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INFORME DE SITUACIÓN AL DÍA DE HOY (21 de marzo del 2026).

 

INFORME DE SITUACIÓN AL DÍA DE HOY

21 de marzo de 2026 — Día 22 de la guerra

Juan Prim desde la otra punta del mundo

I. ADVERTENCIA DEL QUE ESCRIBE

A los trece años aprendí que la guerra no se cuenta desde los despachos. Se cuenta desde la trinchera, desde la colina donde se ve venir al enemigo, desde el mapa que se dibuja con sangre y tierra. Por eso este informe no será un resumen de cables. Será lo que un guerrillero ve cuando levanta la cabeza y mira el horizonte.

Vivo en la otra punta del mundo, sí. Pero el mundo es redondo y la pólvora no respeta fronteras. Lo que ocurre hoy en el Golfo, en Beirut, en Teherán, en Erbil, en Caracas, en Río de Janeiro, en Moscú, nos ocurre a todos. Y los que hemos empuñado un fusil sabemos que la guerra tiene un lenguaje universal: el de los que deciden y el de los que pagan.

Este es el estado de las cosas al atardecer del 21 de marzo de 2026.

II. EL FRENTE MILITAR: LA GUERRA QUE NO CESA

La mañana comenzó con explosiones en Teherán. El ejército israelí confirmó haber lanzado ataques contra "objetivos del régimen" en la capital iraní, después de reportar varias oleadas de misiles iraníes hacia territorio israelí. La guerra que comenzó como un intercambio de golpes quirúrgicos se ha convertido en lo que siempre fue: una conflagración sin reglas.

En el Golfo, los misiles no dan tregua. Kuwait informó que sus defensas aéreas están respondiendo a ataques con drones y misiles. La población escucha las explosiones de las intercepciones y recibe mensajes de texto de advertencia. Es la misma escena que se repite en Riad, en Doha, en Abu Dabi. Irán ha decidido que si su territorio arde, también arderá el patio de los vecinos.

En Líbano, la cifra de muertos desde el 2 de marzo ha superado el millar: 1.021 personas, según la Unidad de Gestión de Riesgos de Desastres del gobierno libanés. Más de 2.600 heridos. Más de 800.000 desplazados. Treinta y seis aldeas en el sur de Líbano fueron bombardeadas solo en la jornada de ayer. Hezbolá reivindicó 55 ataques en un solo día, la cifra más alta desde el inicio de la guerra. La guerra terrestre se ha intensificado: el ejército israelí realiza registros casa por casa en aldeas del sur, y los combates cuerpo a cuerpo son cada vez más frecuentes.

Y en Irak, la herida que nunca cerró, la base de Al-Harir sigue ardiendo. El frente se ha fragmentado en una constelación de milicias que responden a Teherán pero actúan por cuenta propia. Estados Unidos, que creyó haber dejado atrás esta guerra, descubre que Irak es un pozo sin fondo.

III. LA DECLARACIÓN DE VICTORIA: EL PENTÁGONO CUENTA SUS MUERTOS

Esta mañana, el almirante Brad Cooper, jefe del Comando Central de Estados Unidos, subió a la red X para anunciar lo que suena a victoria: más de 8.000 objetivos militares alcanzados en Irán desde el inicio de la guerra, incluyendo 130 naves iraníes.

"Su marina no está navegando", declaró Cooper con la satisfacción de quien lleva la cuenta de los puntos. "Sus aviones tácticos no están volando. Han perdido la capacidad de lanzar misiles y drones a los ritmos que veíamos al principio del conflicto".

La cifra es impresionante. Pero los que hemos estado en una guerra sabemos que contar objetivos alcanzados no es lo mismo que contar la victoria. El Pentágono también ha perdido 13 soldados estadounidenses en estas tres semanas, y 232 han resultado heridos. Pero esas cifras no aparecen en los comunicados triunfales.

Lo que Cooper no dice es que cada misil lanzado, cada bomba de 5.000 libras —valorada en 288.000 dólares cada una—, cada interceptor Patriot que se dispara contra un dron de 30.000 dólares, está agotando las reservas de Estados Unidos más rápido de lo que pueden reponerse. Y lo que tampoco dice es que, a pesar de los 8.000 objetivos alcanzados, el Estrecho de Ormuz sigue cerrado, los precios del petróleo siguen subiendo, y la guerra no muestra señales de terminar.

IV. EL ESTADO DEL MERCADO: EL PETRÓLEO QUE QUEMA

El petróleo Brent cerró la semana en 112,19 dólares por barril. Desde que comenzó la guerra el 28 de febrero, el precio ha subido un 53% en el mes de marzo. En lo que va de año, el incremento supera el 83%.

La gasolina en Estados Unidos ha superado los 4 dólares por galón en algunos estados. El combustible para calefacción ha subido un 77% en el mes. El queroseno en el mercado de Tokio ha subido más de un 60%.

Pero las cifras más preocupantes no son las del petróleo. Son las de los fertilizantes. La urea, esencial para la agricultura mundial, se ha disparado. El trigo, el maíz, el arroz, seguirán el mismo camino en los próximos meses. La crisis alimentaria no es una amenaza futura. Es una realidad que ya está golpeando a los países más pobres, y que llegará a los más ricos antes de que termine el año.

El analista Ole Hansen, de Saxo Bank, lo resume con la claridad que da el oficio: "El potencial de una reversión rápida en los precios de la energía es poco probable porque el daño a la producción ya está hecho". John Kilduff, de Again Capital, es aún más directo: "Este es el peor de los escenarios. No solo tenemos fuerza mayor en Irak, sino también una cantidad significativa de tropas que Estados Unidos está acumulando en el Golfo. Las esperanzas de una resolución rápida y el retorno del suministro al mercado global a través del Estrecho de Ormuz están desapareciendo ante nuestros ojos".

El jefe de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, advirtió que podría llevar hasta seis meses restaurar los flujos de petróleo y gas desde el Golfo Pérsico. Seis meses. Es decir, hasta septiembre. Hasta después de las elecciones de medio término en Estados Unidos. Hasta que el invierno llegue a Europa y la factura energética golpee a millones de hogares.

V. EL FRENTE DIPLOMÁTICO: LA SOLEDAD DE WASHINGTON

Donald Trump declaró ayer que Estados Unidos está "muy cerca" de cumplir sus objetivos militares en la región. También dijo que no está considerando un alto el fuego. "No haces un alto el fuego cuando estás aniquilando al otro lado", afirmó.

La declaración tiene un problema: Irán no está aniquilado. Sus misiles siguen cayendo sobre Kuwait, sus drones siguen sobrevolando el Golfo, sus aliados en Líbano e Irak siguen combatiendo. Y mientras tanto, los aliados de Estados Unidos en la región miran hacia otro lado.

El embajador estadounidense en Líbano, Michel Issa, dijo ayer que cree que Israel "ha decidido no detener" los ataques contra Líbano todavía. Y añadió: "Eso significa que Líbano tiene que decidir si puede enfrentar a los israelíes en este caso". Es la traducción diplomática de un abandono: arréglense solos.

Los países del Golfo, que hace un mes parecían alineados con Washington, han comenzado a diversificar sus alianzas. Catar, cuyas instalaciones de gas en Ras Laffan fueron devastadas por un ataque iraní, ha expulsado a los agregados militares iraníes. Pero también ha recibido con escepticismo las promesas de protección estadounidense. Arabia Saudí intercepta misiles sobre Riad y advierte que tomará medidas militares si es necesario, pero no se suma a la coalición.

Europa, que podría haber sido un contrapeso, ha optado por la distancia. La negativa de Alemania y Francia a sumarse a una coalición naval en el Golfo fue el primer signo. La presión de los precios energéticos será el segundo. Cuando el invierno llegue y los hogares europeos no puedan pagar la calefacción, la solidaridad con Washington se evaporará como el gas que no llega.

VI. EL TABLERO QUE NADIE MIRÓ: BRASIL Y EL PRE-SALT

Ayer, mientras los titulares hablaban de misiles y muertos, PRIO obtenía la licencia final para iniciar la producción en el campo de Wahoo, en la cuenca de Campos, frente a las costas de Río de Janeiro. 100.000 barriles diarios que se suman a los 3,77 millones que Brasil ya produce.

El pre-salt brasileño no es una noticia de último minuto. Es una realidad que lleva años consolidándose. Pero ninguno de los grandes analistas que he leído en estas tres semanas lo ha mencionado con la relevancia que merece. Porque el pre-salt no es un sustituto del petróleo del Golfo. Es la alternativa estructural que China compró mientras Estados Unidos miraba hacia otro lado.

China compra hoy el 56% del petróleo que Brasil exporta. CNOOC, Sinopec y CNPC tienen inversiones consolidadas en los principales campos del pre-salt. No llegaron ayer. Llegaron cuando nadie miraba.

Esto cambia todo. Porque significa que China puede permitirse esperar. Que la guerra en Oriente Medio, por más que dure, no estrangulará su economía. Que mientras Estados Unidos se desangra en misiles de 288.000 dólares, Pekín asegura su suministro energético con contratos a largo plazo.

VII. EL ALIADO SILENCIOSO: MOSCÚ, EL GRAN BENEFICIARIO

Y aquí, camarada, no podemos obviar a nuestro principal aliado. Porque mientras los reflectores apuntan a Teherán, a Tel Aviv, a Washington, hay un jugador que lleva tres semanas sin disparar un solo tiro y sin embargo está ganando en todos los frentes: Moscú.

El presidente del Consejo Europeo, António Costa, lo dijo con una honestidad que duele: "Hasta ahora, solo hay un ganador en esta guerra: Rusia" . No es propaganda. Es la constatación de una realidad que los estrategas occidentales prefieren no mirar.

Primera ganancia: el petróleo caro. El presupuesto ruso para 2026 se calculó con un precio del petróleo Urals de 59 dólares por barril . Cuando comenzó la guerra, el crudo ruso cotizaba por debajo de ese umbral. Hoy, con el Brent por encima de 110 dólares y el Urals superando los 70, cada barril que sale de los puertos rusos genera ingresos que no estaban previstos .

La lógica es simple: el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, está cerrado. Los países compradores —China, India, incluso algunos europeos que miran hacia otro lado— necesitan crudo. Y Rusia tiene crudo. Crudo que no pasa por Ormuz, que sale por el Báltico, por el Pacífico, por el Mar Negro. Crudo que, en medio de la crisis, se ha convertido en un activo estratégico de primera magnitud .

Segunda ganancia: la distracción geopolítica. Ucrania ha dejado de ser noticia. Las conversaciones de paz patrocinadas por Estados Unidos están en un "terreno peligroso" y los contactos se han pospuesto sin fecha . El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, lo admitió con la frialdad de quien sabe que el tiempo juega a su favor: "Ha aparecido una pausa en las negociaciones. Los estadounidenses tienen otras prioridades" .

Mientras Washington concentra sus recursos en el Golfo, Ucrania sigue recibiendo misiles y drones rusos. El presidente Volodymyr Zelensky lo advirtió: "Rusia intentará explotar la guerra en Oriente Medio para causar una destrucción aún mayor aquí, en Europa, en Ucrania" . Y no le falta razón. Los sistemas Patriot, que Ucrania necesita desesperadamente, están siendo redirigidos hacia los aliados del Golfo que también los necesitan .

Tercera ganancia: la influencia diplomática. Putin ha hablado en los últimos días con los presidentes de Irán, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, el emir de Catar, el príncipe heredero de Arabia Saudí, el rey de Baréin . Mientras otros se bombardean, él se ofrece como mediador. Mientras otros queman sus reservas militares, él acumula capital político.

El Kremlin ha hecho saber que trasladará a Teherán las preocupaciones de los líderes del Golfo sobre los ataques a sus infraestructuras energéticas . Es una jugada maestra: se presenta como amigo de todos, como el único que puede hablar con las dos partes, como el indispensable.

Cuarta ganancia: la paradoja de las sanciones. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ya anunció una exención de 30 días para que India pueda comprar petróleo ruso . Es la primera grieta en el muro de sanciones que Occidente construyó contra Moscú. Y si la crisis energética se prolonga, no será la última.

Hay quien dice que Rusia también pierde en esta guerra. Es cierto: sus inversiones en Irán —miles de millones de dólares en proyectos de gas— están en riesgo . Un Irán debilitado es un socio menos poderoso. Pero como señala la analista Hanna Notte, "un Irán golpeado y debilitado también podría volverse más dependiente de Moscú, lo que le daría a Rusia una influencia adicional" .

La paradoja es que Rusia puede ganar tanto si Irán resiste como si Irán cae. Si resiste, el precio del petróleo se mantiene alto y los ingresos fluyen. Si cae, Irán se convierte en un cliente aún más necesitado de la protección rusa. En cualquier escenario, Moscú sale fortalecido.

Mientras escribo esto, las agencias rusas difunden las declaraciones del ministro de Exteriores, Serguei Lavrov: "Rusia utilizará todas sus capacidades, incluidas sus relaciones con Teherán, para asegurar que el problema en Oriente Medio no escale más allá y se resuelva" . La frase es impecable. Suena a responsabilidad de gran potencia. Pero los que sabemos leer entre líneas entendemos lo que no dice: que Moscú está dispuesta a dejar que esta guerra se prolongue lo suficiente para cosechar todos sus beneficios, antes de ponerle fin cuando le convenga.

VIII. LO QUE NO SABEMOS: EL ATAQUE AL MOSSAD Y LA RESPUESTA ISRAELÍ

En la madrugada del 14 de marzo, Hezbolá anunció que había atacado "la sede del Mossad en los suburbios de Tel Aviv" con un misil balístico. Las redes sociales en persa difundieron imágenes de lo que afirmaban era el impacto. Algunos añadieron que el jefe del Mossad, David Barnea, había muerto en el ataque.

Hoy, una semana después, no tenemos confirmación oficial de Israel ni de Estados Unidos. No sabemos si el edificio alcanzado era efectivamente el centro neurálgico del Mossad o una instalación periférica. No sabemos si hubo víctimas. No sabemos si Barnea está vivo o muerto.

Pero sabemos algo: cuando una instalación militar es atacada y el enemigo se atribuye el golpe sin ser desmentido con pruebas contundentes, la narrativa de la invulnerabilidad se derrumba. Y con ella, la confianza de la población, de los aliados, de los enemigos.

El mito de que Israel puede golpear sin ser golpeado ya no existe. Y eso, en el tablero de la guerra, es más importante que el destino de un edificio.

IX. LO QUE VIENE: TRES ESCENARIOS CON MOSCÚ EN EL CENTRO

Después de 22 días de guerra, con los precios del petróleo en 112 dólares, con 1.021 muertos en Líbano, con 8.000 objetivos alcanzados en Irán, con el Estrecho de Ormuz cerrado y las reservas de misiles de Estados Unidos agotándose, podemos trazar tres escenarios para lo que viene. Pero ahora, con Moscú incorporado al análisis.

Escenario uno: la escalada controlada con Moscú de fondo. Estados Unidos e Israel continúan los bombardeos selectivos. Irán responde con ataques limitados. Rusia sigue cosechando los beneficios del petróleo caro y ofreciéndose como mediador sin apurar una solución. El precio del petróleo se mantiene entre 100 y 120 dólares. Los ingresos rusos financian la guerra en Ucrania sin que Occidente pueda hacer nada. Los países del Golfo, agotados, comienzan a mirar hacia Moscú como alternativa de seguridad. China consolida su posición en Brasil.

Escenario dos: la negociación forzada con Rusia como árbitro. La presión de los precios energéticos obliga a Washington a buscar una salida. Trump, que necesita resultados antes de las elecciones de medio término, acepta la mediación rusa. Putin convoca una conferencia de paz en Moscú, con Irán, los países del Golfo, Israel y Estados Unidos sentados en la misma mesa. La foto de Putin como pacificador global se difunde por todos los canales. A cambio, Occidente alivia sanciones. Irán reabre Ormuz. El mundo respira. Pero Rusia ha ganado en influencia lo que perdió en cuatro años de guerra.

Escenario tres: la fragmentación total y el nuevo orden energético. La guerra se expande a nuevos frentes. Estados Unidos, agotado, abandona la región. Los países del Golfo firman acuerdos de seguridad con Rusia y China. El orden energético global se reconfigura en torno a tres ejes: Brasil para China, Venezuela para Estados Unidos, y el Golfo para Rusia. Moscú se convierte en el socio energético dominante de Europa, que no tiene otra opción. La OTAN, ya fracturada, pierde su razón de ser.

En cualquiera de estos escenarios, hay una constante: Rusia sale fortalecida. No porque haya disparado un misil, sino porque entendió algo que los estrategas occidentales parecen haber olvidado: en la guerra moderna, la victoria no se mide en objetivos alcanzados, sino en posiciones ganadas mientras otros pelean.

X. CIERRE: LA GUERRA DESDE LA OTRA PUNTA DEL MUNDO

Vivo en la otra punta del mundo, donde el petróleo no llega, donde la guerra es un rumor en la radio, donde los niños no saben qué es un misil. Pero a los trece años aprendí que la guerra es la misma en todas partes: una decisión de los poderosos que pagan los débiles.

Lo que está ocurriendo en Oriente Medio no es un conflicto entre civilizaciones, ni una guerra santa, ni un choque de imperios. Es, en su forma más simple, una disputa por el control de los flujos energéticos que sostienen la economía global. Y mientras los poderosos se matan por ese control, los débiles —los 800.000 desplazados en Líbano, los millones de familias que no pueden pagar la gasolina, los campesinos que verán cómo sube el precio de los fertilizantes— pagan el precio.

He empuñado un fusil. Sé lo que cuesta una guerra. Sé que las victorias que se anuncian en los comunicados oficiales siempre esconden derrotas que no se cuentan. Sé que los 8.000 objetivos alcanzados son también 8.000 familias que han perdido a alguien. Sé que los 130 barcos hundidos son 130 historias que no llegarán a contarse.

Y sé también que hay un jugador en este tablero que ha entendido la lección que Trotsky predicaba en Petrogrado: los indecisos y los incrédulos no sirven para nada. Pero los que saben cuándo actuar, cuándo esperar y cuándo recoger los frutos de la paciencia, esos sí sirven.

Rusia ha sido, en estas tres semanas, el jugador que sabía esperar. No ha movilizado tropas. No ha enviado portaaviones. No ha declarado victorias. Solo ha observado, calculado, y recogido.

Por eso escribo esto. No porque crea que mis palabras cambiarán el curso de la guerra. Sino porque, desde la otra punta del mundo, un guerrillero de trece años que ya no tiene trece tiene la obligación de decir la verdad: la guerra no termina cuando se anuncia la victoria. Termina cuando los que la decidieron se cansan de pagar su precio.

Y ese momento, en esta guerra, todavía no ha llegado. Pero cuando llegue, los que hayan sabido esperar —los que hayan construido sus posiciones mientras otros disparaban— serán los que escriban la historia.

*21 de marzo de 2026*

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