2° Carta abierta a Myriam Bregman
Sobre la diferencia entre instalar y no desmentir
Compañera Bregman:
Le escribo desde el respeto que me merece su trayectoria y la coherencia con la que ha sostenido, durante años, la necesidad de una izquierda independiente. No soy del FIT. Fui del PRT-ERP, de los que rompieron con la Cuarta Internacional en 1972 y construyeron, con Santucho a la cabeza, una herramienta que intentó sintetizar la revolución permanente de Trotsky con la táctica de los frentes populares. Pagamos esa audacia con la cárcel, el exilio y la muerte de miles de compañeros.
He leído con atención sus declaraciones de los últimos meses. Y hay una frase suya que me ha quedado resonando: "El peronismo instaló que había un balotaje".
Compañera, permítame decirle que ahí hay un matiz que, desde mi lectura de los hechos, invierte los términos. No fue el peronismo quien instaló la narrativa del balotaje. Fue el PRO, junto con La Libertad Avanza, quienes la impulsaron con una claridad que no deja lugar a dudas.
Mauricio Macri fue el más explícito. El 9 de octubre de 2025, caracterizó los comicios como una "elección binaria" y un "virtual balotaje contra el kirchnerismo". Fernando de Andreis, exfuncionario macrista, fue aún más directo: "El 26 es un balotaje". Esa fue la consigna que instalaron, con todos los medios a su disposición y con una maquinaria de comunicación que no tiene nada que envidiarle a la de cualquier aparato estatal.
El peronismo, en todo caso, no desmintió con la fuerza necesaria. Y esa es una diferencia sustancial. Una cosa es instalar una narrativa —construirla, difundirla, martillarla hasta que se vuelva sentido común—. Otra muy distinta es no desmentirla —dejar que crezca por omisión, por falta de una contra-narrativa clara, por la incapacidad de ofrecer un marco alternativo que devuelva a la elección su carácter legislativo y territorial—.
Usted misma, en esa misma entrevista, dijo algo que comparto: "Si vos me instalás que es un balotaje, entonces tenés dos opciones. Y mucha gente ante el balotaje supuesto no fue a votar". Esa frase es precisa. La instalación del balotaje desmovilizó a una parte del electorado popular que, ante la falsa disyuntiva entre dos opciones, optó por no participar. Pero el sujeto que instaló esa narrativa no fue el peronismo. Fue la derecha.
El peronismo, compañera, tiene muchas responsabilidades. Ha sido, durante décadas, un dique que contuvo y desvió la energía revolucionaria de la clase trabajadora argentina. Ha sido, en muchos momentos, un aparato de integración al sistema. Ha traicionado, una y otra vez, las expectativas de los que confiaron en él. Todo eso es cierto. Pero no se le puede imputar la instalación de una narrativa que fue obra de sus adversarios.
La Cristina Kirchner lo que hizo fue criticar a Kicillof por el desdoblamiento de los comicios bonaerenses, señalando que esa decisión había "operado como una PASO o balotaje" que reagrupó el voto antiperonista. Es decir, usó la palabra "balotaje" en retrospectiva, como diagnóstico de un error, no como consigna de campaña. Y esa es una diferencia importante. Cristina no instaló el balotaje; lo que hizo fue señalar que el desdoblamiento había producido un efecto no deseado, el de polarizar la elección en términos que favorecían a la derecha.
Compañera, le escribo esto no para defender al peronismo. No soy peronista. Le escribo porque creo que la precisión en el diagnóstico es una condición de la eficacia política. Si le atribuimos al peronismo la instalación del balotaje, corremos el riesgo de equiparar a los que instalan la trampa con los que no supieron desarmarla. Y esa equiparación, aunque satisfaga el impulso polémico, no nos ayuda a construir la alternativa.
El FIT tiene hoy una oportunidad histórica. Usted ha dicho que "la tercera fuerza define el Congreso que viene". Y es cierto. Pero la tercera fuerza no define solo el Congreso. En un escenario de segunda vuelta, define el gobierno. Y ese escenario, aunque hoy parezca lejano, puede estar más cerca de lo que imaginamos.
No se trata de apoyar a Kicillof sin condiciones. Se trata de condicionar el apoyo a un programa concreto, verificable, de clase. Se trata de lo que el FAS intentó hace cincuenta años: unidad de acción sin fusiones orgánicas. Usted no tiene que disolverse en el MDF. No tiene que renunciar a su programa. No tiene que abandonar su independencia de clase. Lo único que se le pide es que, si el escenario de segunda vuelta se concreta, el FIT no se retire a un voto en blanco que solo beneficia a la ultraderecha.
Imagine un documento público, firmado por usted y por Carlos Bianco, con cinco puntos concretos para los primeros cien días de un gobierno de Kicillof. Puntos que el FIT ha defendido siempre y que el MDF no puede rechazar sin quedar en evidencia:
Paritarias libres y aumento del salario mínimo por encima de la inflación.
Producción pública de medicamentos y financiamiento pleno de hospitales públicos.
Recomposición salarial docente y financiamiento pleno de universidades.
Declaración de soberanía sobre litio, hidrocarburos y pesca.
Fortalecimiento de las políticas de Memoria, Verdad y Justicia.
Esos cinco puntos no son un programa maximalista. Son medidas concretas que el FIT ya defiende en el Congreso. Son medidas que el MDF ha insinuado en sus ejes programáticos. Son medidas que la clase trabajadora argentina necesita con urgencia.
Usted ha dicho que "la clase obrera es una y sin fronteras". Y tiene razón. Pero la clase obrera argentina, hoy, está siendo gobernada por la ultraderecha. Y la única manera de derrotar a esa ultraderecha, en un escenario de segunda vuelta, es la unidad de acción de los que luchan.
No le pido que traicione sus principios. Le pido que los use. Le pido que use el poder que las encuestas le están dando para arrancarle al peronismo un compromiso de hierro que beneficie a los trabajadores. Le pido que haga lo que el FAS hizo: construir unidad sin fusiones, acción común sin disolución, frente de los revolucionarios sin claudicación ante la burguesía.
Y le pido, compañera, que precise el diagnóstico. Porque no es lo mismo instalar que no desmentir. Y la verdad, aunque incómoda, es siempre revolucionaria.
¡Hasta la victoria siempre!
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