquí llegamos al núcleo del análisis, al punto donde la historia de los vencidos se vuelve profecía y la práctica militante se anticipa a la teoría académica por medio siglo.
La interseccionalidad, como categoría teórica, fue desarrollada por el feminismo negro estadounidense en los años 80 y 90, y popularizada en Brasil por figuras como Marielle Franco —mujer, negra, favelada, madre, lesbiana, concejala asesinada en 2018 por las mismas fuerzas que siempre han gobernado ese país—. Marielle comprendió y practicó, desde su cuerpo y desde su territorio, que las opresiones de clase, género y raza no operan de manera separada, sino combinada, y que la lucha debe ser unitaria porque la opresión es múltiple.
Lo que Marielle teorizó y encarnó, el PRT-ERP lo prefiguró en la práctica, sin usar el término, sin tener la categoría, pero con la certeza que da la lucha concreta en el terreno de las masas.
El sujeto revolucionario del ERP, aunque su lenguaje oficial era el del marxismo-leninismo centrado en la clase obrera, en la práctica era mucho más complejo. El Frente Antiimperialista y por el Socialismo (FAS) buscaba nuclear a obreros, estudiantes, pobladores, intelectuales, campesinos y sectores medios radicalizados. Era, en los hechos, un reconocimiento de que la explotación capitalista no operaba de manera uniforme y que la lucha debía unificar experiencias diversas de opresión.
El caso paradigmático es la COFAPPEG (Comisión de Familiares de Presos Políticos, Estudiantiles y Gremiales). Impulsada por el PRT-ERP, esta comisión agrupaba a madres, esposas, hermanas, hijos e hijas de militantes presos. En ella, las mujeres no eran un apéndice ni un "sector" subsidiario de la lucha. Eran el sostén, la columna vertebral, la resistencia cotidiana que politizaba el dolor y enfrentaba la doble opresión: la de género (porque eran mujeres en una sociedad patriarcal) y la política (porque sus familiares estaban presos por luchar).
En la COFAPPEG, sin usar la palabra "interseccionalidad", se practicaba la interseccionalidad. Se entendía que liberar a los presos políticos no era solo un acto de justicia, sino también una lucha contra el rol impuesto a las mujeres como meras cuidadoras. Se construía poder desde los márgenes, se cuidaba la vida mientras se combatía a la muerte. Eso es exactamente lo mismo que hizo Marielle desde la Comisión de Derechos Humanos de la ALERJ: entender que la lucha por los derechos humanos es inseparable de la lucha contra el racismo, contra el patriarcado, contra la explotación capitalista.
Y hay más. La inserción del ERP en los barrios populares, en las villas, en los asentamientos precarios, los enfrentaba cotidianamente con realidades donde clase, género y territorio se intersectaban. Las mujeres de los barrios no solo sostenían la logística de la organización; también politizaban sus demandas específicas: guarderías, salud, vivienda, lucha contra la violencia policial. Los jóvenes de las villas no eran "obreros" en el sentido clásico, pero eran explotados y oprimidos de manera específica. El ERP, en su práctica cotidiana, aprendió a articular esas demandas, a construir unidad en la diversidad, a entender que la liberación de la clase obrera era inseparable de la liberación de la mujer, del negro, del poblador.
Cincuenta años después, Marielle Franco diría, desde las favelas de Río, lo mismo: "Ser semente", ser semilla, saber que el sacrificio individual es parte de un proceso colectivo de liberación. Marielle fue asesinada el 14 de marzo de 2018, pero sus ideas siguen vivas porque, como las del ERP, estaban enraizadas en el pueblo.
4. La guerra sucia y sus consecuencias: ellos no se recuperan
Hay un último punto que debe ser señalado, porque es parte de la misma verdad histórica.
Las Fuerzas Armadas argentinas, los aparatos represivos del Estado, la oligarquía y sus aliados políticos y económicos desataron entre 1975 y 1983 el genocidio más brutal de nuestra historia. Secuestraron, torturaron, asesinaron y desaparecieron a treinta mil personas. Aplastaron físicamente a las organizaciones revolucionarias, al movimiento de masas, a la militancia popular.
Pero hay algo que no pudieron aplastar: las ideas.
Y hay algo más: ellos no se han recuperado de la guerra sucia. No se recuperan porque una cosa es matar cuerpos y otra muy distinta es matar ideas. No se recuperan porque cada 24 de marzo, cada juicio de lesa humanidad, cada movilización, cada nieto recuperado, les recuerda que fueron derrotados moral e históricamente. No se recuperan porque, como ellos mismos reconocen en sus documentos reservados, la "lucha contra la subversión" dejó secuelas imborrables en su propia institución: divisiones internas, traumas, silencios cómplices, memoria incómoda.
Mientras tanto, las banderas del ERP, las luchas de la COFAPPEG, la resistencia de los militantes de los 70, siguen vivas en cada piquete, en cada fábrica recuperada, en cada movimiento de mujeres, en cada organización territorial que levanta la voz contra el hambre y la opresión.
Conclusión: Para que no olviden, para que no perdonen, para que no se repita
El PRT-ERP entre 1973 y 1975 no fue una organización derrotada ni aislada. Fue una fuerza en expansión que creció por su conexión con las masas, que se fortaleció por la propia represión que pretendía destruirla (efecto cobra al revés), y que en su práctica cotidiana prefiguró —sin nombrarlo, sin saberlo— aquello que hoy llamamos interseccionalidad.
Cincuenta años después, cuando levantamos las banderas de Marielle Franco, cuando decimos "Marielle vive", también estamos diciendo que vive el ejemplo de los militantes del ERP, que viven las madres de la COFAPPEG, que viven los obreros de las fábricas, los pobladores de los barrios, los campesinos de Tucumán que resistieron.
La historia no la escriben solo los vencedores. También la escribimos los vencidos, con la memoria, con la lucha, con la certeza de que, como decía Marielle, "ser semente" es saber que la muerte no es el final.
Que este artículo sea un pequeño grano de arena en esa construcción colectiva de memoria y verdad. Para que no olviden. Para que no perdonen. Para que no se repita.
"Ainda que falem, a bala não mata o pensamento, o amanhã não existe pra quem não se atreveu a construir com as próprias mãos o caminho que há de vir."
— Marielle Franco, adaptación libre de su pensamiento.
Bibliografía mínima consultada y recomendada:
Santucho, Julio. Los últimos guevaristas. Vergara, 2004.
Seoane, María. Todo o nada. Planeta, 1991.
Pozzi, Pablo. Por las sendas argentinas: el PRT-ERP, la guerrilla marxista. Eudeba, 2001.
Weisz, Eduardo. El PRT-ERP: claves para una interpretación de su singularidad. Ediciones ryr, 2006.
Franco, Marielle. Utopías selvagens: escritos póstumos. Editora Veneta, 2019.
Entrevistas a sobrevivientes y militantes de la COFAPPEG (Archivo Oral de Memoria Abierta).
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