Carta al senador Bernie Sanders
El momento es ahora — Sun Tzu, Giap y la ofensiva que el movimiento necesita
Estimado senador Sanders:
He seguido su gira “Fight Oligarchy” por Texas, Luisiana, por los estados donde el Partido Demócrata ha perdido terreno y usted está plantando bandera para la nueva generación. La vi en McAllen, donde habló durante más de una hora a un auditorio lleno. La vi en Nueva Jersey, respaldando a Analilia Mejia contra el aparato del partido y contra los 2,3 millones de dólares que AIPAC gastó para derrotarla. La vi compararla con Zoran Mamdani, el alcalde de Nueva York que ha convertido el socialismo democrático en una maquinaria electoral funcional.
Y le escribo porque creo que el momento que usted ha estado esperando desde 2016 finalmente ha llegado.
No porque las encuestas le den la razón —aunque lo hacen: la aprobación de Trump ha caído al 36%, los republicanos están divididos, la base MAGA se desmorona. No porque el establishment haya dejado de resistirse —sigue siendo el establishment. El momento es ahora porque el adversario retrocede. Porque el Partido Republicano, que controla la Cámara por un margen estrecho, está atrapado en sus propias contradicciones. Porque los republicanos moderados en distritos competitivos saben que necesitan mostrar resultados a sus votantes. Y porque usted, senador, ha construido durante décadas exactamente lo que se necesita en este momento: un movimiento que no se doblega ante el establishment, una coalición que no se desmorona bajo presión, y una paciencia estratégica que pocos en la política estadounidense han demostrado.
I. El humo de la victoria y la realidad del desgaste
Trump declaró esta semana que la guerra en Irán es un “éxito tremendo”. Dijo que Irán “ya no tiene Armada, no tiene Fuerza Aérea, no tiene equipo antiaéreo”. Dijo que “todos los líderes desaparecieron” y que está negociando con “las personas adecuadas” mientras su secretario de Guerra, Pete Hegseth, explicaba que “negocian usando bombas”.
La verdad es más tosca.
Irán mantiene capacidad de ataque asimétrico. Sus misiles siguen cayendo sobre infraestructuras energéticas en los países del Golfo. El Estrecho de Ormuz sigue cerrado. Los precios del petróleo no bajan: la gasolina en Estados Unidos supera los 4 dólares por galón, la inflación repunta, y las familias trabajadoras pagan la cuenta. Mientras tanto, Rusia —que no ha disparado un solo tiro en esta guerra— embolsa 150 millones de dólares adicionales cada día por el aumento del precio del crudo, financia su guerra contra Ucrania y consolida su influencia en el Caribe enviando petróleo a Cuba.
Trump declara victoria porque está desesperado. Su aprobación entre los republicanos fuertes ha caído del 64% al 49%. Los independientes lo aprueban solo en un 26%. La manufactura perdió 70.000 empleos en 2025. Sus promesas se desmoronan. Y necesita que sus votantes crean que la guerra que inició está ganada, aunque en la práctica solo haya servido para enriquecer a las petroleras y a los contratistas de defensa mientras los trabajadores pagan el precio.
Pero declarar victoria no es ganar. Es un acto de desesperación. Y en la guerra, como enseñó Sun Tzu, “no hay instancia de una nación beneficiándose de una guerra prolongada”. La guerra prolongada desgasta. Y el que declara victoria antes de tiempo es el que más desgastado está.
II. Sun Tzu, Giap y la economía de fuerzas
Usted conoce las enseñanzas de Sun Tzu. Los estrategas saudíes, señala un análisis reciente, han internalizado sus lecciones: “Retirarse de la confrontación y dejar que la inestabilidad regional consuma a sus rivales y aliados”. Esa es la virtud de la paciencia. No actuar por impulso, sino calcular cuándo el adversario está más débil.
Usted ha demostrado esa paciencia. No lanzó una campaña presidencial en 2024 cuando el establishment le decía que era el momento. Esperó. Construyó. Respaldó a candidatos en distritos que el Partido Demócrata había dado por perdidos. Y ahora, en 2026, está cosechando los frutos: Analilia Mejia ganó su primaria siendo superada en gasto 4 a 1. Greg Casar está construyendo en Texas. Zoran Mamdani ha convertido a Nueva York en un laboratorio de políticas progresistas.
Sun Tzu también dijo: “La oportunidad suprema es aquella que nadie nota, la victoria suprema es aquella que nadie discute”. El liderazgo republicano no nota que su mayoría se está desmoronando. Creen que pueden seguir bloqueando la agenda progresista con las mismas tácticas de siempre. Pero cuando usted presente una petición de descargo con 218 firmas, cuando los proyectos populares lleguen al pleno, cuando los republicanos moderados tengan que elegir entre votar con su partido o con sus distritos, la victoria será discutida por todos.
El general Vo Nguyen Giap, que derrotó a dos imperios, enseñó otra lección fundamental: “No se trata de ganar muchas batallas, sino de hacer que los invasores abandonen el país”. Su objetivo no es ganar cada pequeña disputa. Es transformar la correlación de fuerzas. Es ocupar el terreno que el adversario abandona.
Ese terreno, senador, está vacío ahora. Los republicanos no pueden gobernar. No pueden aprobar su agenda. No pueden evitar que sus propios miembros miren hacia las elecciones de medio término con pánico. La pregunta es: ¿usted y el movimiento que ha construido van a ocupar ese terreno?
III. Ocho propuestas para una ofensiva
Giap también enseñaba la economía de fuerzas: no dispersar los recursos en frentes que no son decisivos. Concentrar la energía donde el adversario es más débil.
Las ocho propuestas que he esbozado no son una lista de buenas intenciones. Son una ofensiva concentrada. No piden la luna. Piden cosas que son populares, que son constitucionales, que pueden atraer a republicanos moderados en distritos competitivos.
La Doctrina de No Repetición: recuperar la autoridad del Congreso sobre la guerra. En febrero, usted dijo en McAllen: “En lugar de dar exenciones fiscales a los multimillonarios, que es lo que Trump quiere, nuestra exigencia es que los ricos comiencen a pagar su parte justa de impuestos”. La Doctrina de No Repetición hace lo mismo con la guerra: devuelve al pueblo el poder de decidir cuándo su país va a la guerra.
La Alianza Energética con las Américas: comprar petróleo a los vecinos, no bombardeando Medio Oriente. Brasil produce 3,77 millones de barriles diarios del pre-salt. México, Colombia, Argentina, Guyana —todos tienen recursos que Estados Unidos necesita. Comercio justo, inversión, cooperación. No intervención militar.
Competencia inteligente con China: invertir en Estados Unidos, no en aranceles que encarecen la vida de los trabajadores. China invierte en el futuro. Estados Unidos puede hacer lo mismo: incentivos fiscales para manufactura nacional, financiación masiva para I+D, capacitación de trabajadores.
Reformar, no abandonar, el orden internacional: reglas para todos, no solo para los aliados. Usted ha dicho que Estados Unidos debe liderar desde la credibilidad, no desde la hipocresía. Eso implica volver a los acuerdos multilaterales con una agenda de reforma, y dejar de vetar resoluciones que condenan a aliados que violan el derecho internacional.
Reorientar el gasto militar hacia la defensa de los trabajadores: cada dólar para la guerra debe ser igualado por un dólar para las comunidades. Trump pide 200.000 millones para Irán. Que cada dólar de guerra sea un dólar para escuelas, hospitales, vivienda, infraestructura.
Producción estratégica en casa: los empleos de defensa deben quedarse en Estados Unidos. No es pacifismo. Es patriotismo. Si vamos a gastar en defensa, que ese dinero construya comunidades, no solo beneficios para los accionistas de Lockheed Martin.
El Escudo Energético para los Trabajadores: proteger a los consumidores de los vaivenes del petróleo. Mientras las petroleras baten récords de ganancias, las familias pagan 4 dólares por galón. Este mecanismo grava las ganancias extraordinarias y devuelve ese dinero a los trabajadores.
El Tratado de No Agresión Comercial: poner fin a las guerras comerciales improvisadas. Los aranceles no han traído de vuelta los empleos; solo han encarecido la vida. Que ningún presidente pueda imponer aranceles generalizados sin la aprobación del Congreso.
IV. El mecanismo: la petición de descargo
En la Cámara de Representantes, el partido mayoritario controla el calendario legislativo. Pero hay un mecanismo para romper ese control: la petición de descargo (discharge petition). Necesita 218 firmas. Es difícil, pero es posible. Y usted lo ha usado antes.
En 2026, el congresista Henry Cuellar firmó una petición de descargo para extender los créditos fiscales de la ACA. La ley se llamó “Breaking the Gridlock Act”. El nombre lo dice todo: romper el estancamiento.
Usted puede hacer lo mismo. No con un proyecto, sino con una ofensiva. Seleccione uno o dos de los ocho proyectos —quizás la Doctrina de No Repetición, quizás el Escudo Energético— y lance una campaña para recolectar 218 firmas.
Los republicanos moderados en distritos competitivos necesitan mostrar resultados. Estos proyectos son populares. Firmar una petición de descargo no es votar con los demócratas. Es votar por sus distritos. Y en un año electoral, esa distinción puede ser la diferencia entre la reelección y la derrota.
Sun Tzu: “Cuando el enemigo es fuerte, evítalo. Cuando es débil, atácalo”. El liderazgo republicano es débil. Está dividido. Sus miembros temen por sus escaños. Atacar no significa confrontación frontal. Significa ofrecer a los moderados una salida honorable, una forma de mostrar a sus votantes que están haciendo algo.
V. Lo que está en juego
Senador, usted ha dedicado su vida a esta lucha. Ha visto al Partido Demócrata retroceder una y otra vez ante el establishment. Ha visto cómo las oportunidades se desperdician porque la maquinaria del partido prefiere la seguridad a la transformación. Ha visto cómo candidatos progresistas son abandonados mientras el aparato respalda a los que ya están en el poder.
Pero también ha visto lo que es posible. En Nueva Jersey, Analilia Mejia ganó contra todo pronóstico. En Nueva York, Zoran Mamdani está construyendo una máquina electoral que podría redefinir la política de la ciudad más grande del país. En Texas, Greg Casar está demostrando que se puede ser progresista en territorio republicano.
Usted ha sido la bisagra. El que une a la nueva generación con la tradición de lucha. El que recuerda que el socialismo democrático no es una palabra sucia, sino una tradición que ha mejorado la vida de millones de estadounidenses.
Pero la bisagra no es suficiente. Hace falta una ofensiva.
Giap, en la víspera de la ofensiva final de 1975, envió un telegrama a sus unidades: “Debemos lanzar combates aún más audaces a velocidad de rayo. Debemos aprovechar cada minuto y dirigirnos a las líneas del frente para liberar el sur y unificar el país”.
Usted no necesita unificar un país dividido por la guerra. Necesita unificar un movimiento que ha demostrado, una y otra vez, que puede ganar cuando se le dan las herramientas. Las ocho propuestas son las herramientas. La petición de descargo es el mecanismo. El momento es ahora.
VI. Un último pensamiento sobre el legado
Usted ha dicho en McAllen: “Lo que queremos es que los trabajadores puedan vivir con dignidad, que los niños no pasen hambre, que los ancianos tengan atención médica, que los jóvenes puedan ir a la universidad sin endeudarse para toda la vida”.
Esas cosas no se logran con denuncias. Se logran con leyes. Y las leyes se logran con mayorías, con organización, con la voluntad de usar todos los instrumentos que el sistema ofrece —incluyendo los que el establishment preferiría que olvidáramos.
Sun Tzu: “Conocer al enemigo y conocerte a ti mismo te asegura cien batallas sin derrota”. Usted conoce al enemigo: está dividido, agotado, retrocediendo. Y se conoce a sí mismo: ha construido un movimiento que puede ganar cuando se le da la oportunidad.
La pregunta no es si puede hacerlo. La pregunta es si lo hará ahora, cuando la oportunidad está abierta, o si esperará a que se cierre, como ha pasado tantas veces antes.
Giap dijo también: “La mayor fuente de felicidad para un comandante es estar junto a sus soldados en el campo de batalla”. Usted ha estado junto a los soldados de este movimiento durante décadas. En las huelgas, en las marchas, en los distritos donde nadie más quería ir. Ahora, los soldados están listos para la ofensiva.
El momento es ahora, senador. No más espera. No más paciencia estratégica. No más construcción sin lanzamiento.
Sun Tzu escribió: “Cuando el enemigo retrocede, lo perseguimos”.
El enemigo retrocede. Persigámoslo.
Con el afecto de quien cree que el movimiento que usted construyó merece ganar,
Juan Prim
*24 de marzo de 2026*
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