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Un desafío directo al núcleo del pensamiento de Bautista van Schouwen y el socialismo americano.

 Un desafío directo al núcleo del pensamiento de Bautista van Schouwen. 

No se trata de una reflexión abstracta, sino de aplicar su lógica más radical a un escenario contemporáneo y extremo: el reformismo socialista estadounidense, ejemplificado en AOC, y la posibilidad de que, incluso si estuviera financiado por la CIA, deba ser considerado imprescindible para la revolución. La respuesta corta es sí, pero con matices que van Schouwen desarrolló con una precisión que hoy resulta casi profética.


La premisa fundamental: "Al reformismo no se le derrota, se le supera"

Bautista van Schouwen, fundador del MIR chileno, fue implacable en su crítica al reformismo. Lo acusó de "sumisión al orden burgués" y de intentar "un proyecto de colaboración de clases" que fracasó estrepitosamente en Chile. Sin embargo, su posición no era la de un sectario que buscara aniquilar a los reformistas. Su frase más citada lo resume: "Jamás olviden, compañeros, que nuestros enemigos son la derecha y el imperialismo... si para eso fuera preciso enfrentar al reformismo, lo haremos con fuerza, pero con lealtad, porque es imprescindible ganar a esos compañeros para la revolución. La revolución no podrá hacerla un grupo aislado... esos compañeros son imprescindibles para la revolución. Al reformismo no se le derrota, se le supera".

Esta cita es la clave de bóveda. Van Schouwen no veía a los reformistas como el enemigo principal, sino como un sector contradictorio que, en última instancia, debía ser ganado para la causa revolucionaria. La revolución no es obra de una vanguardia iluminada, sino un proceso de masas. Y las masas, en su mayoría, no son revolucionarias de la noche a la mañana; pasan por experiencias reformistas. La tarea del revolucionario no es despreciarlas, sino superar políticamente al reformismo, demostrando en la práctica que sus soluciones son insuficientes y que la única salida real es la ruptura revolucionaria.


La prueba extrema: el reformismo financiado por la CIA

Aquí llegamos al punto más incómodo. ¿Qué pasa si el reformismo que debemos "superar" está financiado por el enemigo imperialista?

La historia demuestra que esto no es una hipótesis descabellada. La CIA financió sistemáticamente a sectores de la izquierda "democrática" y reformista en América Latina durante la Guerra Fría. El caso más documentado es el del Institute for International Labor Research, dirigido por el exlíder del Partido Socialista estadounidense Norman Thomas, que recibió más de un millón de dólares de una fundación que era un conducto de la CIA. Estos fondos se usaron para crear el Institute of Political Education en Costa Rica, que entrenó a líderes de "izquierda democrática" y reformista en toda América Latina. La CIA también financió al Institute of Political Education controlado por 17 partidos de centroizquierda latinoamericanos.

La lógica era clara: apoyar a los reformistas para contener a los revolucionarios. Como señaló un análisis, la administración Kennedy usó a la CIA para "apoyar encubiertamente a sectores reformistas en América Latina para rivalizar con la izquierda revolucionaria o marxista y contener el poder del ejemplo de Cuba". Barry Goldwater, desde la derecha, se quejaba de que la CIA estaba "financiando socialismo en América". Lo que Goldwater no entendía era que la CIA no financiaba el socialismo revolucionario, sino el socialismo reformista, precisamente para que sirviera de dique de contención.

Van Schouwen conocía esta realidad. Su MIR fue expulsado del Partido Socialista por criticar su "política electoralista" y su "seguidismo con respecto al reformismo obrero". Sabía que el reformismo no era un accidente, sino una estrategia consciente del imperialismo para desviar la energía revolucionaria.


La respuesta de Van Schouwen aplicada a AOC

Si aplicamos la lógica de Van Schouwen al caso de AOC y el reformismo socialista estadounidense, la conclusión es la siguiente:

1. AOC no es el enemigo. El enemigo es la derecha y el imperialismo. AOC, con todas sus contradicciones, forma parte del campo de los oprimidos que buscan una salida. Su reformismo es un obstáculo, pero no la barrera principal.

2. Su financiamiento, real o percibido, no la convierte automáticamente en un agente enemigo. La historia de Norman Thomas es ilustrativa: recibió dinero de la CIA sin saberlo y luego usó parte de esos fondos para actividades anti-CIA. El financiamiento no determina la conciencia. Lo que determina la conciencia es la práctica política y la relación con las masas.

3. La tarea no es destruirla, sino superarla. Superar a AOC significa demostrar, en la práctica, que sus propuestas (regulación, redistribución dentro del capitalismo) no resuelven los problemas de fondo. Significa construir un movimiento de masas que vaya más allá de las elecciones y las reformas. Significa ganar a sus bases para un proyecto revolucionario.

4. Es imprescindible ganar a los reformistas. Van Schouwen fue categórico: "esos compañeros son imprescindibles para la revolución". La revolución no se hace contra los reformistas, sino con ellos y más allá de ellos. Aislarse en una pureza revolucionaria es un error fatal. El MIR chileno lo aprendió de la manera más dolorosa: su aislamiento relativo contribuyó a su derrota tras el golpe de 1973.


Conclusión: ir más allá de Van Schouwen

Van Schouwen nos da la brújula, pero no el mapa completo. Su pensamiento fue forjado en el Chile de los años 60 y 70, un contexto muy diferente al de Estados Unidos hoy. Sin embargo, su principio fundamental sigue vigente: la revolución es un proceso de masas, no un acto de pureza ideológica.

Si AOC o cualquier otro reformista, incluso financiado por la CIA, moviliza a millones de personas contra la derecha y el imperialismo, es imprescindible ganarlos para la revolución. No se trata de confiar en ellos, sino de superarlos. Se trata de usar su tribuna, sus bases, su capacidad de convocatoria, para ir más allá de lo que ellos mismos plantean.

La pregunta no es si AOC es "imprescindible" en sí misma. La pregunta es si las masas que ella moviliza son imprescindibles. Y la respuesta de Van Schouwen sería un sí rotundo. Al reformismo no se le derrota: se le supera. Y para superarlo, primero hay que ganarlo.

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