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Primera carta

 Primera carta a la congresista Alexandria Ocasio-Cortez

Sobre cómo construir una política exterior que sirva a los trabajadores estadounidenses — sin convertirse en peón de Beijing ni de Moscú


Estimada congresista:

He seguido su trayectoria con la atención de quien aprendió hace tiempo que la política no es un juego de ideas puras, sino de poder construido y desplegado. Usted llegó al Congreso con un mandato para desafiar el statu quo, y lo ha cumplido. Ha votado contra guerras, contra privilegios corporativos, contra la maquinaria que envía a los hijos de la clase trabajadora a pelear por petróleo mientras los ejecutivos se embolsan las ganancias. Por eso, muchos de nosotros la respetamos.

Pero el respeto no basta. El momento exige no solo valentía, sino estrategia. Usted está en una encrucijada donde su voz en política exterior determinará si la crítica de la izquierda a las guerras interminables se convierte en una alternativa viable o permanece como una nota al pie noble.

Mi propósito en esta carta es ofrecerle cinco opciones para una política exterior que ponga en primer lugar a los trabajadores de Estados Unidos. Estas opciones no requieren que se convierta en una defensora de China o Rusia. Le exigen pensar con claridad dónde están nuestros intereses y cómo defenderlos en un mundo donde Estados Unidos ya no es la potencia única, pero sigue siendo una potencia con capacidades únicas.


I. POR QUÉ ESTO IMPORTA AHORA

Mientras escribo, la guerra en Irán continúa. El estrecho de Ormuz está cerrado. Los precios del petróleo han superado los 110 dólares por barril. Las familias estadounidenses pagan 4 dólares por galón en la bomba mientras los contratistas de defensa cuentan ganancias récord. La administración que prometió terminar con las guerras interminables ha iniciado otra, y el coro habitual de halcones aplaude.

Usted votó en contra de la resolución que habría refrendado esta guerra. Ese voto fue necesario, pero no es suficiente. Los votantes que la enviaron a Washington no necesitan que usted tenga la razón; necesitan que sea efectiva. Necesitan saber que existe una alternativa coherente al ciclo de bombardeos y caos.

Las cinco opciones que presento a continuación son un esbozo de esa alternativa. No son concesiones al centrismo. Son un marco para gobernar que defiende los intereses de los trabajadores estadounidenses —no los intereses del complejo militar-industrial, no los intereses de potencias extranjeras, no los intereses de quienes explotarían nuestras divisiones.


II. OPCIÓN UNO: LA DOCTRINA DE NO REPETICIÓN

El principio: Nunca más guerras basadas en inteligencia falsa o etiquetas simbólicas del enemigo.

La propuesta: Usted votó contra la resolución que reafirmaba a Irán como el principal patrocinador estatal del terrorismo. Sabía que esas etiquetas se han usado para justificar guerras catastróficas. Convierta ese voto en la base de una agenda legislativa: una ley que exija que cualquier designación de un país como “patrocinador del terrorismo” o cualquier autorización para el uso de la fuerza militar pase por el Congreso con mayoría calificada. Nada de atajos presidenciales, nada de delegación de poderes bélicos al ejecutivo.

Cómo defenderla ante el votante: “Cuando me eligieron, me dijeron que estaban cansados de que sus hijos e hijas fueran enviados a guerras basadas en mentiras. No permitiré que ningún presidente —de ningún partido— nos arrastre a otro Irak. Esta ley protege a sus hijos, no a Irán.”

Por qué se alinea con sus aliados demócratas: Crea una coalición entre progresistas que quieren limitar los poderes bélicos del presidente y veteranos que han visto el costo de las autorizaciones abiertas. No debilita al ejército; fortalece la supervisión del Congreso.


III. OPCIÓN DOS: LA ALIANZA ENERGÉTICA CON LAS AMÉRICAS

El principio: Asegurar las necesidades energéticas de Estados Unidos asociándonos con nuestros vecinos, no bombardeando Medio Oriente.

La propuesta: La administración Trump ha convertido a Venezuela en un protectorado: Maduro capturado, cuentas de PDVSA intervenidas, 80 millones de barriles de petróleo enviados a refinerías del Golfo. Ese petróleo no ayuda a los trabajadores venezolanos, que siguen enfrentando escasez, y no hace nada por estabilizar los precios para los estadounidenses. En lugar de eso, construya un pacto energético regional. Brasil, México, Colombia, Argentina —todos tienen recursos que Estados Unidos necesita. Ofrézcales comercio justo, inversión y cooperación técnica a cambio de suministro estable. Use el apalancamiento para exigir estándares laborales y ambientales, no control colonial.

Cómo defenderla ante el votante: “¿Por qué tenemos que bombardear Medio Oriente para mantener la gasolina asequible? Nuestros vecinos en las Américas tienen petróleo. Compremos a ellos, a precios justos, y usemos el dinero que ahorramos en guerras para bajar sus facturas.”

Por qué se alinea con sus aliados demócratas: Atrae a moderados de estados petroleros que quieren suministro seguro, y a progresistas que rechazan la intervención militar. No es “perforen, perforen, perforen” ni “apaguen todo”; es cooperación regional inteligente.


IV. OPCIÓN TRES: COMPETENCIA INTELIGENTE CON CHINA

El principio: China es un competidor, pero la forma de competir es invirtiendo en Estados Unidos, no imponiendo aranceles que perjudican a los consumidores estadounidenses.

La propuesta: La guerra comercial de Trump ha costado a las familias estadounidenses cientos de dólares al año en precios más altos. Los empleos manufactureros no regresaron; fueron automatizados o se trasladaron a otros lugares. Reemplace el caos con un programa estratégico de inversión: incentivos fiscales para la manufactura nacional, financiación masiva para investigación y desarrollo, capacitación de trabajadores y promoción de exportaciones. Compita con China construyendo la economía más avanzada del mundo, no construyendo muros.

Cómo defenderla ante el votante: “China no va a desaparecer. Tienen mil cuatrocientos millones de personas y están invirtiendo en su futuro. Podemos retirarnos detrás de aranceles que encarecen sus compras, o podemos invertir en los trabajadores estadounidenses, en la tecnología estadounidense, en la industria estadounidense. Yo elijo invertir en usted.”

Por qué se alinea con sus aliados demócratas: Tiende un puente entre la política industrial progresista y la competitividad moderada. No abraza a China; abraza la fortaleza estadounidense.


V. OPCIÓN CUATRO: REFORMAR, NO ABANDONAR, EL ORDEN INTERNACIONAL

El principio: Estados Unidos debe liderar la reforma de las instituciones globales, no abandonarlas.

La propuesta: La retirada de Trump de la OMS, el Acuerdo de París y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU no hizo más seguro a Estados Unidos; creó un vacío que China y otros llenaron. Regrese a esas instituciones, pero con una agenda de reforma. Insista en que las reglas se apliquen por igual a todas las naciones. Apoye la representación permanente de África, América Latina y Asia en el Consejo de Seguridad de la ONU. Deje de vetar resoluciones que condenan a aliados que violan el derecho internacional. Un orden basado en reglas que realmente sea basado en reglas sirve a los intereses a largo plazo de Estados Unidos.

Cómo defenderla ante el votante: “Durante décadas, les dijimos a otros países que siguieran las reglas, pero hicimos excepciones para nosotros y nuestros aliados. Esa hipocresía nos cuesta confianza e influencia. Quiero que Estados Unidos lidere un nuevo orden internacional —uno donde las reglas sean las mismas para todos.”

Por qué se alinea con sus aliados demócratas: Atrae a internacionalistas liberales que quieren preservar las alianzas, y a progresistas que quieren terminar con los dobles estándares. Es una visión de liderazgo estadounidense basada en credibilidad, no en coerción.


VI. OPCIÓN CINCO: VINCULAR EL GASTO EN GUERRA CON LA INVERSIÓN EN LOS TRABAJADORES

El principio: Cada dólar gastado en guerra ofensiva debe ser igualado por un dólar gastado en escuelas, hospitales e infraestructura.

La propuesta: La administración acaba de solicitar 200.000 millones de dólares para financiar la guerra en Irán. Presente una ley que exija que cualquier asignación para operaciones militares ofensivas vaya acompañada de una asignación igual para necesidades domésticas. No es un recorte a la defensa; es una condición. Si gastamos en destruir, también debemos gastar en construir.

Cómo defenderla ante el votante: “Cuando el gobierno pide 200.000 millones de dólares para bombardear Irán, yo pregunto: ¿cuántas escuelas se podrían construir con eso? ¿Cuántos hospitales? ¿Cuántas carreteras? No votaré un centavo para la guerra a menos que gastemos un centavo en su comunidad.”

Por qué se alinea con sus aliados demócratas: Los progresistas quieren reorientar prioridades; los moderados quieren asegurarse de que el dinero para la guerra no se desperdicie. Esta propuesta fuerza un debate sobre lo que realmente valoramos, y puede aprobarse con apoyo bipartidista de quienes están cansados de la guerra interminable.


VII. POR QUÉ ESTAS OPCIONES PONEN A LOS TRABAJADORES EN PRIMER LUGAR

Notará que ninguna de estas opciones propone alinearse con China o Rusia. No tratan a Beijing como un socio en alguna lucha global progresista, ni a Moscú como un contrapeso al imperialismo estadounidense. La razón es simple: los intereses de los trabajadores estadounidenses no están con ninguno de los dos.

China no es un aliado democrático. Reprime a sus propios trabajadores, subsidia industrias que compiten deslealmente con la manufactura estadounidense y busca moldear las reglas globales a su favor. Rusia es un Estado oligárquico petrolero que usa la energía como arma y libra guerras contra sus vecinos. Ninguno merece nuestra solidaridad.

Pero reconocer eso no significa que debamos adoptar el enfoque republicano de aranceles, amenazas y confrontación militar. Ese enfoque ha fracasado. Ha costado dinero a los trabajadores, ha perdido mercados para los agricultores y ha socavado nuestra capacidad para competir en las industrias del futuro.

La alternativa es una política exterior que no es ni aislacionista ni intervencionista. Es una política de compromiso estratégico —usar las fortalezas de Estados Unidos en diplomacia, inversión e innovación para construir un mundo que funcione para los trabajadores. Es una política que dice: competiremos con China, pero lo haremos construyendo las mejores fábricas, los mejores laboratorios de investigación, la mejor infraestructura. Trataremos con Rusia, pero lo haremos desde una posición de fortaleza basada en nuestra propia independencia energética y nuestras alianzas, no desde el miedo. Defenderemos nuestros intereses en Medio Oriente, pero lo haremos asegurando energía en casa y con socios confiables, no enviando a nuestros hijos a morir por petróleo.


VIII. UNA PALABRA FINAL

Congresista, le escribo desde la otra punta del mundo, desde un lugar donde he visto lo que ocurre cuando las grandes potencias pierden su rumbo. Estados Unidos no es el país que era en 1990, pero sigue siendo un país con enormes recursos, talento extraordinario y un pueblo que solo quiere una vida digna para sus familias. La tarea de la política exterior es hacer eso posible.

Las cinco opciones que he expuesto no son un programa completo, pero son un comienzo. Son el tipo de ideas que pueden debatirse, refinarse y finalmente defenderse ante el electorado. Ponen a los trabajadores en primer lugar, no a los contratistas de defensa. Construyen poder en casa, no solo lo proyectan en el extranjero. Y no le exigen elegir entre estar en contra de la guerra y estar a favor de Estados Unidos.

Usted tiene la valentía para liderar. Ahora necesita un mapa. Esta carta le ofrece uno.

Respetuosamente,


Juan Prim


*22 de marzo de 2026*

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