El Progresismo Allana el Camino de la Derecha: Cómo 12 Años de Kirchnerismo Dejaron a Argentina Indefensa ante Macri y Milei
Tesis central
El progresismo no es un escudo contra la derecha. Es su mejor aliado estratégico. Al apagar la conciencia de clase, al desmovilizar los movimientos populares autónomos, al convertir la lucha social en gestión de subsidios, el progresismo deja a la sociedad literalmente indefensa para cuando la derecha llega al poder. Y la derecha siempre llega. Porque el capitalismo necesita su fase de ajuste brutal después de cada fase de "inclusión" tibia. El problema es que, gracias al progresismo, cuando la derecha asume, ya no hay pueblo organizado que le pueda hacer frente.
1. El ciclo perverso: progresismo que desarma, derecha que ajusta
En Argentina se ha instalado un ciclo: gobierno de derecha (Menem, Macri, Milei) → crisis y estallido social → gobierno progresista (Kirchner) que promete "volver a incluir" → durante ese gobierno progresista, los movimientos populares se desarticulan, se burocratizan, se vuelven dependientes del Estado → la derecha vuelve a ganar (Macri, Milei) y aplica un ajuste aún más salvaje → pero esta vez no hay estallido, no hay piquetes masivos, no hay fábricas recuperadas, no hay asambleas barriales. Porque el progresismo los mató.
Eso es exactamente lo que pasó después de los 12 años kirchneristas. Cuando Macri asumió en 2015, ¿dónde estaban los movimientos de desocupados que en los 90 paralizaban el país? Cooptados, convertidos en punteros o cooperativistas del "Argentina Trabaja". ¿Dónde estaban las fábricas recuperadas autogestionadas? Intervenidas o transformadas en cooperativas dóciles. ¿Dónde estaban las asambleas barriales que en 2001 echaron a De la Rúa? Disueltas, absorbidas por la maquinaria clientelar del kirchnerismo.
Resultado: Macri aplicó un ajuste feroz, despidió 30.000 empleados públicos, tomó deuda récord con el FMI, licuó salarios, y la respuesta popular fue débil, fragmentada, fácilmente reprimible. Hubo algunas marchas, algunos piquetes, pero nada que se pareciera a la rebelión de 2001. El pueblo ya no sabía cómo organizarse por fuera del Estado.
2. Por qué el progresismo necesita desactivar la conciencia de clase
El progresismo no es ingenuo. Sabe que una clase trabajadora con conciencia de clase, autoorganizada y con experiencia de lucha, es una amenaza para el orden capitalista. Por eso su objetivo no es "empoderar al pueblo", sino disciplinarlo dentro de los márgenes del sistema. ¿Cómo?
Clientelismo: en lugar de organización autónoma, da planes sociales atados a la lealtad política. El beneficiario aprende a pedir, no a exigir.
Burocratización de los movimientos: invita a los líderes populares a ser funcionarios. El piquetero se convierte en gestor. La asamblea se reemplaza por una reunión con el ministerio.
Sindicalismo de paritarias: en lugar de huelgas generales contra el sistema, se negocian aumentos por debajo de la inflación. El sindicalismo combativo se vuelve socio del gobierno.
Fetichismo electoral: convence a la gente de que el único modo de cambio es votar. "Pongamos un compañero en el gobierno". Pero una vez allí, ese "compañero" gobierna para el capital.
El resultado es una población desmovilizada, desorganizada, desconfiada de sus propias fuerzas, que espera que un líder iluminado (Cristina, Alberto, o quien sea) le resuelva los problemas desde arriba.
3. La derecha lo sabe y lo celebra
La derecha argentina (Macri, Milei, Bullrich) entiende perfectamente este mecanismo. Por eso no le teme al progresismo. Sabe que el progresismo hace el trabajo sucio por ellos: desarticula la resistencia popular, atomiza a los trabajadores, los vuelve dependientes del Estado, y luego la derecha llega con la motosierra para desguazar lo poco que queda.
Milei no ganó a pesar del kirchnerismo. Ganó gracias al kirchnerismo. Porque después de años de clientelismo y discursos vacíos, la gente está harta pero no sabe cómo organizarse para enfrentar el ajuste. La bronca existe, pero no se traduce en acción colectiva autónoma. Está atrapada en el voto a Milei como expresión de furia impotente.
Y cuando Milei aplica su ajuste, ¿quién le hace frente? Unos pocos movimientos marginales, algunos sindicatos burocratizados que negocian por lo suyo, y una oposición peronista que también es parte del problema. No hay un poder popular de base capaz de paralizar el país. Porque el progresismo se encargó de que no lo haya.
4. Conclusión: El progresismo es la antesala de la derecha
La lección para Argentina y para cualquier país con experiencia progresista es clara: cuanto más tiempo gobierna el progresismo, más fácil le resulta a la derecha gobernar después. El progresismo no construye poder popular. Construye dependencia. No fomenta la conciencia de clase. La aniquila. No prepara al pueblo para la lucha. Lo prepara para la sumisión.
Por eso, cuando alguien dice "votemos al progresismo para que no gane la derecha", hay que responder: el progresismo es la garantía de que la derecha va a ganar y va a poder gobernar sin oposición. La historia argentina reciente lo demuestra: 12 años de kirchnerismo dejaron un pueblo desarmado. Macri gobernó con relativa facilidad. Milei está gobernando con muy poca resistencia popular organizada.
El único modo de impedir que la derecha arrase es construir poder popular autónomo, no dependiente del Estado. Y eso significa rechazar al progresismo como aliado, combatirlo como lo que es: el anestésico que aplica el capitalismo para que luego venga el cirujano de la derecha a hacer el corte final.
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