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Canción contra la indecisión - A varias voces.

 

Canción contra la indecisión

Inspirada en la espléndida canción de Silvio Rodríguez
Y en la certeza de que el fuego, cuando arde demasiado, se convierte en paciencia

I. La lección que no aprendimos en Petrogrado

Cuando Trotsky arengaba a los obreros de Petrogrado en 1919, no hablaba de misiles ni de petróleo. Hablaba de algo más elemental: la decisión. "Los indecisos y los incrédulos no sirven para nada", dijo, y con esa frase ganó una guerra que parecía perdida.

Cien años después, el mundo ha olvidado la lección. El Pentágono, que debería tenerla grabada en las paredes de sus cuarteles generales, ha pasado los últimos veinte años decidiendo mal, indeciso entre ser policía del mundo o sheriff de su condado, entre bombardear o negociar, entre quedarse o irse. Y mientras dudaba, el fuego se expandió.

Ahora, en marzo de 2026, con el Estrecho de Ormuz cerrado y los misiles cayendo sobre Ras Laffan, con las reservas estadounidenses agotándose y los aliados mirando hacia otro lado, el indeciso ha descubierto que la historia no espera. El fuego que él mismo encendió ya no es suyo. Es de todos. Y de nadie.

Por eso escribo esta canción. No para cantarla —que no tengo voz— sino para entender cómo el fuego, cuando arde demasiado, se convierte en paciencia. Y cómo la paciencia, en manos de los que saben esperar, es la única forma de la victoria.

II. Venezuela: el fuego que se vendió

La revolución bolivariana existió. Fue un éxito mientras o antes de que el imperio la eliminara físicamente. No lo digo yo, lo dice la historia, que es tozuda.

Pero la historia también es cruel. Hoy, Venezuela no es un faro de resistencia. Es un protectorado energético bajo control del Tesoro estadounidense, con sus cuentas intervenidas y sus petroleros navegando hacia el Golfo de México. Delcy Rodríguez, que una vez arengó desde la Asamblea Nacional, firma hoy acuerdos que entregan el crudo a cambio de la supervivencia de una cúpula que ya no cree en nada.

El fuego de la revolución se ha convertido en la paciencia del que espera que el imperio, después de exprimirlo, le devuelva algo. Pero el imperio no devuelve. Solo toma.

Y en Caracas, mientras el petróleo fluye hacia el norte, la gasolina sigue escaseando. La paradoja que resume un siglo de historia: el país con las mayores reservas del mundo no puede llenar sus propios tanques. Eso es también una forma de indecisión: la de quienes, habiendo soñado con un mundo nuevo, no supieron defenderlo cuando llegó la hora.

III. Argentina: el fuego que arde en la ultraderecha

El 1 de marzo de 2026, Javier Milei abrió las sesiones ordinarias del Congreso argentino con un discurso que debería ser estudiado como caso clínico de lo que ocurre cuando la indecisión no es el problema, sino su reverso: la furia desatada . "Manga de ladrones, delincuentes", gritó a los opositores. "Ignorantes, brutos, cavernícolas", vociferó, mientras afuera del Congreso francotiradores apostados en las azoteas custodiaban un hemiciclo vallado como si fuera una zona de guerra .

No es un gobernante indeciso. Es un gobernante que ha decidido con una claridad aterradora: su proyecto es la destrucción del Estado, la entrega del país al capital extranjero, la humillación sistemática de quienes se oponen. En febrero de 2026, en medio de una huelga general con un acatamiento del 90%, su gobierno aprobó una reforma laboral que los sindicatos calificaron de "esclavista": jornadas de hasta 12 horas, indemnizaciones por despido limitadas, fondos de asistencia laboral que abaratan los despidos masivos, y un "servicio mínimo" del 75% que impide que los trabajadores paralicen sectores clave como salud o transporte .

La respuesta popular ha sido el repudio. En Lomas de Zamora, la caravana electoral de Milei no llegó a recorrer 200 metros. La gente los sacó a los gritos. El propio presidente tuvo que ser introducido rápidamente en un vehículo de custodia mientras su aliado José Luis Espert huía solo en la moto de un desconocido que lo sacó del lugar . La bronca crece. Las encuestas muestran un desgaste que ningún maquillaje estadístico puede ocultar.

Pero Milei no duda. Sabe que su único camino es "acelerar", como él mismo dice. Por eso ha anunciado 90 reformas estructurales para "rediseñar la arquitectura institucional de Argentina para los próximos 50 años" . Por eso ha convertido su alianza con Donald Trump en el eje de su estrategia, bailando en Washington mientras en Buenos Aires la policía reprimía con gases y balas de goma a jubilados que pedían sus pensiones .

El fuego de la ultraderecha argentina no es indecisión. Es furia. Pero la furia, cuando no tiene resultados, se vuelve contra quien la desata. Y en Argentina, los resultados son pobres: desempleo al 6,6%, pobreza infantil que afecta a 7 de cada 10 menores, empresas que cierran a un ritmo de una por día . La paciencia del pueblo trabajador, que ha resistido dos años de motosierra, puede estar llegando a su límite.

Milei lo sabe. Por eso insiste en que si pierde las elecciones se vendrá "el fin del mundo" . No es una amenaza retórica. Es el reconocimiento de que su proyecto político no sobrevive a una derrota electoral. La ultraderecha argentina está en declive porque su éxito depende de mantener una ficción —la de la recuperación económica— que la realidad se empeña en desmentir.

Y mientras tanto, en la otra punta del continente, hay otro fuego que arde con furia similar.

IV. Chile: el fuego que vuelve a encenderse desde el pasado

El 11 de marzo de 2026, José Antonio Kast asumió la presidencia de Chile en el giro político más radical hacia la derecha desde el fin de la dictadura de Pinochet . No es una exageración periodística. Es el primer presidente democrático de Chile que se declara defensor de Pinochet: ha dicho abiertamente que si el dictador estuviera vivo, habría votado por él .

En sus primeras 24 horas de gobierno, Kast firmó seis decretos. Tres de ellos están destinados a construir un "muro fronterizo" con Bolivia y Perú, al estilo de la barrera que Trump levantó en México . El gobierno de Bolivia ha denunciado la medida como violatoria del Tratado de 1904, que garantiza a Bolivia el libre tránsito hacia el Pacífico. Evo Morales, desde el exilio, ha calificado la decisión de "discriminatoria" y ha acusado al presidente boliviano Rodrigo Paz de aplaudir a quienes construyen muros mientras debería estar construyendo puentes .

Kast ha alineado a Chile con la estrategia de Trump en otro frente crucial: los minerales críticos. Horas después de asumir, firmó una declaración conjunta con Estados Unidos para "cooperar" en el suministro de litio, cobre y tierras raras . Es un movimiento que busca contrarrestar la influencia china en la región, pero que también revela la dependencia de Kast respecto a Washington.

Su discurso de campaña fue la demonización sistemática de la realidad chilena. A pesar de que Chile tiene una de las tasas de homicidio más bajas de América Latina —5,4 por cada 100.000 habitantes—, Kast presentaba el país como un "Estado fallido" dominado por el narcotráfico, y repetía una y otra vez que Chile "se cae a pedazos" . Gobernaba en campaña como si la realidad fuera un decorado.

Pero la realidad, que es tozuda, ya está golpeando. El propio Kast admitió en su primer discurso que recibía un país "en peores condiciones de lo que podía imaginar" y con "las finanzas públicas debilitadas" . Sus promesas de campaña —recortar el gasto público en 6.000 millones de dólares sin eliminar beneficios sociales, expulsar a más de 330.000 migrantes indocumentados— chocan con las leyes de la física política: no se puede recortar tanto sin que alguien pierda .

Los analistas advierten que su equipo de ministros, que incluye a dos abogados de Pinochet, tiene "muy poca experiencia en negociación y manejo político", lo que "le puede generar problemas con el Congreso" . Y las expectativas que generó en campaña, advierte el politólogo Rodrigo Arellano, "no tienen solución rápida" . Cuando esas expectativas se enfrenten a la realidad, el declive será tan rápido como lo fue el ascenso.

Kast, como Milei, ha apostado todo a la alianza con Trump y la ultraderecha global. Pero esa apuesta tiene un riesgo: si Trump pierde las elecciones de medio término o se desgasta en Oriente Medio, sus satélites en América Latina quedarán huérfanos. El fuego que hoy arde con furia en Argentina y Chile puede convertirse en cenizas antes de lo que sus líderes imaginan.

Porque la paciencia estratégica, esa virtud que Trotsky predicaba en Petrogrado, no es la paciencia del que espera sin hacer nada. Es la paciencia del que sabe que la historia tiene sus tiempos y que los imperios, como los gobiernos, caen cuando la distancia entre sus promesas y sus realidades se vuelve insalvable.

V. México: la paciencia activa de Sheinbaum

No es cierto que Cuba esté sola. No es cierto que solo Moscú haya tendido la mano. Hay otra pieza en este tablero que los analistas del Norte suelen ignorar porque no encaja en sus categorías: México.

Claudia Sheinbaum no es una estadista al uso. No hace aspavientos. No declara guerras. Pero desde febrero, cuando la captura de Maduro dejó a Cuba sin su principal proveedor de petróleo, su gobierno ha estado moviendo piezas con una paciencia que es también estrategia. En enero, Pemex suspendió un cargamento con destino a la isla, alertada por las presiones de Washington. Muchos creyeron que México se doblegaba. Los indecisos, que no entienden la diferencia entre retroceder y reorganizarse, dieron por muerta la solidaridad mexicana.

Pero el 9 de febrero, Sheinbaum habló desde su conferencia matutina. Dijo algo que los estrategas del Pentágono deberían haber escuchado con atención: "Vamos a ayudar al pueblo de Cuba como siempre se ha ayudado. Es muy injusto que se impongan sanciones a los países que vendemos petróleo a Cuba. México es soberano para tener un acuerdo comercial con cualquier país del mundo".

No fue retórica. El gobierno mexicano ha enviado ya tres buques de la Armada con alimentos y productos básicos. Y está analizando esquemas alternativos para reanudar los envíos de petróleo sin exponerse a los aranceles que Trump ha amenazado con imponer. Esa es la paciencia activa: no desafiar al imperio con un gesto que te destruya, sino buscar la grieta, el mecanismo, la ruta alternativa que mantenga vivo al que necesita ayuda sin que el que ayuda termine ahogado.

Sheinbaum ha pedido diálogo con Washington. Ha advertido que las sanciones a los proveedores de Cuba desatarán "una crisis humanitaria de gran alcance". Y mientras tanto, ha reforzado la alianza comercial con Estados Unidos en otros frentes —como el de los minerales críticos, donde México se perfila como el nodo industrial que reducirá la dependencia norteamericana de China—, creando un colchón de confianza que le permite moverse con mayor autonomía en el tablero energético.

México está haciendo lo que los indecisos no saben hacer: jugar en varios tableros a la vez. Con Cuba, con Estados Unidos, con su propio pueblo. No es sumisión. Es estrategia.

Y Cuba, mientras tanto, recibe. De México, de Rusia, de quien pueda. Porque la isla no se rinde. El 20 de marzo, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos advirtió que Cuba no puede recibir petróleo ruso, mientras dos buques —el Sea Horse, con bandera hongkonesa, y el Anatoly Kolodkin, con bandera rusa— navegaban hacia La Habana con cientos de miles de barriles. La advertencia del Tesoro es una confirmación: los buques están en el agua. Y Cuba sigue respirando.

El fuego de la revolución cubana, que parecía extinguirse, sigue ardiendo. Con petróleo ruso, con alimentos mexicanos, con la solidaridad de quienes no han olvidado que un pueblo no se abandona. Y con un aliado silencioso que, desde el otro lado del mundo, ha estado moviendo sus fichas con una paciencia que los indecisos no alcanzan a comprender.

VI. Brasil: el fuego que se gravó

No es cierto que Brasil sea un simple patio trasero de China. He visto cómo, el 12 de marzo, mientras los misiles aún no habían alcanzado Ras Laffan, el presidente Lula anunció un conjunto de medidas que merecen respeto. No fue una inclinación servil. Fue un acto de soberanía.

Brasil decidió gravar sus exportaciones de crudo con un impuesto del 12%. Con eso espera recaudar cerca de 30.000 millones de reales —más de 5.700 millones de dólares—. Y ese dinero no va a engordar las arcas del Estado para gastos discrecionales. Va íntegramente a subsidiar el diésel. Porque el diésel, como explicó el ministro Haddad, es el combustible que mueve la cosecha, el que llevan los camiones que transportan granos, el que queman las maquinarias que siembran y recogen. Si el diésel sube, sube el precio de los alimentos. Si el diésel sube, los pobres no comen.

China compra más de la mitad del petróleo que Brasil exporta. Pero ahora ese petróleo sale con un impuesto que financia la estabilidad interna brasileña. Eso no es sumisión. Es Brasil diciendo: "ustedes compran nuestro crudo, pero nosotros decidimos qué hacemos con el dinero".

Los indecisos que solo ven alineamientos automáticos no entienden que América Latina también ha aprendido a jugar. Brasil, como México, como Argentina —aunque con signos opuestos—, como Chile —aunque con proyectos antagónicos—, está buscando su propio equilibrio. No es un peón en el tablero de nadie. Es un jugador que también sabe esperar, pero también sabe gravar.

VII. China: el fuego que se guardó

Aquí está la pieza que los analistas occidentales no terminan de entender. Porque China, que podría estar lanzando misiles o movilizando flotas, ha hecho algo que parece contradictorio: nada. O mejor dicho, algo que los impacientes confunden con nada.

El gigante asiático no ha enviado un solo soldado a Oriente Medio. No ha condenado a nadie. No ha ofrecido una mediación pública que pudiera ser rechazada. Pero ha estado moviendo sus reservas con la precisión de un relojero.

En los primeros días de la guerra, cuando los precios del petróleo comenzaron a dispararse, China empezó a liberar petróleo de sus reservas estratégicas. La cifra que manejan los analistas es inédita: un millón de barriles diarios durante las próximas seis semanas. No es un gesto simbólico. Es el mayor movimiento de este tipo en la historia del mercado energético.

¿Por qué lo hace? Porque China tiene cuatro veces más reservas de petróleo que Estados Unidos. Porque sus compras masivas a Brasil, a Rusia, a los países del Golfo que aún pueden exportar, le han permitido acumular un colchón que ningún otro país tiene. Porque puede permitirse soltar un millón de barriles al día —una cantidad que altera los precios globales— sin poner en riesgo su propia seguridad energética.

Y hay otro movimiento que los analistas han notado con alarma: en medio de la crisis, China dejó pasar sin problemas un mercante que pagó en yuanes en lugar de en dólares. Es una señal. No es la primera, pero es la más clara. China está diciendo, sin decirlo, que el momento de la desdolarización del comercio energético está más cerca que nunca.

El resultado de esta estrategia silenciosa es doble. Por un lado, China está ayudando a contener los precios globales del petróleo, lo que beneficia a todos los países importadores —incluidos los europeos, que sufren la factura energética más alta en décadas. Por otro lado, está demostrando que puede influir en el mercado energético global sin disparar un solo misil, sin movilizar un solo soldado, sin declarar una sola victoria.

Mientras Estados Unidos se desangra en misiles de 288.000 dólares y Europa paga 2 euros por litro de gasolina, China observa, calcula, y libera. No es indecisión. Es la forma más alta de la paciencia estratégica.

VIII. Moscú: el fuego que se convirtió en frío

El presidente del Consejo Europeo, António Costa, lo dijo con una honestidad que duele: "Hasta ahora, solo hay un ganador en esta guerra: Rusia". No es propaganda. Es constatación.

Moscú no ha disparado un solo misil en Oriente Medio. No ha movilizado tropas. No ha declarado victorias. Solo ha observado cómo el precio del petróleo subía un 53% en un mes, cómo los sistemas Patriot se redirigían hacia el Golfo dejando a Ucrania desprotegida, cómo los países europeos comenzaban a mirar hacia otro lado, cómo las sanciones se agrietaban porque el crudo ruso, de repente, era necesario.

Putin ha hablado con todos. Con Irán, con Israel, con los países del Golfo, con Estados Unidos. Mientras otros se bombardean, él se ofrece como mediador. Mientras otros queman sus reservas, él acumula capital político. El fuego de la guerra se ha convertido en su paciencia.

Y ahora, además, está asegurando su influencia en el Caribe. Los buques rusos atracan en Matanzas. El gobierno de Trump ha advertido que Cuba no puede recibir ese petróleo. Pero los buques están en el agua. Y Cuba sigue respirando.

Petróleo ruso a Cuba es la contracara del petróleo venezolano a Estados Unidos. Mientras Washington se jacta de haber capturado a Maduro y controlado las cuentas de PDVSA, Moscú le está diciendo a La Habana: "nosotros no te abandonamos".

Hay quien dice que Rusia también pierde. Que un Irán debilitado es un socio menos poderoso. Pero como señala la analista Hanna Notte, "un Irán golpeado y debilitado también podría volverse más dependiente de Moscú, lo que le daría a Rusia una influencia adicional". En cualquier escenario, gana.

Los indecisos de Washington se preguntan cómo es posible que su enemigo esté ganando sin combatir. La respuesta es simple: porque no se necesita combatir cuando se tiene paciencia. Y los indecisos nunca la tuvieron.

IX. Canción contra la indecisión

Silvio Rodríguez cantó una vez que "la indecisión es un fantasma que nos devora". Y tenía razón.

La indecisión del Pentágono, que no supo si bombardear o negociar, ha convertido una guerra que podía ser quirúrgica en una conflagración regional. La indecisión de Europa, que no supo si aliarse con Washington o distanciarse, la ha dejado sola frente a la crisis energética. La indecisión de los países del Golfo, que no supieron si depender de Estados Unidos o buscar otros socios, los ha expuesto a los misiles iraníes sin la protección que esperaban.

Pero también hay quienes no dudaron. China no dudó: liberó un millón de barriles diarios de sus reservas, alterando los precios globales y fortaleciendo la posición del yuan. Rusia no dudó: envió sus buques a Cuba mientras Estados Unidos miraba hacia Caracas. México no dudó: la paciencia activa de Sheinbaum mantiene abierta una vía de suministro a la isla, buscando los esquemas alternativos que el imperio no puede bloquear. Irán no dudó: resistió. Brasil no dudó: gravó sus exportaciones para subsidiar el diésel de sus campesinos.

Y en Argentina y Chile, la ultraderecha no duda. Milei y Kast han apostado todo a la furia, al ajuste, a la alianza con Trump. Pero la furia, cuando se enfrenta a la realidad, se desgasta. Los resultados en Argentina son pobres: desempleo, pobreza infantil, represión. En Chile, las expectativas generadas en campaña chocan con un país que no es el Estado fallido que Kast describía, sino una sociedad que aún conserva las memorias de la resistencia contra Pinochet.

El fuego de la ultraderecha latinoamericana arde con intensidad, pero no es un fuego que construya. Es un fuego que destruye. Y cuando la destrucción no trae el orden prometido, cuando la "motosierra" deja más pobres que ricos, cuando el "muro" no detiene la migración sino que solo la criminaliza, entonces el fuego se vuelve contra quien lo encendió.

Los indecisos no sirven para nada, decía Trotsky. Pero los que deciden mal, los que confunden la furia con la estrategia, los que apuestan todo a la destrucción sin tener un plan para la reconstrucción, esos también están condenados. Porque la historia, que es tozuda, no perdona a los que llegan tarde, pero tampoco a los que llegan con las manos vacías.

Por eso esta canción no es una elegía. Es un recordatorio. El fuego, cuando se deja arder sin control, devora a quien lo encendió. Pero cuando se convierte en paciencia, cuando se aprende a esperar, cuando se construyen posiciones mientras otros disparan, entonces el fuego deja de ser destrucción para convertirse en estrategia.

China lo entendió. Rusia lo entendió. México lo está entendiendo. Brasil lo está entendiendo. Irán lo está entendiendo. Cuba, con petróleo ruso, con alimentos mexicanos, con la solidaridad que no se rinde, lo entendió hace sesenta años.

El Pentágono, en cambio, sigue indeciso. Sigue contando muertos mientras sus reservas se agotan. Sigue declarando victorias mientras sus aliados se alejan. Sigue creyendo que el caos se puede construir cuando en realidad solo se puede sufrir.

Y mientras tanto, en la otra punta del mundo, un guerrillero de trece años que ya no tiene trece escribe estas líneas. No porque crea que cambiarán la historia. Sino porque, como Silvio, cree que la canción contra la indecisión es también una canción a favor de la claridad.

Y la claridad, hoy, es esta: el mundo ya no es el mismo. El fuego se ha convertido en paciencia. Y los indecisos, los que no supieron esperar ni actuar, han perdido el tablero mientras otros, en silencio, lo ganaban.


*21 de marzo de 2026*

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