III. Las urnas no mienten: formación política y la batalla por Córdoba
Las encuestas son solo herramientas, pero herramientas útiles: según un estudio de Zubán-Córdoba realizado entre el 26 de abril y el 1 de mayo de 2026, Axel Kicillof encabeza la intención de voto con un 44%, un número que lo sitúa a un paso de ganar en primera vuelta. Esa misma consulta reveló que Myriam Bregman, del Frente de Izquierda, araña un 10% —aunque otros datos nacionales la ubican incluso con mejor imagen positiva que Javier Milei.
Ahora bien: ¿qué tiene que ver esto con Trotsky y los trotskistas?
Simple: esos números no nacen del vacío. Kicillof no llegó a ese 44% rezando el manual ortodoxo de nadie. Llegó porque, desde el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), entendió una lección que los sectarios nunca asimilaron: la formación política no es un lujo, es una condición de supervivencia electoral.
El gobernador bonaerense ha desplegado el MDF como una máquina de formación territorial, sindical y académica. Pisó Córdoba —la cuna del anti-K— con agenda propia, desafiando a un territorio históricamente hostil. Allí no fue a recitar consignas. Fue a construir, a escuchar, a formar cuadros. Y el resultado está a la vista: 44% en una provincia donde el peronismo solía ser carne de cañón.
¿Y la izquierda?
Mientras tanto, el Partido Comunista (PC) —que forma parte de Unión por la Patria desde 2023— también ha comprendido que la unidad de acción vale más que la pureza teórica. No discuten si Trotsky o Stalin: discuten cómo frenar el ajuste, cómo nacionalizar los recursos, cómo construir una alternativa real.
El Frente de Izquierda, en cambio, araña dígitos. No porque sus ideas sean malas, sino porque su habitus sectario las vuelve incomunicables. Sus 5% o 10% son el costo político de no haberse formado para dialogar con la realidad.
El ex PRT tiene una tarea
Usted lo dijo: es hora de formarlos. Y esa tarea debe centralizarla el ex PRT, sus militantes históricos, apoyados por el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y el Partido Comunista (PC).
¿Por qué el ex PRT? Porque nosotros —los que venimos de esa experiencia— sabemos lo que es poner el cuerpo. Sabemos que la formación no es un cursito, sino un trabajo de hormiga en los barrios, en los sindicatos, en las universidades. Sabemos que la política se hace con gramática concreta, no con teología.
¿Por qué el MDF? Porque es la herramienta que hoy tiene llegada real a los territorios donde se juega el voto. Porque Kicillof, con todos sus límites, ha entendido que sin cuadros formados no hay proyecto.
¿Por qué el PC? Porque es la fuerza marxista-leninista con mayor tradición y mayor responsabilidad institucional en este momento. Porque sabe —a diferencia de muchos— que la revolución se hace desde adentro del Estado o no se hace, y por eso acepta los riesgos de la alianza sin perder el norte.
Utopía concreta
Propongo, entonces, tres ejes de trabajo conjunto:
Escuelas de formación territorial: que combinen la teoría marxista (Trotsky, Gramsci, Mao, Lukács, Bourdieu) con la práctica concreta del sondeo, la asamblea de base y la gestión municipal.
Comités de debate interpartidario: donde militantes del peronismo, el PC y las izquierdas no sectarias discutan sin anatemas. Allí se aprende más que en cualquier congreso cerrado.
Manual de campaña popular: redactado con dos pies en la tierra, no con citas de pie de página. Que explique —como hacía el viejo PRT— qué se hace el lunes después de ganar.
No se trata de refundar la Internacional. Se trata de hacer pie. El 44% de Kicillof en Córdoba es una oportunidad, no una garantía. Los votos se conquistan con trabajo, no con proclamas. El ex PRT, el MDF y el PC están llamados a poner el hombro. El resto es ruido.
Copie, publique, dispute. La militancia se hace con formación y con praxis, no con bibliotecas cerradas ni con sectas que se miran el ombligo mientras el pueblo sufre.
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