CODA SEGUNDA: LO QUE EL PENTÁGONO APRENDIÓ (Y LO QUE NUNCA ENTENDERÁ)
El día en que la estrategia dejó de ser global para convertirse en supervivencia
I. EL DOCUMENTO QUE NADIE LEYÓ COMO DEBÍA
El 23 de enero de 2026, el Departamento de Guerra de Estados Unidos publicó un documento de 34 páginas que debería haber hecho sonar todas las alarmas. Se titulaba Estrategia de Defensa Nacional 2026 . Fue firmado por Pete Hegseth, el secretario de Guerra que Trump puso al frente del Pentágono para que hiciera lo que sus antecesores no se atrevieron: desmontar décadas de política exterior de un plumazo.
La mayoría de los medios lo leyeron como una nota más. "Estados Unidos reduce su compromiso con Europa", titularon unos. "Trump prioriza la defensa del hemisferio occidental", resumieron otros. Nadie, salvo unos pocos analistas en think tanks desiertos, entendió que lo que tenían entre manos era el certificado de defunción del orden global tal como lo habíamos conocido.
Hoy, 20 de marzo de 2026, con la guerra en Oriente Medio en su vigésimo primer día, con los precios del petróleo en 115 dólares, con los misiles iraníes cayendo sobre Ras Laffan y las defensas antiaéreas estadounidenses consumiendo sus últimos interceptores, ese documento adquiere la claridad de una profecía autocumplida. El Pentágono lo escribió como una hoja de ruta. Resultó ser un epitafio.
II. LAS CUATRO PRIORIDADES QUE LO CAMBIARON TODO
La Estrategia de Defensa Nacional 2026 no era un documento técnico. Era un manifiesto. Y como todo manifiesto, condensaba una visión del mundo que se podía resumir en cuatro prioridades, cada una de las cuales tenía implicaciones que sus redactores apenas alcanzaban a vislumbrar .
Primera prioridad: la defensa del territorio nacional y del hemisferio occidental como un único teatro integrado.
Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos declaraba que su prioridad absoluta no era defender Europa, ni contener a Rusia, ni garantizar el flujo de petróleo desde el Golfo Pérsico. Su prioridad era su propio patio trasero. El documento hablaba de Groenlandia, del Canal de Panamá, del Golfo de México (al que rebautizó "Gulf of America"), del Ártico. Hablaba de "restablecer el dominio militar estadounidense en el continente americano", una frase que los estrategas llamaron el "Corolario Trump a la Doctrina Monroe" .
La implicación era brutal y explícita: Europa, Oriente Medio, Asia, podían arreglárselas solos. Estados Unidos ya no sería el policía del mundo. Sería, en el mejor de los casos, un sheriff que solo sale de su condado cuando el peligro amenaza su propia casa.
Segunda prioridad: la disuasión de China como desafío estructural primario, pero sin confrontación innecesaria.
El documento cambiaba el tono hacia Pekín de manera radical. Frente a la retórica de "adversario principal" de la administración Biden, la nueva estrategia hablaba de "relaciones respetuosas" y aseguraba que "el objetivo no es dominar a China, ni tampoco estrangularla o humillarla" . La doctrina era la disuasión por negación: impedir que China pueda alterar el equilibrio regional por la fuerza, sobre todo en la Primera Cadena de Islas del Pacífico, pero no buscar un cambio de régimen ni una lucha existencial .
La implicación: Estados Unidos no iba a gastar sus recursos en una guerra con China si podía evitarlo. Y para evitarlo, estaba dispuesto a ceder mucho más terreno del que sus halcones estaban dispuestos a admitir.
Tercera prioridad: la redistribución de cargas estratégicas, con aliados que asuman "la responsabilidad principal de su propia defensa" .
Esta era la más dura para Europa. El documento decía sin ambages: "Rusia seguirá siendo una amenaza persistente, pero manejable, para los miembros orientales de la Alianza en el futuro previsible" . Y añadía: "Los aliados están fuertemente posicionados para asumir la responsabilidad primaria de la defensa convencional de Europa" .
La traducción era sencilla: Europa, que durante décadas había disfrutado de un paraguas de seguridad pagado por Estados Unidos, recibía ahora la factura. La OTAN no desaparecía, pero se convertía en una alianza de europeos que se defienden entre sí, con apoyo "crítico pero más limitado" de Washington .
Cuarta prioridad: la revitalización de la base industrial de defensa.
El documento reconocía que Estados Unidos había perdido capacidad para producir las municiones que necesitaba. La guerra en Ucrania había vaciado arsenales. La producción de misiles Patriot, de interceptores THAAD, de munición de precisión, era insuficiente para sostener una campaña prolongada . Por eso el Pentágono pedía una inversión de 1,5 billones de dólares para rearmar la industria .
La implicación era la más preocupante de todas: Estados Unidos sabía que sus reservas eran limitadas, y por eso quería evitar guerras largas. Pero al mismo tiempo, estaba entrando en una.
III. EL MODELO ISRAELÍ: EL ALIADO QUE NO PIDE TROPAS
En medio de este repliegue estratégico, había una excepción. Una estrella que brillaba con luz propia en el nuevo firmamento de prioridades estadounidenses. La Estrategia de Defensa Nacional 2026 llamaba a Israel "model ally" —"aliado modelo"— .
¿Qué significaba eso? El documento lo explicaba con una claridad que debería haber helado la sangre de cualquier analista: Israel es un aliado modelo porque "no le pide a Estados Unidos que luche en su nombre", porque demuestra "tanto la voluntad como la capacidad de defenderse a sí mismo" . En otras palabras, Israel es el aliado perfecto para un Estados Unidos que quiere reducir sus compromisos globales: un socio que libra sus propias guerras, con apoyo "crítico pero limitado" de Washington, pero sin necesidad de que los soldados estadounidenses mueran en sus fronteras .
El documento también consagraba como éxito la Operación Midnight Hammer, que según el Pentágono "obliteró" el programa nuclear iraní . Y declaraba que el "eje de resistencia" de Irán —Hezbolá, Hamás, los hutíes— había sido "severamente degradado" . Sobre la base de estos supuestos éxitos, la estrategia apostaba por empoderar a Israel y a los países del Golfo para que asumieran "la responsabilidad principal de disuadir y defender contra Irán y sus representantes" .
Lo que el documento no decía —lo que no podía decir porque la guerra aún no había comenzado— es que ese modelo de "aliado que se defiende solo" tenía un coste. Israel podía lanzar sus propios ataques, pero esos ataques arrastrarían a Estados Unidos a una confrontación que Washington no había pedido. Y cuando los misiles iraníes comenzaran a caer sobre Qatar y Arabia Saudí y Emiratos, cuando el Estrecho de Ormuz se cerrara y los precios del petróleo se dispararan, el "apoyo crítico pero limitado" se convertiría en una guerra abierta que ningún estratega había planeado.
IV. LO QUE ALEXANDRIA OCASIO-CORTEZ VIO Y EL PENTÁGONO NO
Mientras el Pentágono redactaba su nueva estrategia con la solemnidad de quien cree estar escribiendo el futuro, en el Congreso había una voz que llevaba años advirtiendo contra ese mismo tipo de arrogancia. Alexandria Ocasio-Cortez, la congresista demócrata de Nueva York, no es una estratega militar. No tiene acceso a los informes clasificados. No ha pasado años en las escuelas de guerra. Pero tiene algo que los generales del Pentágono parecen haber perdido en algún momento del camino: memoria histórica.
El 4 de marzo de 2026, cuando la guerra con Irán ya llevaba varios días y los tambores de una escalada mayor sonaban con fuerza, AOC habló en Washington. Y dijo algo que debería haber hecho temblar los cimientos del Pentágono. "Trump entró impulsivamente en Venezuela. Entró impulsivamente en Irán. No había una salida ni un escenario final para ninguna de estas situaciones", declaró .
Y luego añadió algo que conectaba directamente con la lección más dolorosa que Estados Unidos había aprendido en las dos décadas anteriores: "Si los archivos de Epstein tienen tanto poder sobre el presidente Trump y esta administración que están dispuestos a hundirnos y arriesgar una guerra mundial para salvarse políticamente, esa es la definición de alguien que no puede tomar decisiones objetivas para el pueblo estadounidense" .
La referencia a los archivos de Epstein no era casual. La ley de transparencia sobre los archivos de Jeffrey Epstein, el financista condenado por tráfico sexual que murió en prisión en 2019, había sido aprobada por el Congreso en noviembre de 2025. Su publicación, en tres tandas entre diciembre y enero, había revelado conexiones incómodas entre algunas de las figuras más poderosas del país y la red de Epstein. Y los supervivientes de los abusos de Epstein habían denunciado los tachones y la naturaleza caótica de la publicación .
El congresista republicano Thomas Massie, que había impulsado la ley de transparencia, fue aún más explícito en su crítica: "Bombardear un país al otro lado del globo no hará que los archivos de Epstein desaparezcan, como tampoco lo hará que el Dow Jones supere los 50.000" .
Pero lo que AOC dijo después fue lo que realmente importa, lo que conecta la estrategia del Pentágono con el desastre que se estaba gestando: "Aprendimos esto en Irak. Y estamos a punto de aprenderlo en Irán" .
La frase es breve, pero contiene en su brevedad décadas de errores. Lo que Estados Unidos aprendió en Irak —o debería haber aprendido— es que las guerras no se ganan con una estrategia de salida improvisada. Que desatar el caos no es lo mismo que construir el orden. Que los costes de una guerra no se miden solo en dólares y en vidas, sino en el desgaste del poder, en la erosión de las alianzas, en la imprevisibilidad de las consecuencias.
Irak fue la escuela donde Estados Unidos pagó matrícula con miles de muertos y billones de dólares. La lección era clara: no se invade un país sin entender lo que viene después. No se desata una guerra sin calcular las reacciones en cadena. No se confunde la capacidad de destruir con la capacidad de construir.
El Pentágono, en su arrogancia, creyó que Irak había sido un error de ejecución, no de concepto. Por eso repitió el patrón en Venezuela, con la captura de Maduro y la instalación de un gobierno títere. Por eso lo repitió en Irán, con la diferencia de que Irán no es Irak ni Venezuela. Irán tiene un Estado más sólido, una capacidad de respuesta más diversificada, aliados en toda la región, y una voluntad de resistencia que los modelos predictivos no supieron calcular.
V. EL DESASTRE EXPLICADO PARA QUE TODOS LO ENTIENDAN
Vayamos al grano. ¿Qué está pasando realmente en Oriente Medio? ¿Por qué la estrategia del Pentágono está fracasando? La respuesta no es compleja, pero requiere entender tres mecanismos que los estrategas de Washington ignoraron o subestimaron.
Primer mecanismo: la disuasión no funciona cuando el disuasor tiene recursos limitados.
Irán ha lanzado más de 500 misiles balísticos y más de 2.000 drones en las primeras 100 horas del conflicto . Muchos de esos drones son señuelos baratos diseñados para agotar las defensas antiaéreas enemigas. La estrategia iraní es simple y brutal: obligar a Estados Unidos e Israel a gastar interceptores de millones de dólares para derribar drones de 30.000 dólares . El resultado es que las reservas de misiles Patriot y THAAD, que ya eran bajas antes del conflicto, se están consumiendo a un ritmo insostenible.
El Pentágono insiste en que tiene "municiones suficientes" . Pero la realidad es que ya han tenido que desplegar sistemas Patriot desde el Pacífico y el Índico para reforzar la defensa en Oriente Medio . Han perdido un radar AN/TPY-2, valorado en 300 millones de dólares, esencial para dirigir los sistemas THAAD . Y el presidente Trump ha tenido que pedir a los contratistas de defensa que "cuadrupliquen" la producción de ciertos sistemas, una orden que no puede cumplirse de la noche a la mañana .
La lección es antigua pero parece que hay que repetirla: en una guerra de desgaste, el que tiene más recursos no es necesariamente el que gana. Es el que tiene la capacidad de sostener el ritmo. Y Estados Unidos, después de años de desinversión industrial, después de enviar miles de interceptores a Ucrania, después de agotar sus arsenales en veinte años de guerras interminables, ha llegado al límite de su capacidad de producción.
Segundo mecanismo: los aliados no son fichas de ajedrez. Son actores con intereses propios.
La estrategia del Pentágono suponía que los países del Golfo se alinearían obedientemente tras Estados Unidos en la guerra contra Irán. Pero lo que ha ocurrido es muy distinto. Qatar, cuyo campo de gas de Ras Laffan fue atacado por Irán, ha expulsado a los agregados militares iraníes. Pero también ha mirado con recelo cómo Estados Unidos e Israel llevaban la guerra a su territorio sin consultarle. Arabia Saudí ha interceptado drones sobre Riad y ha advertido que tomará medidas militares si es necesario, pero no se ha sumado a la coalición estadounidense. La declaración conjunta de doce ministros árabes e islámicos condenó los ataques iraníes, pero omitió cuidadosamente cualquier mención a Israel o Estados Unidos.
La lección es que los aliados no son satélites. Tienen sus propias agendas, sus propios miedos, sus propios intereses. Y cuando una potencia hegemónica comienza a dar señales de que se repliega, de que ya no puede garantizar la seguridad como antes, los aliados comienzan a buscar alternativas. Los países del Golfo ya están diversificando sus alianzas hacia China, hacia India, hacia cualquier socio que no les exija elegir bando en una guerra que no pidieron.
Tercer mecanismo: el caos no se puede contener en una caja.
El sueño de los estrategas del Pentágono era que la guerra con Irán fuera quirúrgica: golpes precisos, objetivos limitados, una duración breve, una salida ordenada. Lo que han obtenido es exactamente lo contrario. El conflicto se ha extendido al Caspio, donde Israel bombardeó la corbeta iraní de Bandar Anzali. Se ha intensificado en Líbano, donde ya hay casi mil muertos. Amenaza con expandirse a Siria, a Irak, al Yemen. Las cadenas de suministro globales están en crisis. El precio de los fertilizantes se ha disparado, anunciando una crisis alimentaria en los próximos meses. Los centros logísticos de Dubái, esenciales para el comercio farmacéutico mundial, están bajo amenaza.
La lección es que la guerra, como la física que el profesor de aquel colegio yanqui enseñaba a los quince años, tiene sus propias leyes. Toda acción genera una reacción. Y cuando las acciones son violentas, las reacciones son impredecibles. El caos no se puede construir, pero una vez desatado, tampoco se puede controlar.
VI. LO QUE EL PENTÁGONO ENTENDIÓ (Y LO QUE NUNCA ENTENDERÁ)
La Estrategia de Defensa Nacional 2026 es un documento contradictorio. Por un lado, muestra una lucidez impresionante sobre las limitaciones de Estados Unidos: reconoce que el país no puede estar en todas partes a la vez, que sus recursos son finitos, que su base industrial está agotada, que necesita priorizar . Por otro lado, muestra una ceguera absoluta sobre las consecuencias de esas prioridades.
El Pentágono entendió que Estados Unidos ya no puede ser el policía del mundo. Lo que no entendió es que al renunciar a ese papel, estaba creando un vacío que otros llenarían. China no es una amenaza solo porque tenga misiles y barcos. Es una amenaza porque ofrece un modelo alternativo de orden global, porque no exige a sus socios que elijan bando, porque construye rutas comerciales mientras Estados Unidos construye bombas.
El Pentágono entendió que los aliados deben asumir más responsabilidad por su propia defensa. Lo que no entendió es que cuando una potencia abandona a sus aliados, esos aliados buscan nuevos protectores. Europa ya está acelerando su autonomía estratégica. Los países del Golfo ya están diversificando sus alianzas. Israel, que el Pentágono ensalza como "aliado modelo", es un aliado que libra sus propias guerras sin consultar, y que ha arrastrado a Estados Unidos a un conflicto que Washington no quería.
El Pentágono entendió que sus arsenales están vacíos y que necesita reconstruir su base industrial. Lo que no entendió es que la producción de armamento no se puede cuadruplicar con un decreto. Las líneas de producción llevan años cerradas. Los trabajadores especializados han sido despedidos. Los proveedores han quebrado. Incluso con una inversión de 1,5 billones de dólares, Estados Unidos tardará años en recuperar su capacidad industrial de defensa.
Y lo que el Pentágono nunca entenderá, porque es una lección que no se aprende en las escuelas de guerra, es que el poder no se construye solo con misiles y portaaviones. Se construye con confianza, con previsibilidad, con la certeza de que las promesas se cumplen. Cuando Estados Unidos abandonó a los kurdos en Siria, cuando dejó caer a los afganos en Kabul, cuando negoció con los talibanes mientras los abandonaba, envió un mensaje al mundo: su palabra no vale nada. Y ese mensaje sigue vigente hoy, cuando los países del Golfo ven cómo Estados Unidos los arrastra a una guerra que no han pedido, y cómo, cuando las cosas se ponen difíciles, comienza a mirar hacia otro lado.
VII. EPÍLOGO: LA CODA QUE CIERRA LA TRILOGÍA
El profesor de física de aquel colegio yanqui —calvo, de gafas gruesas y paciencia infinita— escribió en la pizarra una frase que entonces me pareció demasiado simple para ser importante: "Toda acción genera una reacción de igual magnitud y sentido contrario".
Esa frase ha recorrido estos tres textos como un hilo invisible. En el primero, "La Conflagración", describí la acción: el cierre de Ormuz, el shock de oferta, el Brent por encima de 100 dólares. En el segundo, "Veinticuatro horas que pudieron ser años", narré la reacción inmediata: la expansión de la guerra al Caspio, los ataques a Ras Laffan, la fractura transatlántica. También exploré la ilusión del caos constructor y la realidad del péndulo que vuelve.
Esta segunda coda cierra el círculo. Porque la Estrategia de Defensa Nacional 2026 es, en el fondo, un reconocimiento implícito de que el péndulo ha vuelto con más fuerza de la que nadie anticipaba. Estados Unidos quiso reducir sus compromisos globales para concentrarse en China y en su propio hemisferio. Pero al hacerlo, desató dinámicas que no pudo controlar. Israel, el "aliado modelo", lo arrastró a una guerra con Irán. Los países del Golfo, que debían asumir la responsabilidad de su propia defensa, vieron cómo sus infraestructuras energéticas eran atacadas y pidieron ayuda. Europa, que debía defenderse sola, sufrió una crisis energética que amenaza con desestabilizar sus economías.
A los quince años, en aquel colegio yanqui al que mis padres me enviaron con la esperanza de que aprendiera las reglas del mundo, no entendí del todo lo que el profesor quería decir. Creía que la física era solo para los cuerpos. No sabía que también regía la historia, los imperios, la guerra.
Hoy, a más de cuarenta y tantos años, después de haber escrito estas tres partes y dos codas, después de haber recorrido los mapas del dolor que van desde Ormuz hasta Caracas, después de haber escuchado las advertencias de Alexandria Ocasio-Cortez sobre Irak e Irán, después de haber leído la Estrategia de Defensa Nacional 2026 con la atención que merece un epitafio, creo que empiezo a entender.
El Pentágono, en su arrogancia, creyó que podía doblegar la física. Que podía actuar sin reacción. Que podía desatar el caos y luego ordenarlo. Que podía reducir sus compromisos sin que el mundo se reconfigurara en su contra.
Se equivocó. El péndulo volvió. Y cuando termine su viaje, el orden global que conocimos —el de la posguerra, el de la globalización, el de la hegemonía estadounidense— habrá quedado atrás.
Aprendimos esto en Irak, dijo AOC. Y estamos a punto de aprenderlo en Irán.
Que la lección, esta vez, sirva para algo.
*20 de marzo de 2026*
FIN DE LA SEGUNDA CODA
CIERRE DE LA TRILOGÍA
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