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¡¡Aclarándonos!! El FOR y la memoria.

 

EL FOR, EL MST, INPRECOR Y EL GUEVARISMO: UNA MISMA BATALLA POR LA MEMORIA Y EL PODER POPULAR

Un documento para entender de una vez por todas qué fue cada cosa, quiénes la bastardearon y por qué la construcción de poder popular no admite sectarismos


INTRODUCCIÓN: LA MEMORIA ES UN CAMPO DE BATALLA

Quien pretenda construir poder popular en América Latina hoy no puede hacerlo sin mirar hacia atrás. Pero mirar hacia atrás no es un ejercicio arqueológico: es una necesidad política. Porque en el pasado hay experiencias de lucha obrera, campesina y revolucionaria que contienen lecciones vivas para el presente. Y porque, al mismo tiempo, en ese pasado han operado fuerzas que han intentado reescribir la historia para justificar su propia impotencia sectaria.

Este escrito recorre tres experiencias —el Frente Obrero Revolucionario (FOR) , el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, y la International Press Correspondence (INPRECOR) — y las conecta con una cuarta, decisiva para nuestra región: el guevarismo y su diferencia radical con el “foquismo” que le atribuyen sus detractores. Al hacerlo, denunciamos las operaciones de bastardización del trotskismo y el mandelismo, y reivindicamos la única línea correcta: la construcción de poder popular desde las bases, sin claudicaciones ni sectarismos.


PARTE I: EL FOR – UNA HERRAMIENTA DE LA CLASE OBRERA, NO UN CENÁCULO DE ESTUDIANTES

Durante la Revolución Española (1936-1937), el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) —una organización independiente del estalinismo, sin vínculos con la Cuarta Internacional— impulsó el Frente Obrero Revolucionario (FOR) . No era un “soviet” en el sentido ruso, sino una alianza de acción unitaria de obreros fabriles, campesinos pobres y milicianos de base. Su objetivo: coordinar la lucha de la clase trabajadora sin claudicar ante el Frente Popular burgués.

Andreu Nin, su principal dirigente, nunca disolvió su partido, nunca abandonó la hoz y el martillo, jamás adhirió a la Internacional Comunista burocrática. Pagó con su vida (asesinado por el estalinismo en 1937) esa coherencia.

Lo que ocurrió después: sectores del trotskismo posterior se apropiaron del nombre y el prestigio del POUM y el FOR, pero vaciaron su contenido real. Convirtieron aquella experiencia de lucha obrera y campesina en un cenáculo de estudiantes universitarios pequeñoburgueses, más preocupados por discusiones teóricas que por la acción de masas. Borraron su carácter de herramienta de los explotados para transformarlo en una secta de iluminados. Esa bastardización es inaceptable y debe ser denunciada.


PARTE II: EL MST – LA GARANTÍA DE CONTINUIDAD DE LOS GOBIERNOS PROGRESISTAS EN BRASIL

El Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) es hoy el movimiento social más grande y organizado de América Latina. No es un apéndice de ningún gobierno. Es una estructura de poder popular construida desde la base: ocupa latifundios, produce alimentos sanos, forma militantes, disputa elecciones sin subordinarse al Estado.

En su 14º Encuentro Nacional (2026, más de 3.000 delegados), el MST reafirmó su lucha antiimperialista y declaró su apoyo a la reelección de Lula para frenar a la ultraderecha. Pero como dice João Pedro Stedile: “No basta reeleger a Lula, hay que estimular la lucha de masas” .

El MST empuja al gobierno desde abajo, presiona por reformas estructurales, pero jamás abandona su autonomía. Por eso es la garantía de continuidad de los gobiernos progresistas en Brasil: si el gobierno flaquea, el MST tiene fuerza propia para corregir el rumbo. La ultraderecha lo sabe y sueña con destruirlo. Nosotros debemos reafirmarlo como ejemplo para toda la región.


PARTE III: INPRECOR – DEL INSTRUMENTO LENINISTA A LA USURPACIÓN MANDELISTA

INPRECOR (International Press Correspondence) fue creada por la Tercera Internacional (Comintern) durante la Revolución Rusa, por impulso del propio Lenin. Su objetivo: permitir a los comunistas de todo el mundo leer los documentos de sus camaradas, coordinando la lucha revolucionaria a escala global. Se publicó desde 1921 hasta 1938, cuando el estalinismo la cerró.

Esa INPRECOR original fue un instrumento de la Comintern leninista: centralismo democrático, partido de nuevo tipo, revolución mundial.

Lo que hizo el mandelismo: en la década de 1970, Ernest Mandel (dirigente del Secretariado Unificado de la Cuarta Internacional) lanzó una nueva publicación con el mismo nombre: INPRECOR. No es la heredera legítima. Es una usurpación nominal: se apropian del prestigio histórico de la Comintern leninista para dar barniz de legitimidad a una organización (la Cuarta Internacional) que nada tiene que ver con aquella.

Precisiones necesarias para no confundir:

  • Mandel no tuvo relación con Sendero Luminoso. Sendero es una organización maoísta, ajena al trotskismo. Decir lo contrario es un disparate histórico.

  • Mandel murió en 1995. Delcy Rodríguez y la burocracia chavista actual son posteriores. No se puede confundir a Chávez (con méritos reales en sus primeros años) con los chavistas (la casta burocrática que degeneró el proceso).

  • El problema del mandelismo fue su ambigüedad frente al guerrillerismo y, ya bajo otros dirigentes después de Mandel, su capitulación acrítica ante el gobierno de Maduro, confundiendo defensa de un proceso popular con defensa de una burocracia corrupta.


PARTE IV: GUEVARISMO NO ES FOQUISMO – EL PRT-ERP, EL MIR CHILENO Y EL ELN REFUNDADO

Aquí llegamos a una de las confusiones más deliberadamente sembradas por el trotskismo y sus epígonos: reducir el guevarismo a la categoría de “foquismo”. Confunden la parte (una táctica) con el todo (una concepción estratégica integral). Y así desfiguran la experiencia de las organizaciones revolucionarias más importantes que tuvo América Latina en los años 60 y 70.

El guevarismo es mucho más que una táctica militar

El foquismo es una teoría revolucionaria desarrollada a partir de la experiencia de la Revolución Cubana. Sostiene que un pequeño “foco” guerrillero puede crear las condiciones para la insurrección popular. Fue sistematizada por Régis Debray.

Pero el guevarismo es otra cosa. Como escribió Néstor Kohan, el guevarismo argentino nunca fue una visión puramente “foquista” donde la batalla hegemónica y cultural no jugaran papel. El Che Guevara entendía la revolución como un proceso integral, que combina la lucha armada con la construcción de partido, la formación política, la disputa ideológica y el internacionalismo proletario. El guevarismo es un aporte al marxismo revolucionario latinoamericano, con errores y aciertos, pero nunca una simple táctica.

El ERP argentino nunca fue foquista

La acusación de “foquismo” fue un arma arrojadiza utilizada por el trotskismo y la burguesía para deslegitimar al Partido Revolucionario de los Trabajadores – Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) , la organización guevarista más importante de Argentina.

Atribuir a los revolucionarios del PRT-ERP una visión puramente foquista es una falsedad que oculta el trabajo político, cultural y de masas que esa organización sí desarrolló. El mismo Enrique Gorriarán Merlo lo desmintió con hechos: el PRT-ERP editaba un diario masivo de 100.000 ejemplares (El Mundo) y revistas como Estrella Roja y El Combatiente, que llegaban a decenas de miles de lectores cada quince días. Esa no es la práctica de un grupúsculo foquista. Es la práctica de un partido revolucionario que entendía la necesidad de disputar la hegemonía cultural e ideológica, incluso en condiciones de clandestinidad.

En la Argentina de los años 70, el PRT-ERP se consolidó como la mayor organización guerrillera de Sudamérica, pero supo combinar la lucha armada con una profunda inserción en las masas, a diferencia de lo que postula el foquismo como táctica exclusiva. Como señaló un trabajo académico, a diferencia de otros modelos como el foquismo o la guerra popular prolongada, en el PRT-ERP la lucha armada se circunscribía a la etapa final de la confrontación, una vez agotadas otras vías.

El ELN de Bolivia después del Che no fue foquista: la refundación del MIR chileno y el PRT argentino

El Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia fue fundado originalmente por el Che Guevara en 1966. Su muerte en 1967 truncó aquella experiencia.

Posteriormente, lo que se conoció como el ELN en la década de 1970 fue una organización refundada sobre nuevas bases, bajo la influencia directa del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile y del PRT-ERP de Argentina. No fue la continuación del “foquismo” original, sino una expresión de la Junta de Coordinación Revolucionaria, una alianza continental que integraba al MIR chileno, el PRT-ERP argentino, los Tupamaros uruguayos y el propio ELN boliviano.

El MIR chileno, en particular, desarrolló una concepción estratégica propia, basada en la necesidad de construir un partido revolucionario con una política militar definida, pero sin reducirse a la táctica foquista. El MIR comprendía la centralidad de la clase trabajadora y el campesinado, la importancia de la formación política y la disputa por el poder. Esa fue la base sobre la que se refundó el ELN boliviano en los años 70.

Conclusión de esta parte: el guevarismo como corriente estratégica

No se puede seguir repitiendo la cantinela trotskista que reduce el guevarismo a “foquismo”. Eso es un error teórico y un daño político. El guevarismo fue la corriente más avanzada del marxismo revolucionario latinoamericano, y su legado incluye tanto el método de la lucha armada como la construcción de partidos, la disputa cultural y el internacionalismo proletario.

El PRT-ERP, el MIR chileno y el ELN refundado fueron expresión de esa corriente. No fueron “foquistas”. Fueron guevaristas. Y su legado, con sus aciertos y errores, sigue siendo una fuente de enseñanza para quienes hoy construimos poder popular.


CONCLUSIÓN GENERAL: LA LÍNEA CORRECTA ES UNA SOLA – PODER POPULAR, NO SECTARISMO

Hemos recorrido cuatro territorios de la memoria revolucionaria:

  1. El FOR, una herramienta de unidad obrera, bastardizada por el trotskismo sectario.

  2. El MST, un ejemplo vivo de poder popular que garantiza la continuidad de los gobiernos progresistas en Brasil.

  3. La INPRECOR original, instrumento leninista, usurpada por el mandelismo.

  4. El guevarismo, reducido erróneamente a “foquismo” para descalificar al PRT-ERP, al MIR chileno y al ELN refundado.

Todos estos puntos se conectan por un hilo común: la batalla por la memoria es una batalla por el presente. Quienes reescriben el pasado para convertir el FOR en un club de estudiantes, para hacer de INPRECOR una revista mandelista, para presentar al PRT-ERP como un grupúsculo foquista, están operando al servicio de la fragmentación y la impotencia. No quieren que aprendamos las lecciones de la unidad obrera, de la construcción autónoma de poder popular, del internacionalismo concreto.

La línea correcta es otra: construir poder popular significa organizar en los barrios, en las fábricas, en el campo. Significa disputar la hegemonía sin claudicar. Significa defender al MST como garantía de continuidad. Significa reivindicar al guevarismo como corriente estratégica, sin dejarnos atrapar por las trampas nominalistas del trotskismo. Significa aprender del FOR sin convertirlo en un fetiche. Significa saber que la INPRECOR original fue leninista, y que la usurpación mandelista no nos pertenece.

No nos detengamos en vicios pequeños. Apuntalemos temas de gran calibración política. Porque el poder popular no se decreta desde una oficina ni se discute eternamente en un periódico. Se construye cada día, con paciencia, con disciplina y con la mirada puesta en la victoria.

¡Venceremos!


POST SCRIPTUM

Para cerrar este recorrido con la claridad que toda primera lectura exige, conviene ordenar cronológicamente lo dicho y añadir una última precisión que ata los cabos sueltos.

Primero: el FOR. El Frente Obrero Revolucionario fue una experiencia concreta de unidad de acción de la clase obrera durante la Revolución Española, impulsada por el POUM. No fue un “soviet”, no fue un club de estudiantes, no fue un apéndice del trotskismo. Fue una herramienta de los explotados en lucha, con obreros fabriles, campesinos pobres y milicianos de base.

Segundo: la bastardización trotskista. Posteriormente, sectores del trotskismo se apropiaron del nombre y el prestigio del POUM y el FOR, pero vaciaron su contenido real. Lo convirtieron en un cenáculo de estudiantes universitarios pequeñoburgueses, más preocupados por discusiones teóricas que por la acción de masas. Esa operación de reescritura del pasado es una bastardización que debe ser denunciada.

Tercero: la memoria china como negación del trotskismo en el terreno del lenguaje. Aquí llegamos a lo decisivo. El trotskismo se ha caracterizado por una fijación obsesiva con el “lenguaje correcto”, con la “pureza nominal”, con la “línea justa” enunciada desde pequeños grupos que se creen los únicos depositarios de la verdad. Esta deriva nominalista convierte la política en una disputa de definiciones, en un chequeo de términos, en una inquisición de palabras. La “memoria china” —entendida como la tradición del marxismo en China que no se detuvo en el fetiche de la palabra, sino que construyó poder real— opera como negación de esa deriva trotskista. La memoria china no pregunta “¿cómo se dice?”. Pregunta “¿qué se hace?”. No exige pureza de fórmulas. Exige resultados en la construcción de poder popular.

En el chino mandarín, la palabra que nombra esta memoria es 记忆 (jìyì), que combina el carácter de “registrar” (记) y el de “voluntad” o “intención” (忆). No es una memoria pasiva, de archivo muerto. Es una memoria activa: la que registra para actuar. Frente a la bastardización trotskista que reescribe el pasado para justificar la impotencia en el presente, la memoria china reivindica la práctica como criterio de verdad. No hay “palabra correcta” fuera de la acción concreta que transforma la realidad. Esa es la lección final: el poder popular no se construye discutiendo definiciones. Se construye ocupando tierras, organizando fábricas, formando militantes. Como el MST. Como el FOR. Como la China que no se dejó atrapar por la secta.

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