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El mundo arde!

 

VEINTICUATRO HORAS QUE PUDIERON SER AÑOS: LA GUERRA EN SU DÍA VEINTE


I. EL INSTANTE EN QUE LA VERDAD SE PARTIÓ EN DOS

Ayer, cuando trazaba estas líneas con la tinta todavía húmeda de los acontecimientos del día diecinueve, el mundo creía entender algo. Creía que Donald Trump había dicho la verdad al afirmar que Estados Unidos "no sabía nada" del ataque israelí al campo gasífero South Pars. Creía que existía una versión oficial, por más increíble que resultara. Veinticuatro horas después, esa certeza se ha desintegrado como un misil interceptado sobre los cielos de Riad.

Tres funcionarios israelíes hablaron con Reuters bajo condición de anonimato, y sus palabras han perforado el relato oficial como metralla . El ataque contra el gigantesco yacimiento de gas en el Golfo Pérsico, ese complejo que Irán comparte con Catar y que alimenta los hogares de medio mundo, fue coordinado con Washington. La Casa Blanca lo sabía. La aprobó. Y luego mintió al respecto.

La dinámica, explican las fuentes, repite un patrón ya visto hace semanas cuando Israel atacó depósitos de combustible iraníes. En aquella ocasión, el jefe del Pentágono, Pete Hegseth, dijo que "en ese caso particular, esos no fueron nuestros ataques". Una fórmula que permite la negación plausible, el desmentido técnicamente verdadero pero sustancialmente falso. Ahora, Hegseth ha calificado el golpe a South Pars como "una advertencia" . No una operación desautorizada, sino un mensaje con sello de aprobación.

Trump, desde su plataforma Truth Social, lanzó una amenaza que intentaba contener el incendio que él mismo había contribuido a avivar: "No se realizarán más ataques por parte de Israel" contra South Pars, escribió, a menos que Irán vuelva a atacar a Catar. Y si eso ocurre, advirtió, Estados Unidos "hará estallar masivamente la totalidad del campo gasífero South Pars con un nivel de fuerza y poder que Irán nunca ha visto ni presenciado antes" .

La coreografía es extraña. Un presidente que dice no saber, pero amenaza. Un aliado que coordina, pero actúa como si no. Un enemigo que observa, y calcula.


II. LA EXPANSIÓN DEL FUEGO: DEL GOLFO AL MAR CASPIO

Mientras las declaraciones se contradecían en los estudios de televisión y en los tabloides digitales, la maquinaria militar seguía su curso implacable. Y hoy ha alcanzado un hito geográfico que parecía impensable hace apenas tres semanas.

Israel ha atacado por primera vez en su historia el norte de Irán, alcanzando la costa del Mar Caspio . En la ciudad portuaria de Bandar Anzali, donde las aguas del Caspio bañan una costa que mira hacia Turkmenistán y Kazajistán, lejos del fragor tradicional del Golfo, la Fuerza Aérea israelí destruyó una corbeta de la marina iraní, cuatro barcos lanzamisiles, varias embarcaciones auxiliares, un centro de mando y un astillero .

La operación, que según el portavoz militar israelí Nadav Shoshani "destruyó sus capacidades navales en el Mar Caspio", representa una expansión del conflicto hacia un teatro completamente nuevo . No es una escalada más; es un salto cualitativo. El régimen de los ayatolás, que presumía de tener su retaguardia asegurada en el norte, descubre ahora que ningún lugar está a salvo.

El portavoz israelí explicó que los barcos atacados, aunque no representaban una amenaza directa para Israel desde el Caspio, estaban equipados con capacidades antiaéreas y antisubmarinas que podían complicar las operaciones aéreas israelíes sobre Irán . La lógica es la de quien extirpa un tumor antes de que metastatice.

En el frente occidental, la guerra con Hezbollah en Líbano ha cruzado otro umbral macabro. El Ministerio de Salud libanés reportó que los ataques israelíes han matado a 1.001 personas desde el inicio de las hostilidades el 2 de marzo . La cifra incluye 79 mujeres, 118 niños y 40 trabajadores sanitarios. Más de 2.500 heridos. Un país entero sumido en el duelo.

Israel, por su parte, confirmó que ha más que duplicado su presencia de tropas en la frontera libanesa y realiza registros casa por casa en aldeas del sur que previamente habían sido ordenadas evacuar . La guerra terrestre, esa amenaza que siempre acecha pero nunca termina de materializarse, comienza a tener contornos más nítidos.


III. EL MERCADO DEL MIEDO: PRECIOS QUE QUEMAN

Mientras los misiles surcan los cielos, los mercados hacen lo que mejor saben hacer: temblar. Y el temblor de hoy ha sido de intensidad sísmica.

El petróleo Brent ha escalado hasta los 116,38 dólares por barril . Para poner la cifra en perspectiva: en vísperas de la guerra, el 27 de febrero, cotizaba por debajo de 73 dólares. La prima de guerra supera ya los 43 dólares. Es el precio del miedo, y el miedo no tiene techo.

El gas natural europeo, medido por el índice TTF, ha cerrado la jornada con una subida del 24 por ciento . Y el crudo Dubai, ese referente que los asiáticos miran con la angustia de quien sabe que su crecimiento depende de él, ha alcanzado los 157,66 dólares, un nivel que los analistas más pesimistas no se atrevían a pronosticar.

El detonante inmediato de esta escalada de precios ha sido el ataque iraní contra las instalaciones de Ras Laffan en Catar, el mayor centro de procesamiento de gas natural licuado del planeta . Las llamas que ardieron anoche en la costa qatarí no solo quemaron infraestructura energética; quemaron también las esperanzas de una pronta estabilización de los mercados.

QatarEnergy confirmó que los misiles alcanzaron la Ciudad Industrial de Ras Laffan, causando daños extensos e incendios que, aunque controlados, mantienen en vilo a un sector energético global que depende de este pequeño emirato para abastecer de gas a medio mundo . La respuesta de Doha fue inmediata y drástica: ordenó a los agregados militares y de seguridad iraníes, junto con su personal, abandonar el país en un plazo de 24 horas . La ruptura diplomática entre dos naciones que comparten el mayor yacimiento de gas del mundo es un terremoto geopolítico de primera magnitud.

En este contexto de pánico energético, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha hecho una declaración que merece ser leída dos veces: la administración Trump está considerando "quitar las sanciones al petróleo iraní que ya está en tránsito" para aumentar la oferta y contener los precios durante los próximos 10 o 14 días . La ironía es tan gruesa que podría cortarse con un cuchillo: Estados Unidos, que bombardea Irán por sus "amenazas", contempla ahora permitir la venta de petróleo iraní para que los estadounidenses no paguen más en la gasolinera. Es la hipocresía de las grandes potencias en su estado más puro.


IV. LA FISURA TRANSATLÁNTICA: EUROPA TOMA DISTANCIA

Mientras Washington y Tel Aviv escenifican su descoordinación coordinada, Europa observa con una mezcla de preocupación y distancia. Y hoy, esa distancia ha comenzado a traducirse en palabras y acciones concretas.

Seis países europeos —Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos— junto con Japón han emitido una declaración conjunta en la que condenan los ataques iraníes pero, significativamente, no mencionan las operaciones estadounidenses o israelíes que los provocaron . El lenguaje es el de quien quiere marcar perfil propio sin romper completamente con el aliado.

La declaración expresa su disposición a "contribuir a los esfuerzos apropiados para garantizar el paso seguro a través del estrecho de Ormuz" . Pero la clave está en lo que no dicen: no se suman a una coalición liderada por Estados Unidos, sino que se ofrecen a participar en "esfuerzos apropiados", una fórmula deliberadamente ambigua que permite múltiples interpretaciones.

El primer ministro británico, Keir Starmer, ha sido más explícito en su motivación: "Condeno en los términos más enérgicos el ataque iraní de anoche contra una instalación gasística en Catar. Estamos trabajando para resolver rápidamente la situación en Oriente Medio en el mejor interés de los ciudadanos británicos, porque no hay duda de que poner fin a la guerra es la forma más rápida de reducir el coste de la vida" .

Ahí está la clave. El coste de la vida. La inflación. La factura energética. Los hogares que no llegan a fin de mes. Para Europa, esta guerra no es una cuestión de principios geopolíticos abstractos, sino de supervivencia económica cotidiana.

El presidente francés, Emmanuel Macron, ha ido más allá y ha pedido "la aplicación inmediata de una moratoria sobre los ataques dirigidos a infraestructuras civiles, ya sean relacionadas con el agua o la energía" . Y ha añadido: "Es hora de abrir un camino hacia la desescalada para restaurar la estabilidad en Oriente Medio". Sus palabras suenan a reproche velado hacia unos aliados que no consultan y unas decisiones que arrastran a todo el continente.

La respuesta iraní no se ha hecho esperar. El ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, ha acusado a Macron de hipocresía por no haber condenado los ataques iniciales de Estados Unidos e Israel contra Irán y por mostrar "preocupación" solo después de la represalia iraní . "¡Triste!", ha rematado.


V. EL GOLFO ENTRE DOS FUEGOS: LA ENCRUCIJADA ÁRABE

Los países del Golfo, esos que las potencias occidentales dan por descontados en su órbita, están viviendo su propia pesadilla. Atrapados entre la alianza tradicional con Estados Unidos y los misiles que caen sobre su territorio, comienzan a mostrar signos de fatiga estratégica.

Arabia Saudí ha sido hoy particularmente explícita. El ministro de Exteriores, el príncipe Faisal bin Farhan, ha declarado a Al Jazeera que el reino "se reserva el derecho a tomar medidas militares contra Irán si se considera necesario" . La advertencia es grave, pero lo es más el contexto: las defensas antiaéreas saudíes han interceptado ocho misiles balísticos dirigidos a Riad en las últimas 24 horas, y los residentes de la capital han escuchado por primera vez las explosiones de las interceptaciones y recibido mensajes de texto de advertencia .

El príncipe Faisal ha instado a Irán a "cesar inmediatamente" sus ataques contra los estados vecinos del Golfo, y ha advertido que si no lo hacen, "esta presión de Irán será contraproducente política y moralmente" . Pero, significativamente, no ha respaldado la campaña militar estadounidense-israelí.

Kuwait, por su parte, ha informado que sus defensas aéreas interceptaron con éxito cuatro misiles balísticos y 23 drones en las últimas 24 horas . Emiratos Árabes Unidos ha advertido que atacar las instalaciones energéticas en el campo South Pars "amenaza tanto la seguridad energética global como la estabilidad regional" . Y Catar, como ya se ha mencionado, ha roto relaciones con los agregados militares iraníes.

La Liga Árabe, a través de su secretario general Ahmed Aboul Gheit, ha condenado los ataques iraníes y expresado su "pleno apoyo a las naciones del Golfo en todas las medidas que adopten para enfrentar estos maliciosos ataques iraníes" .

El mensaje es claro: los árabes están con los árabes. La solidaridad del Golfo se activa cuando un miembro es atacado, independientemente de quién sea el agresor original. Y esto debería hacer reflexionar en Washington y Tel Aviv: por mucho que se insista en que los países del Golfo están "firmemente en nuestra órbita", como afirmó Hegseth hoy , la realidad sobre el terreno es más compleja. Los misiles no distinguen entre aliados y enemigos, y la población local no diferencia entre bombas estadounidenses, israelíes o iraníes cuando caen sobre sus cabezas.


VI. LAS DOS GUERRAS: OBJETIVOS DIVERGENTES

La declaración más reveladora del día ha llegado de boca de Tulsi Gabbard, la directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos. Ante el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Gabbard ha dicho algo que en tiempos normales sería un escándalo diplomático, pero que en el contexto actual suena a simple constatación de lo obvio:

"Los objetivos que ha establecido el presidente son diferentes de los objetivos que ha establecido el gobierno israelí" .

Y ha precisado: "Podemos ver a través de las operaciones que el gobierno israelí se ha centrado en inhabilitar el liderazgo iraní. El presidente ha declarado que sus objetivos son destruir la capacidad de lanzamiento de misiles balísticos de Irán, su capacidad de producción de misiles balísticos y su marina" .

La traducción es simple: Israel quiere matar líderes, descabezar el régimen, eliminar físicamente a la cúpula de los ayatolás. Estados Unidos quiere destruir capacidades militares, no necesariamente cambiar el régimen. Son dos estrategias que pueden complementarse a corto plazo pero que apuntan a futuros distintos.

Esta divergencia explica la coreografía de negaciones y afirmaciones en torno al ataque a South Pars. Israel actuó con un objetivo estratégico propio —enviar un mensaje sobre la vulnerabilidad energética de Irán— mientras Estados Unidos intentaba mantener la ficción de que controla la escalada.

La brecha se hizo aún más evidente cuando Gabbard admitió no tener respuesta a la pregunta del congresista Joaquín Castro sobre por qué Israel decidió atacar infraestructura energética a pesar de que Trump había pedido que esas instalaciones quedaran fuera de los objetivos .

El portavoz del Pentágono, el general Dan Caine, ha reconocido que Irán conserva "cierta capacidad" para atacar objetivos estadounidenses, y que Teherán "entró en este conflicto con una gran cantidad de armas" . La guerra, parece decir, no será tan corta como algunos esperaban.


VII. LAS CARTAS QUE QUEDAN POR JUGAR

Ante este panorama de fuego cruzado y contradicciones, las potencias con mayores recursos —el BRICS ampliado— tienen sobre la mesa opciones que ayer apenas se insinuaban y hoy adquieren urgencia de hierro.

Para el BRICS+, la oportunidad histórica se presenta con claridad meridiana. Los acontecimientos de las últimas veinticuatro horas no hacen sino reforzar la necesidad de construir alternativas al orden unipolar. Las medidas que ayer parecían deseables hoy son imperativas:

La coordinación energética intra-BRICS se vuelve ineludible cuando Catar, miembro del grupo, es atacado por Irán, también miembro. La contradicción es tan evidente que duele: dos socios del mismo bloque se están bombardeando mutuamente . Si el BRICS+ no es capaz de gestionar esta crisis internamente, ¿qué sentido tiene? La presidencia india de la organización, ejercida por Narendra Modi, debe convocar con urgencia una reunión de emergencia que incluya a Irán, Catar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes para establecer líneas rojas y mecanismos de comunicación que impidan que el conflicto fratricida destruya lo que queda de credibilidad del bloque.

La desdolarización del comercio energético recibe un impulso involuntario pero poderoso de la propia administración Trump. Cuando Scott Bessent anuncia que podría "des-sancionar" petróleo iraní para contener los precios, está admitiendo implícitamente que las sanciones son un arma de doble filo que también daña a quien las impone . Los países del BRICS+ deben aprovechar esta fisura para acelerar los acuerdos de pago en monedas locales, especialmente entre China, India, Rusia e Irán. El yuan, la rupia y el rublo pueden convertirse en las monedas de un comercio energético paralelo que escape al control estadounidense.

La creación de un fondo de estabilización energética dentro del Nuevo Banco de Desarrollo permitiría a los países miembros afectados por la subida de precios (India, Sudáfrica, Brasil) acceder a financiación en condiciones favorables para mitigar el impacto en sus economías y poblaciones. El NBD, presidido por Dilma Rousseff, debe demostrar que es algo más que un banco de desarrollo convencional y convertirse en un instrumento de resiliencia colectiva.

La mediación diplomática es la tarea más urgente y delicada. India, con su histórica capacidad para hablar con todos los actores, debe intensificar sus contactos con Teherán, Tel Aviv y Washington. El ministro de Exteriores indio, Subrahmanyam Jaishankar, ya ha hablado con su homólogo iraní sobre "temas relacionados con el BRICS" . Pero eso no es suficiente. Se necesita una iniciativa de alto nivel que ofrezca a Irán una salida digna —garantías de no agresión a cambio de la reapertura del Estrecho, por ejemplo— y a Israel un marco de seguridad que no pase necesariamente por la destrucción del régimen iraní.

La protección de las cadenas de suministro alimentario adquiere urgencia cuando la urea (fertilizante) se ha encarecido un treinta por ciento y países como India, que depende de importaciones para alimentar a 1.400 millones de personas, comienzan a sufrir escasez . El BRICS+ debe articular un mecanismo de suministros esenciales que garantice que los alimentos y fertilizantes circulen entre sus miembros independientemente de las disrupciones globales.

Para Estados Unidos, las opciones se estrechan a medida que pasan los días. La declaración de Hegseth de que "hoy será el mayor paquete de ataques hasta ahora" suena a bravuconada de quien necesita mostrar fuerza cuando su estrategia hace aguas . Pero detrás de la retórica, hay movimientos concretos:

La administración ha solicitado al Congreso más de 200.000 millones de dólares para financiar la guerra, una cifra tan astronómica que algunos en la propia Casa Blanca dudan de que pueda ser aprobada . Es el precio de una guerra que nadie calculó cuando comenzó.

La relajación de sanciones a Venezuela para permitir negocios limitados con su petróleo estatal es un movimiento desesperado para aumentar la oferta global y contener los precios . Washington, que pasó años intentando estrangular a Maduro, ahora le tiende la mano por necesidad.

Y la admisión de que los objetivos no están alineados con Israel sugiere que Estados Unidos buscará una salida negociada antes de que la divergencia estratégica se convierta en ruptura abierta. Trump quiere una victoria presentable antes de las elecciones de mitad de mandato. Netanyahu quiere la cabeza de los ayatolás. El tiempo dirá quién cede primero.

Para Israel, el margen de maniobra es más amplio de lo que parece, pero también más peligroso. Ha demostrado su capacidad para golpear en cualquier lugar de Irán, incluso en el remoto Caspio . Ha matado al ministro de Inteligencia iraní, Esmaeil Khatib, según fuentes israelíes . Ha reducido supuestamente en un 90 por ciento la capacidad de producción de misiles balísticos y drones de Irán, según Hegseth .

Pero cada victoria militar acerca una reacción impredecible. Irán ha demostrado hoy que puede golpear infraestructuras críticas en Catar, Arabia Saudí, Emiratos y Kuwait . Puede que sus misiles no sean los más precisos, pero cuando impactan en una instalación de gas licuado, el mundo entero lo nota en la factura de la luz.


VIII. EL DÍA QUE PUDO SER EL ÚLTIMO

Al caer la tarde del 19 de marzo de 2026, el balance de veinticuatro horas es aterrador. Estados Unidos ha lanzado su "mayor paquete de ataques hasta ahora". Irán ha vuelto a golpear Ras Laffan. Israel ha bombardeado el Caspio. Catar ha expulsado a diplomáticos iraníes. Arabia Saudí ha amenazado con represalias militares. El petróleo ha superado los 116 dólares. Y la comunidad internacional observa, impotente, cómo el incendio se expande sin que nadie parezca capaz de contenerlo.

El conflicto ha entrado en una nueva fase. Ya no es una guerra entre Israel e Irán con Estados como apoyo logístico. Es una conflagración regional que involucra directamente a todas las potencias del Golfo, que amenaza con romper las frágiles estructuras de cooperación del BRICS+, que enfrenta a aliados tradicionales y que pone a prueba los límites de la economía globalizada.

Las palabras del ministro de Exteriores de Omán, Badr Albusaidi, escritas en The Economist, resuenan con la fuerza de una profecía autocumplida: "La mayor falta de cálculo de la administración estadounidense, por supuesto, fue permitirse ser arrastrada a esta guerra en primer lugar" . Y añade: "Los amigos de Estados Unidos tienen la responsabilidad de decir la verdad", y una de esas verdades es "señalar hasta qué punto Estados Unidos ha perdido el control de su propia política exterior" .

Cuando el aliado más importante en el Golfo dice esto, algo se ha roto irreversiblemente. La guerra de 2026 no terminará con un desfile de la victoria en Washington o Jerusalén. Terminará, cuando termine, con un mapa regional reconfigurado, con alianzas rotas y otras nuevas por formar, con economías devastadas y con un orden global que ya no será el que conocimos.

Y mientras tanto, en algún lugar del sur de Irán, en el complejo de South Pars, las llamas que ayer ardían hoy han sido controladas. Pero el humo que asciende hacia el cielo del Golfo es el mismo que veinte millones de personas en India, que sufren cortes de gas para cocinar ; el mismo que los inversores en Londres observan en las pantallas de Bloomberg; el mismo que los estrategas del Pentágono analizan en sus mapas.

Es el humo de una guerra que, en solo veinte días, ha cambiado el mundo para siempre.

Y mañana, cuando amanezca, será peor.

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