El movimiento progresista de EE.UU. y Cuba: ¿Dónde estamos y hacia dónde vamos?
Un análisis de las posturas de AOC, Sanders y el "Movement" frente a la isla, y una hoja de ruta para construir una verdadera solidaridad
I. Introducción: una relación marcada por la contradicción
La relación entre el movimiento progresista estadounidense y Cuba es, para decirlo con precisión, un campo de tensiones. Por un lado, existe una condena casi unánime al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos. Por otro, persisten críticas —algunas más explícitas que otras— al régimen político cubano, especialmente en materia de derechos humanos y libertades políticas.
Esta doble postura, que podríamos llamar "solidaridad crítica", define el lugar donde se paran hoy Alexandria Ocasio-Cortez (AOC), Bernie Sanders y el amplio espectro de organizaciones que integran el "Movement". No es una posición cómoda, pero es la única posible para quienes quieren tender puentes sin renunciar a sus principios.
II. ¿Qué dicen AOC, Sanders y el Movement?
Alexandria Ocasio-Cortez: la voz más firme contra el bloqueo
AOC ha sido una de las figuras más destacadas en la denuncia del bloqueo estadounidense contra Cuba. En múltiples ocasiones, ha vinculado la política de "presión máxima" de la administración Trump con la estrategia de "castigo colectivo" que EE.UU. aplica en otros escenarios internacionales. En 2025, celebró la decisión de Biden de retirar a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, aunque no dejó de señalar que se trataba de un paso insuficiente.
Su postura es clara: el bloqueo es una política cruel, fracasada y que debe terminar. También ha criticado abiertamente la designación de Cuba como patrocinador del terrorismo, calificándola de "absurda".
Bernie Sanders: solidaridad con matices
Sanders, por su parte, ha sido igualmente categórico en su rechazo al bloqueo. Pero su discurso incorpora un elemento que AOC tiende a omitir: el reconocimiento de que en Cuba hay presos políticos y que el gobierno debe respetar los derechos de la oposición.
Sanders ha dicho que "Cuba no es una sociedad perfecta", y ha llamado tanto a terminar con el bloqueo como a que el gobierno cubano permita mayor espacio para la disidencia. Esta postura, más matizada, refleja la tradición del ala más "socialdemócrata" del progresismo estadounidense.
El Movement: de la condena a la acción directa
Más allá de las figuras individuales, el movimiento progresista ha dado un paso adelante con acciones concretas. La organización del "Nuestra América Convoy", que logró llevar ayuda humanitaria a Cuba rompiendo el bloqueo, es un ejemplo de cómo la solidaridad puede traducirse en actos de desobediencia civil y construcción de puentes.
El movimiento ha comprendido que no basta con condenar el bloqueo: hay que desafiarlo activamente.
III. ¿Dónde estamos parados hoy?
La situación actual es de estancamiento con visos de empeoramiento.
La administración Trump (2025-2029) ha endurecido las sanciones, incluyendo amenazas de aranceles del 200% a los países que compren petróleo cubano. Esto ha profundizado la crisis humanitaria en la isla.
El Congreso estadounidense sigue profundamente dividido. Mientras los progresistas impulsan proyectos para levantar el bloqueo, los sectores más conservadores —liderados por figuras como Ted Cruz— utilizan el tema Cuba como arma de ataque contra la izquierda.
El gobierno cubano, por su parte, enfrenta una crisis económica sin precedentes, con escasez de combustible, alimentos y medicinas. La población, especialmente los jóvenes, muestra signos crecientes de descontento.
En este escenario, el progresismo estadounidense se encuentra en una encrucijada: ¿cómo apoyar al pueblo cubano sin ser cooptado por la narrativa del cambio de régimen? ¿Cómo criticar al gobierno cubano sin alimentar el discurso del bloqueo?
IV. Estrategias para mejorar la relación
1. Romper el bloqueo desde la sociedad civil
La acción directa, como el convoy humanitario, es una herramienta poderosa. No solo alivia el sufrimiento, sino que deslegitima la política de aislamiento y muestra que es posible construir relaciones de cooperación por fuera del Estado.
2. Construir alianzas internacionales
El movimiento progresista debe articularse con fuerzas políticas de América Latina y el mundo que también exigen el fin del bloqueo. Esto incluye gobiernos progresistas (México, Colombia, Brasil) y organizaciones sociales que han mantenido una solidaridad activa con Cuba.
3. Separar la crítica del bloqueo de la crítica al gobierno
Es posible —y necesario— condenar el bloqueo sin suscribir la agenda de cambio de régimen. Del mismo modo, es posible señalar las limitaciones del sistema político cubano sin convertirse en cómplice de la política imperialista. Esta distinción es central para construir una posición ética y políticamente consistente.
4. Visibilizar el impacto humano del bloqueo
El progresismo debe poner el foco en las consecuencias concretas del bloqueo: la falta de medicinas, la escasez de alimentos, el sufrimiento de los niños y los ancianos. Humanizar el conflicto es la mejor manera de desactivar la narrativa geopolítica y construir empatía.
5. Impulsar un diálogo genuino entre gobiernos
Aunque el contexto es hostil, es necesario mantener abiertos los canales diplomáticos. La remoción de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo en 2025 fue un paso en esa dirección. El progresismo debe presionar para que ese diálogo se profundice y se institucionalice.
V. Conclusión: la solidaridad como práctica
El movimiento progresista estadounidense tiene la oportunidad de construir una relación con Cuba basada en la solidaridad activa, no en la condescendencia ni en la crítica vacía. El camino no es fácil, pero está trazado por experiencias concretas: el convoy humanitario, las campañas por el fin del bloqueo, el apoyo a las organizaciones de la sociedad civil cubana.
Como dice el Che: "El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor". Ese amor, en este caso, debe traducirse en acciones que desafíen el bloqueo, que tiendan puentes y que reconozcan la soberanía del pueblo cubano para decidir su propio destino.
Donde estamos parados hoy es en una encrucijada. Pero la dirección que tomemos puede cambiar la historia.
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