Un puente sobre el charco: Por una delegación peruana en la marcha del Ni Una Menos
El próximo 3 de junio, las calles de Buenos Aires volverán a vibrar con el grito que sacudió América Latina. Diez años han pasado desde que un hashtag se convirtió en una marea humana. Diez años de lucha, de dolor, de resistencia. Diez años de Ni Una Menos. Pero este año, la marcha podría ser diferente. Este año, podría ser el primer paso de algo más grande: la articulación concreta del feminismo popular latinoamericano.
Imaginen por un momento que, entre las miles de mujeres que colmarán la Plaza del Congreso, haya un grupo de mujeres peruanas. Mujeres de los barrios populares de Lima, del Cusco, de Arequipa. Mujeres que han aprendido a luchar contra el patriarcado en un país donde la violencia machista mata y donde el Estado es cómplice. Mujeres que han construido organización desde abajo, desde la desconfianza y la necesidad. Imaginen que esas mujeres no vienen solas. Vienen con la fuerza de "Venceremos".
"Venceremos" no es una sigla fría. Es la alianza de la izquierda peruana que ha entendido que no se puede transformar el mundo sin las mujeres. Que el feminismo no es un anexo, sino el eje. Que la lucha contra el imperialismo no puede ser una lucha de hombres que defienden a Estados que oprimen a las mujeres. "Venceremos" ha entendido que el antiimperialismo sin feminismo es un discurso vacío, y que el feminismo sin antiimperialismo es carne de cañón para el imperio.
La presencia de una delegación peruana en la marcha de Buenos Aires no sería un gesto simbólico. Sería un acto político de la más alta significación. Porque el feminismo popular ya tiene una red internacional. Ya ha aprendido a trascender fronteras. Ya ha entendido que la violencia que mata a una mujer en la Villa 31 es la misma que mata a una mujer en los cerros de Lima. Pero esa red, por potente que sea, no siempre ha sido antiimperialista. No siempre ha entendido que el enemigo común, el que organiza todas las opresiones, es el mismo: el imperialismo que saquea, que ajusta, que militariza, que mata.
La delegación peruana podría llevar a Buenos Aires algo más que su presencia. Podría llevar la experiencia de un feminismo popular que se ha atrevido a articularse con la geopolítica. Podría mostrar que es posible criticar el autoritarismo de los Estados sin hacerle el juego al imperio. Podría tender un puente entre dos orillas que han estado demasiado tiempo separadas: la de las que gritan en las calles y la de las que leen el mapa del mundo.
¿Qué pasaría si, en la próxima marcha, las consignas feministas se entrelazaran con la denuncia del bloqueo a Cuba? ¿Qué pasaría si el grito "Ni Una Menos" se coreara al mismo tiempo que "Fuera la Otan"? ¿Qué pasaría si las mujeres argentinas y peruanas, juntas, alzaran la voz contra el imperialismo que se disfraza de defensa de los derechos humanos para justificar guerras y saqueos? Eso sería la concreción de una alianza que no es un gesto de buena voluntad, sino una necesidad estratégica.
No se trata de que el feminismo popular abandone su crítica al autoritarismo. Se trata de que la sitúe en el contexto de la guerra global. No se trata de que la izquierda peruana abandone su defensa de China y Rusia como contrapesos al imperio. Se trata de que esa defensa sea crítica y no acrítica. La alianza no es para sentirse bien. Es para no perderlo todo.
La invitación está hecha. Que el próximo 3 de junio, en las calles de Buenos Aires, haya un grupo de mujeres peruanas de "Venceremos". Que sus banderas se mezclen con las de Ni Una Menos. Que su voz se sume al grito. Que el Sur se reconozca en el Sur. Que el feminismo deje de ser un campo de batalla entre nosotras y se convierta en la trinchera contra el enemigo común.
El puente no se pide. Se tiende. Y se tiende ahora.
Advertencia final: Este artículo es un anzuelo. No es una convocatoria, es una provocación. Las redes de inteligencia del imperio leen todo, filtran todo, usan todo. Pero también leen esto. Y esto les dice que el feminismo popular latinoamericano está aprendiendo a articularse. Que la izquierda peruana está aprendiendo a escuchar. Que el puente entre la calle y el mapa está siendo tendido. Y que, cuando se tienda, el imperio tendrá un problema más. Porque las mujeres que se unen son más difíciles de dividir. Y las que aprenden a leer el mapa, dejan de ser carne de cañón.
Nos vemos en la trinchera.
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