La Fracción Roja: cuando el PRT-ERP decidió ser dueño de su propio destino
Contexto: años de ebullición revolucionaria
Para entender la escisión de la Fracción Roja, hay que situarse en el momento histórico que la gestó. La Argentina de principios de los años 70 era un hervidero. El Cordobazo de 1969 había demostrado que el proletariado argentino podía sacudir los cimientos del Estado. La Revolución Cubana era un faro que iluminaba a toda una generación de jóvenes revolucionarios. Y el peronismo, proscripto durante 18 años, acechaba como un fantasma en el horizonte político.
El PRT-ERP, para entonces, ya había recorrido un largo camino. Nacido en 1965 de la fusión entre el FRIP (Frente Revolucionario Indoamericano Popular) de los hermanos Santucho y Palabra Obrera de Nahuel Moreno, la organización había pasado por un proceso de maduración política acelerado. Santucho, impactado por el avance de la lucha de clases en el país y por la victoria de la Revolución Cubana —que apreció personalmente—, había ido abandonando los resabios de su pasado nacionalista popular para abrazar una concepción cada vez más claramente revolucionaria.
El IV Congreso del PRT en febrero de 1968 había fijado el rumbo: la guerra revolucionaria como forma superior de lucha y la construcción de un "Ejército Popular" que no fuera el simple brazo armado del partido, sino la cristalización de la voluntad de combate de las masas. En 1970, el V Congreso fundó el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) como estructura militar del partido. Para 1973, el PRT-ERP era la organización armada más importante de la izquierda argentina, con presencia en todo el país y una inserción creciente en el movimiento obrero a través del Movimiento Sindical de Base (MSB), la Juventud Guevarista (JG) y el Frente Antiimperialista por el Socialismo (FAS).
El documento clave: "Por qué nos separamos de la Cuarta Internacional"
En agosto de 1973, el PRT-ERP tomó una decisión que conmocionó a la izquierda internacional: separarse de la Cuarta Internacional trotskista. El documento que formalizó esta ruptura, redactado por Mario Roberto Santucho y publicado en El Combatiente Nº 86 el viernes 17 de agosto de 1973, llevaba un título elocuente: "Por qué nos separamos de la Cuarta Internacional".
El texto es mucho más que un simple comunicado de prensa. Es una pieza teórica de primera magnitud, un ejercicio de autodefinición política que buscaba sentar las bases de una nueva etapa en la vida del partido. En sus líneas, Santucho no se limita a explicar una decisión orgánica; desarrolla una crítica de fondo al trotskismo como corriente política y reivindica la necesidad de un marxismo creativo, anclado en la realidad concreta de América Latina.
Santucho escribió:
"Para nosotros el socialismo científico, la teoría revolucionaria del proletariado, ha sido siempre una guía para la acción, jamás un dogma ni un conjunto de recetas. Los marxistas revolucionarios aprendemos en la práctica, en el contacto con las masas, en la experiencia de la lucha de clases. Por eso, cuando la realidad nos muestra que determinadas concepciones, por más prestigio que tengan, no se corresponden con las necesidades de la revolución en nuestro país, tenemos el deber de rectificar."
Este párrafo condensa la esencia del pensamiento de Santucho y del PRT-ERP: la teoría al servicio de la práctica, no la práctica al servicio de la teoría. La Cuarta Internacional, en cambio, era acusada de haber caído en un dogmatismo estéril, de mantener un "carácter pequeño-burgués" y de practicar un internacionalismo abstracto que no se traducía en una comprensión de las particularidades de cada país.
Las razones profundas de la ruptura
1. El internacionalismo concreto versus el internacionalismo abstracto
Para el PRT-ERP, el internacionalismo no era una declaración de principios, sino una práctica concreta de solidaridad y coordinación entre organizaciones revolucionarias. La creación de la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR), que reunía al PRT-ERP argentino, al MIR chileno, al ELN boliviano y a los Tupamaros uruguayos, era la expresión más avanzada de este internacionalismo desde abajo.
La Cuarta Internacional, en cambio, era vista como una organización que pretendía imponer sus criterios desde arriba, sin comprender las especificidades de cada realidad nacional. Los militantes de la Fracción Roja, que luego se escindirían, defendían la pertenencia a la Internacional como un dogma de fe; Santucho y la dirección del PRT-ERP entendían que la lealtad a la revolución estaba por encima de la lealtad a cualquier organización internacional.
2. La guerra popular prolongada versus el foquismo
El PRT-ERP había desarrollado una concepción estratégica propia: la guerra popular prolongada. Esta estrategia, influenciada por la Revolución Cubana y por las experiencias de liberación nacional en Asia y África, planteaba la necesidad de combinar la lucha armada con el trabajo de masas, de construir un ejército popular que emergiera de la propia clase obrera y de desgastar al enemigo en una guerra de largo aliento.
Santucho y la dirección del PRT consideraban que la Cuarta Internacional seguía anclada en esquemas propios de la revolución europea, sin comprender las particularidades de la revolución en América Latina. La crítica al "foquismo" que hacían algunos sectores de la Internacional era vista como un intento de frenar el desarrollo de la lucha armada en Argentina.
3. La cuestión nacional y el peronismo
Uno de los puntos de mayor fricción entre el PRT-ERP y la Cuarta Internacional era la cuestión nacional. El PRT-ERP, a diferencia de la ortodoxia trotskista, reconocía el carácter nacional-popular del peronismo y la necesidad de disputar su conducción a la derecha.
La dirección del PRT-ERP, encabezada por Santucho, entendía que la revolución en Argentina no podía prescindir de las masas peronistas. Había que ganarlas para el proyecto revolucionario, no condenarlas al ostracismo. Esta concepción, que algunos críticos calificaron de "nacionalismo", era en realidad una lectura realista de la correlación de fuerzas en el país.
4. La crítica al "internacionalismo pequeñoburgués"
El documento de Santucho acusaba a la Cuarta Internacional de haber degenerado en una organización de intelectuales pequeño-burgueses desconectados de la realidad de la lucha de clases. Se les criticaba por priorizar las discusiones teóricas abstractas sobre la práctica revolucionaria concreta, por su sectarismo y por su incapacidad para comprender la dinámica de la revolución en el Tercer Mundo.
Esta crítica no era meramente retórica. Detrás de ella había una experiencia concreta: la de haber compartido años de militancia con sectores trotskistas que, en momentos clave, habían priorizado la lealtad a la Internacional por encima de las necesidades de la revolución en Argentina.
El nacimiento de la Fracción Roja
La decisión de separarse de la Cuarta Internacional no fue unánime. Un sector importante de militantes, especialmente en la Regional Buenos Aires Sur del ERP, se opuso firmemente a la ruptura. Estos militantes, que profesaban una lealtad inquebrantable a la Cuarta Internacional, consideraban que el PRT-ERP estaba cometiendo un error histórico al abandonar sus principios trotskistas.
La dirección de esta fracción disidente estaba encabezada por José "Joe" Baxter, un personaje fascinante y contradictorio. Baxter era un ex militante del FRIP que había pasado por el peronismo y había terminado abrazando el trotskismo. Había vivido en el exilio en Chile durante el gobierno de Salvador Allende y, desde allí, sin acatar el requerimiento de la dirección del partido para regresar, promovió la formación de la Fracción Roja en la zona sur del Gran Buenos Aires.
En enero de 1973, el sector disidente se constituyó formalmente como PRT-ERP (Fracción Roja). La organización estaba dirigida por Baxter y otros cuadros experimentados como Rodríguez, Soto y Montova. Su objetivo era desarrollar la lucha armada clandestina con miras a convertirse en la Sección Argentina de la Cuarta Internacional.
La ideología de la Fracción Roja
La Fracción Roja se definía como una organización de ideología trotskista. Su programa político combinaba elementos del trotskismo clásico con algunas particularidades que la diferenciaban de otras corrientes de la izquierda armada:
Lealtad a la Cuarta Internacional: Su identidad política se definía por su fidelidad a la Internacional, lo que los llevaba a rechazar el "militarismo" de la dirección del PRT-ERP.
Socialismo nacional: Su programa incorporaba el concepto de "socialismo nacional", una categoría que buscaba articular la lucha de clases con la cuestión nacional en Argentina.
Socialismo en un solo país: La Fracción Roja defendía la posibilidad de construir el socialismo en Argentina sin esperar a la revolución mundial, una posición que la acercaba a las tesis estalinistas y la distanciaba del trotskismo ortodoxo.
Antiimperialismo y anticapitalismo: Compartían con el resto de la izquierda armada la lucha contra el imperialismo y el capitalismo.
Esta combinación de elementos hacía de la Fracción Roja una organización híbrida, difícil de clasificar en las categorías tradicionales de la izquierda.
El desarrollo y el final de la Fracción Roja
La Fracción Roja operó entre septiembre de 1973 y julio de 1975. Durante ese período, desarrolló una actividad guerrillera en el Gran Buenos Aires, con acciones que incluían ataques incendiarios, ataques con explosivos y robos a bancos. La organización mantuvo contactos con otras fuerzas de la izquierda armada, como Montoneros y el Grupo Obrero Revolucionario.
Sin embargo, su existencia fue breve y estuvo marcada por una serie de debilidades:
Aislamiento: Al escindirse del PRT-ERP, la organización más importante de la izquierda armada, la Fracción Roja quedó políticamente aislada y con escasa capacidad de movilización.
Represión: Al igual que el resto de las organizaciones de izquierda, fue duramente golpeada por la creciente represión estatal y paraestatal que precedió al golpe de Estado de 1976.
Debilidades internas: La Fracción Roja, a pesar de contar con cuadros experimentados, no logró construir una estructura orgánica sólida ni una base social de apoyo que le permitiera sostenerse en el tiempo.
Finalmente, lo que quedó de la Fracción Roja se reinsertó en la Cuarta Internacional, confirmando que su identidad fundamental era su lealtad a esa corriente. Joe Baxter, su principal líder, murió en 1973 en circunstancias que aún hoy son objeto de debate.
El legado de la escisión
La historia de la Fracción Roja es un capítulo fascinante y trágico de la izquierda argentina. Para el PRT-ERP, esta escisión fue la consecuencia de un proceso de depuración ideológica necesario para forjar un partido revolucionario realmente adaptado a la realidad latinoamericana. El documento "Por qué nos separamos de la Cuarta Internacional" es la piedra angular de esta autodefinición: un manifiesto de independencia que buscaba legitimar la ruptura como un paso adelante en la lucha por el socialismo.
Para la Fracción Roja, en cambio, la ruptura fue una traición a los principios del trotskismo. Su corta existencia y posterior reinserción en la Internacional demostraron que para muchos militantes, la independencia estratégica no era concebible sin abandonar la identidad que los definía como revolucionarios.
La pregunta que atraviesa toda esta historia sigue vigente hoy: ¿puede una organización revolucionaria en la periferia del capitalismo romper con el centro teórico del movimiento sin caer en el "militarismo" o el "nacionalismo"? La respuesta de Santucho fue un rotundo "sí", apostando a una estrategia propia, anclada en la realidad argentina y latinoamericana. La Fracción Roja, con su breve existencia, demostró que para otros, esa independencia era impensable.
"La total unidad que es posible, se conquistará, en un proceso gradual a desarrollarse paso a paso en todos los niveles, en la base y en la dirección, que requiere paciencia, flexibilidad y firmeza ideológica."
— Mario Roberto Santucho
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