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¿Que tiene que ver Nin con la política yanqui revolucionaria?

 

EL FRENTE QUE NECESITAMOS: POR QUÉ EL FOR APLICA EN EE.UU., EL FP ES UNA TRAMPA, Y LA LECCIÓN REVOLUCIONARIA DE ANDREU NIN

La táctica frente-populista ha vuelto a ponerse de moda en ciertos círculos de la izquierda estadounidense. Cada ciclo electoral, la consigna es la misma: “Hay que formar un Frente Popular (FP) con los demócratas progresistas para derrotar a la ultraderecha”. Esta estrategia no solo es ilusoria, sino que es profundamente contrarrevolucionaria. La única táctica que corresponde a la realidad material de Estados Unidos es la del Frente Obrero Revolucionario (FOR) . Y para construirla, necesitamos rescatar del olvido y reivindicar críticamente la experiencia de Andreu Nin, quien en la España de 1936 intentó forjar un camino nuevo, más allá del estéril binomio FP-FOR que le imponía la ortodoxia trotskista.

1. EE.UU.: ¿Frente Popular o Frente Obrero Revolucionario?

¿Por qué el Frente Popular (FP) es una quimera reaccionaria?

El Frente Popular es una alianza por arriba entre partidos obreros y fracciones de la burguesía “democrática”. En Europa, existió porque había partidos socialdemócratas de masas que servían de correa de transmisión. En Estados Unidos, no existe un partido obrero reformista de masas. El Partido Demócrata no es un “partido obrero burgués” ni una forma atrasada de conciencia de clase: es un partido imperialista, belicista, del gran capital financiero, igual que los republicanos.

Proponer un FP con los demócratas o su ala “progre” (AOC, Bernie Sanders, los DSA) significa:

  • Atar a la clase trabajadora al carro de una fracción de la burguesía monopolista.

  • Liquidar la independencia política y organizativa del proletariado.

  • Justificar el colaboracionismo de clases y los crímenes imperiales del estado norteamericano.

  • Enterrar la chispa de autoorganización que surge en las huelgas, los territorios oprimidos y los movimientos antirracistas.

En EE.UU., el FP no es viable como estrategia revolucionaria; es, simple y llanamente, la administración progresista de la contrarrevolución.

La potencialidad del Frente Obrero Revolucionario (FOR) en EE.UU.

El FOR no requiere un partido obrero preexistente: lo construye desde abajo, en la lucha. Su base no es un programa mínimo común con la burguesía, sino la acción común contra la burguesía. En Estados Unidos, el contexto para un FOR es explosivo:

  1. Clase trabajadora multirracial y combativa: Las huelgas salvajes, los levantamientos por justicia racial (Black Lives Matter), la resistencia migrante y las huelgas de maestros muestran un movimiento dispuesto a luchar.

  2. Crisis de las direcciones reformistas: Burocracias sindicales como la AFL-CIO se desprestigian. El FOR plantea comités de huelga, asambleas populares y coordinadoras de base que unan sindicatos combativos, organizaciones territoriales, estudiantes precarizados y colectivos oprimidos, sin pedir permiso ni atar su programa a los demócratas.

  3. Un programa transicional de combate: Escala móvil de salarios y horas, control obrero sobre la producción, cierre de bases imperialistas, defensa de los territorios migrantes, socialización bajo control de los trabajadores.

El FOR en EE.UU. no es un sueño sectario: es la única herramienta que puede unificar a la vanguardia multirracial en lucha y ponerla en el camino de su propia independencia de clase, sin subordinarse al estado capitalista.

2. Andreu Nin y el POUM: ni FP ni FOR, un Frente de Nuevo Tipo

Aquí es donde la historia regala una lección que ni estalinistas ni trotskistas ortodoxos supieron leer a tiempo. Nin no aplicó el Frente Popular clásico, pero tampoco aplicó el Frente Único Obrero Revolucionario que le exigía Trotsky. Ensayó una tercera fórmula, un Frente Obrero de Masas con autonomía de clase que buscaba navegar la catástrofe de la guerra civil española sin caer en la colaboración gubernamental pura ni en el aislamiento sectario.

Mientras Trotsky lo denunciaba por entrar en la Generalitat catalana, Nin y el POUM entendían una verdad dramática: con la guerra desatada contra el fascismo, la clase obrera armada exigía una dirección unificada, pero no para ser carne de cañón de la república burguesa, sino para imponer su propio programa desde las instituciones obreras y las milicias.

¿En qué consistió el frente niniano?

  • Ni FP: Nin jamás se alió con el Partido Republicano Radical o la burguesía liberal catalana en tanto clase. Su entrada en el gobierno fue táctica, condicionada a la defensa del poder obrero en las fábricas colectivizadas y las milicias. Fue un intento de usar las palancas institucionales para profundizar la revolución social, no para frenarla.

  • Ni FOR trotskista clásico: Nin no limitó la unidad de acción a un frente meramente sindical o de comités de fábrica aislado del poder político dual. Apostó, para bien o para mal, a una coalición revolucionaria de organizaciones obreras que disputara el poder real en medio de la guerra, sin disolverse en el estado burgués. Esto lo diferenció de la línea de Trotsky, que exigía al POUM mantenerse completamente fuera del gobierno como garantía de independencia.

El proyecto del POUM, truncado por las balas stalinistas en mayo de 1937, fue el de construir un Frente Revolucionario Anti-burocrático que combinara la movilización de masas con una representación política propia en el estado de guerra, buscando volcar el aparato republicano contra sí mismo desde su interior. ¿Contradictorio? Sí. ¿Desesperado? También. Pero no fue una mera copia del FP estalinista. Fue una creación original, una respuesta a un escenario infernal donde la pureza organizativa corría el riesgo de convertirse en impotencia absoluta.

¿Por qué reivindicar a Nin hoy?

Nin fue asesinado por el aparato de Stalin porque su experimento aterraba tanto a la burguesía republicana como a la burocracia moscovita. Representaba la posibilidad de una vía obrera y socialista a la guerra, que no se plegaba ni a la “defensa de la democracia” (FP) ni a la denuncia ultraizquierdista sin incidencia en la correlación de fuerzas. Su fracaso —militar, no moral— nos deja una enseñanza irrenunciable: el frente no puede ser ni un cheque en blanco a la burguesía ni una repetición de un modelo organizativo que la realidad desborda.

Para la tarea actual en EE.UU., Nin nos grita desde su tumba:

  1. No al FP, porque es la disolución en el enemigo.

  2. No al FOR como dogma, si este se reduce a una actividad de propaganda sin capacidad de intervenir en las crisis políticas reales con herramientas de poder.

  3. Sí a un Frente Revolucionario de Masas que unifique a los explotados y oprimidos en lucha, que construya su propio poder territorial y sindical, y que, si las circunstancias lo exigen, ocupe todas las trincheras —incluso las institucionales— sin jamás entregar la dirección del movimiento ni renunciar al programa socialista.

La revolución norteamericana no será una copia de octubre ni de julio del 36. Será hija de su propia creatividad bárbara. Pero su parto requiere una táctica de frentes que, como intuyó Nin, esté a la altura de las confrontaciones  que se avecinan, sin venderse a la izquierda del capital y sin esconderse en la pureza estéril. Ese es el camino.

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