La lección de Bautista van Schouwen, Santucho y la unidad revolucionaria
I. La frase que duele
"Al reformismo no se lo combate, se lo supera."
La frase es de Bautista van Schouwen, dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile. No es una boutade intelectual. Es una advertencia estratégica, una enseñanza forjada en la lucha, en la tortura y en la muerte. Van Schouwen, médico, militante, torturado por la dictadura de Pinochet, entendió que el reformismo no es un error teórico: es una trampa política que desvía a las masas, que canaliza su energía hacia metas ilusorias y que, en última instancia, las entrega indefensas al poder del capital.
No se puede "combatir" al reformismo como si fuera un enemigo externo. El reformismo no es una ideología que se refuta con argumentos. Es una práctica política que se incuba en el seno del movimiento popular, que se alimenta de sus desesperanzas y de sus miedos. Se lo supera, no con denuncias, sino con un método: la construcción de una alternativa revolucionaria que sea más convincente, más eficaz y más justa que la ilusión reformista.
El reformismo no es un error de cálculo: es una concesión al enemigo que, bajo la apariencia de realismo, termina legitimando el orden existente y desmovilizando a las masas. Contra él, no sirven las declaraciones ni las consignas. La única manera de superarlo es construir una fuerza política y militar capaz de disputar el poder y de demostrar en los hechos que la revolución es posible.
Van Schouwen lo sabía. Por eso insistía en que la unidad revolucionaria debía construirse "por la base" y no en las cúpulas. Por eso confiaba en que la conciencia y la capacidad de lucha de las masas se forjan en la acción, no en los discursos.
II. El método de Santucho: paciencia, flexibilidad y firmeza ideológica
Mario Roberto Santucho, comandante del PRT-ERP argentino, entendió la misma lección. En un texto de 1976, cuando la dictadura de Videla ya estaba en pleno terror, escribió:
"La total unidad que es posible, se conquistará, en un proceso gradual a desarrollarse paso a paso en todos los niveles, en la base y en la dirección, que requiere paciencia, flexibilidad y firmeza ideológica".
Paciencia, flexibilidad y firmeza ideológica. Tres virtudes que parecen contradictorias y que, sin embargo, son la clave de cualquier estrategia revolucionaria seria. Paciencia para construir desde abajo, sin atajos. Flexibilidad para adaptarse a las circunstancias sin perder el rumbo. Firmeza ideológica para no confundir el camino con el destino.
Santucho sabía que la unidad no se decreta. Se construye. Y se construye en la práctica, en la acción compartida, en la solidaridad concreta. Por eso el PRT-ERP y el MIR chileno no se limitaron a declaraciones de principios: actuaron juntos. Cuando los compañeros del PRT escaparon de la masacre de Trelew, fue el MIR quien presionó al gobierno de Allende para que les diera asilo. Esa solidaridad práctica fue el cemento de su unidad.
III. La experiencia de la JCR: unidad en la acción
El paso culminante de este proceso fue la creación de la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR), que agrupó al PRT-ERP argentino, al MIR chileno, al MLN-Tupamaros uruguayo y al ELN boliviano. La JCR fue el intento más serio de coordinar la lucha revolucionaria a nivel del Cono Sur. No era una alianza retórica. Era una estructura de combate que buscaba unificar fuerzas para enfrentar a las dictaduras.
La JCR entendió que el enemigo era uno solo: el imperialismo y sus aliados locales. Y que, por tanto, las luchas nacionales eran frentes de una misma guerra. Como señaló Miguel Enríquez, líder del MIR, la Revolución Cubana había marcado un punto de inflexión porque había entendido que no se podía hacer la revolución sin golpear al poder norteamericano.
La JCR fue derrotada. El Plan Cóndor la desarticuló. Pero su legado no es el fracaso, sino el método: la unidad revolucionaria no es un punto de llegada, sino un camino que se construye en la práctica, en el territorio, con paciencia y con firmeza ideológica.
IV. El dilema de hoy: estalinistas, maoístas, trotskistas, feministas e interseccionales
La pregunta que nos convoca es, quizás, la más difícil y la más necesaria de todas. La historia de la izquierda es, en gran medida, la historia de sus fracturas: estalinistas vs. trotskistas, maoístas vs. todas las anteriores, feministas vs. "clasistas", interseccionales vs. "economicistas". Un abanico de posiciones que a menudo han sido más un campo de batalla entre nosotras que una trinchera común contra el enemigo.
Pero la lección de Van Schouwen, de Santucho, del MIR y del PRT es clara: la unidad no significa que todos piensen igual. Significa que todos reconocen un enemigo común y actúan en consecuencia.
Para los "clasistas" de cualquier tradición, la lección es que no hay lucha de clases sin lucha contra el patriarcado y el racismo, porque estos son mecanismos centrales de la explotación capitalista.
Para las feministas e interseccionales, la lección es que no hay emancipación sin derrotar al imperialismo, porque es la estructura global que organiza y sostiene todas las opresiones.
El reformismo nos dice que esperemos, que negociemos, que nos conformemos con migajas. La revolución nos dice que la unidad se forja en la lucha, no en los libros.
V. La propuesta concreta: unidad por la base
¿Cómo se construye esa unidad hoy? El método del MIR y el PRT sigue siendo válido:
Unidad por la base: La unidad no se negocia solo entre cúpulas. Se construye en los territorios, en las fábricas, en las villas, en las calles. Es un proceso que nace desde abajo, desde la práctica compartida.
Unidad como proceso: La unidad es una tarea estratégica, no un acto de un día. Requiere paciencia, flexibilidad y firmeza ideológica.
Unidad en la acción: La colaboración no es teórica. Se concreta en acciones concretas de solidaridad y coordinación.
En términos actuales, esto significa:
Unir las luchas en el territorio: Que una asamblea de mujeres en una villa no sea solo feminista, sino que también discuta el ajuste del FMI y la deuda externa.
Construir frentes de lucha comunes: Que una huelga general sea también una protesta contra la violencia de género y el racismo institucional.
Coordinar a nivel regional e internacional: Que el feminismo popular argentino y el antiimperialismo peruano no sean dos mundos separados, sino dos expresiones de una misma resistencia al imperio.
VI. Conclusión: la unidad se forja en la lucha
El MIR y el PRT no lograron su objetivo final. Fueron derrotados por la ferocidad de las dictaduras. Pero su legado no es el fracaso, sino el método: la unidad no es un punto de llegada, sino un camino que se construye día a día, en la práctica, en el territorio, con paciencia y con firmeza ideológica.
Como dijo el Comandante Santucho, se requiere "paciencia, flexibilidad y firmeza ideológica". Y como enseñó Van Schouwen, el reformismo no se combate: se supera, con una práctica revolucionaria que sea más convincente, más eficaz y más justa que la ilusión reformista.
La respuesta al dilema de cómo unir a estalinistas, maoístas, trotskistas, feministas e interseccionales no está en un manual, sino en la historia de quienes lo intentaron antes que nosotros. El MIR y el PRT nos dijeron, con su práctica, que la unidad es posible. No nos dijeron que fuera fácil. Nos dijeron que era necesaria. Y que se construye, como todo lo que vale la pena, con el cuerpo, en la calle, y con la mirada puesta en el enemigo común.
Nos vemos en la trinchera.
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