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Un faro en la tormenta.

 

Un faro en la tormenta: la lógica revolucionaria del FAS

I. El libro que desentierra una experiencia olvidada

El libro de Lisandro Silva Mariños no es un manual de historia. Es un acto de rescate. Mientras la mayoría de los estudios sobre el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) se han focalizado en los aspectos vinculados a la lucha armada, este trabajo se sumerge en la dimensión menos conocida pero igualmente fundamental de aquella experiencia: la política frentista y de masas.

Se titula FAS. Frente Antiimperialista y por el Socialismo. Un ejército político de masas impulsado por el PRT. Publicado en 2017 por Ediciones La Llamarada y A Vencer, es el primer libro de su autor. Sus 320 páginas no solo describen hechos: los interpelan. Se preguntan por el desarrollo del PRT en la legalidad, su marco de alianzas, su vínculo con el peronismo revolucionario, la relación entre guerra revolucionaria y lucha democrática. Y la respuesta a todas esas preguntas tiene un nombre: el FAS.

II. La idea-fuerza: un "ejército político de masas"

El FAS fue una iniciativa organizativa en tanto frente de masas que el PRT-ERP llevó adelante luego de la apertura democrática en 1973. No fue un partido ni un frente más. Fue un "ejército político de masas" : una herramienta para nuclear no solo los frentes de masas del propio partido, sino también los de otras organizaciones.

El PRT había comprendido que el contexto político democrático exigía una táctica frentista amplia. El FAS era parte de una política integral que buscaba construir en tres niveles: el partido revolucionario, el frente popular y el ejército guerrillero. En esa arquitectura estratégica, el FAS era el germen del Frente de Liberación Nacional y Social.

¿Qué agrupaba el FAS?

Allí confluyeron dirigentes sindicales clasistas, integrantes del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, sindicalistas peronistas, un movimiento de artistas, dirigentes tobas y referentes intelectuales. También confluyeron organizaciones como el FRP de Salta, la columna Sabino Navarro de Montoneros, grupos que luego formarían Poder Obrero. Y confluyeron pensadores de la talla de Silvio Frondizi, Rodolfo Ortega Peña (diputado electo por el FREJULI), Alicia Eguren.

El FAS fue la expresión más concreta de la confluencia entre la izquierda marxista y el peronismo revolucionario. No era un cajón de sastre. Era una apuesta consciente: construir unidad de acción sin fusiones orgánicas.

III. La lógica del FAS: la unidad como potencia

¿Cuál era la lógica profunda del FAS? ¿Qué lo distinguía de otras experiencias frentistas?

Primero: era un frente de los revolucionarios, no un frente burgués.

El PRT consideraba al FAS como el único ejemplo de frente "verdadero" que no integraba a fracciones de la burguesía. No buscaba un acuerdo con el empresariado ni con los partidos del sistema. Buscaba un ejército político de masas que caminara a la par del ejército guerrillero. Un frente donde la clase obrera tuviera hegemonía, pero donde cupieran todos los que querían romper con el imperialismo.

Segundo: era una articulación política del marxismo y el peronismo revolucionario.

Esta era su novedad más radical. El FAS no se definía como antiperonista. Se definía como un espacio donde confluyeran peronistas y marxistas largamente probados en las luchas. La consigna era clara: construir unidad entre quienes, desde diferentes tradiciones, compartían el mismo enemigo y el mismo horizonte de liberación.

Tercero: era una herramienta organizativa de nuevo tipo.

Agrupó a diferentes tendencias de la izquierda marxista ampliada —guevaristas, trotskistas, consejistas y libertarios— junto a organizaciones del peronismo revolucionario y movimientos sociales. Estableció un programa político, un estatuto y regionales en diferentes provincias. Construyó congresos multitudinarios que se propusieron ser una alternativa de masas de cara al tercer gobierno de Perón.

IV. La tensión que la atravesó: la síntesis superior

El FAS no fue un idilio. Fue un laboratorio de contradicciones. Y esa es precisamente su grandeza.

La discusión sobre el programa del FAS fue intensa. Hubo quienes planteaban que no era correcto promover un frente de "explotados y oprimidos" en la lucha por el socialismo, sino que había que impulsar un "frente amplio, democrático, donde incluso entren sectores de la burguesía media" . La discusión superó incluso la instancia congresal y se decidió que fuese debatido por el conjunto de los militantes.

OCPO, la Organización Comunista Poder Obrero, participó en el FAS. Su periódico El Obrero definió al FAS como "un frente revolucionario que unifique fuerzas, tanto del peronismo revolucionario, como del marxismo" . Su consigna era clara: "contra el frente burgués, un frente de los revolucionarios" .

Pero OCPO también planteó sus críticas. Para ellos, la política de "unidad de acción" debía restringirse a la lucha democrática, mientras que el Frente Único debía tener una orgánica más estable y un sentido más profundo. Temían que un frente tan amplio diluyera la independencia de clase del proletariado.

El PRT intentó una síntesis: un frente con hegemonía obrera pero con vocación de amplitud social. No era ni lo uno ni lo otro. Era las dos cosas a la vez. Y esa tensión, lejos de ser un defecto, fue su fuerza: porque demostraba que era posible discutir, debatir, discrepar, y sin embargo seguir luchando juntos.

V. El río de miel del V Congreso

El 24 de noviembre de 1973, doce mil almas convergieron en Roque Sáenz Peña, Chaco. Doce mil militantes de organizaciones políticas, sindicales, barriales, indígenas y campesinas, que viajaron miles de kilómetros desde los puntos más distantes del país.

El V Congreso no fue un acto más. Fue la coronación de una estrategia.

La mesa de coordinación general estaba integrada por figuras de primer nivel: Silvio Frondizi del Grupo Praxis, Alicia Eguren, Rodolfo Ortega Peña. Los oradores incluyeron a Agustín Tosco, Eduardo Castelo, Norberto Pujols y Manuel Gaggero. El Obrero adelantó una edición especial con un titular que era una declaración de principios: "FAS: Por una opción revolucionaria".

Las bases programáticas aprobadas aquel día no eran un papel mojado. Eran una enunciación de los objetivos y las tareas a realizar. Allí se contemplaba a "los obreros industriales, los obreros de talleres, usinas, ferrocarriles, puertos, caminos, los albañiles, los mineros, los hacheros, los chóferes, los peones rurales, los trabajadores independientes, los artesanos, los pequeños comerciantes, los campesinos pobres y medios, los colonos, los aborígenes, los profesionales, los estudiantes e intelectuales progresistas, los maestros, los empleados". Todos los explotados. Todos los oprimidos. Todos en un solo frente.

Agustín Tosco subió al estrado y llamó a "fortalecer el frente con todas las organizaciones populares" . Relató la emoción que significaba para los trabajadores unir los esfuerzos con otros sectores sociales, especialmente estudiantes y aborígenes, en el camino de la lucha por el socialismo. Y cerró su discurso con las palabras del Che: "¡Hasta la victoria siempre!" . Doce mil gargantas repitieron el grito. Doce mil puños se alzaron en el aire chaqueño.

Alicia Eguren de Cooke, la pensadora que había defendido la revolución cubana junto a Cooke y el Che, caracterizó la lucha interna dentro del peronismo entre un sector de derecha y otro revolucionario. Para ella, el FAS "debía tener una política sumamente flexible" para incorporar a aquellos sectores peronistas. Su discurso fue un llamado a "comprender profundamente el problema y el drama del peronismo" . Desde su punto de vista, el contexto político exigía "una política sumamente fraterna, sumamente flexible y al mismo tiempo, principista" .

También hablaron Marcelo, un dirigente toba; el padre Ramondetti, quien llegó al congreso junto a un grupo de "cristianos por el socialismo" ; y otros militantes. Cada voz era una nota en la sinfonía de la unidad.

VI. Los debates que la enriquecieron

Pero el V Congreso no fue un idilio. Hubo tensiones. Hubo debates al borde del intercambio de golpes. Gregorio Flores, del PRT-ERP, y Manuel Gaggero, del FRP, protagonizaron episodios de una intensidad que solo los revolucionarios pueden entender.

Armando Jaime, presidente del FAS, expresó públicamente la divergencia al interior de la Mesa Directiva cuando afirmó que habían logrado "acordar un programa que este Congreso ha aprobado, pero, sin embargo, quedó sin aprobar una declaración política que había redactado el Comité Regional de Córdoba" .

El sector que encabezaban Flores y los miembros cordobeses del FAS sufrió un revés. La dirección del frente optó por la amplitud. Optó por el frente antifascista. Optó por la "unidad amplia y fraternal" .

Pero esa derrota en una discusión no fue una derrota del FAS. Fue la prueba de su vitalidad. Porque en el FAS se podía discrepar, se podía perder una votación, y sin embargo seguir en el frente, seguir luchando, seguir construyendo.

VII. La potencia del FAS: lo que el poder no podía tolerar

El FAS no era un grupito de intelectuales. No era una organización marginal. Era un frente de masas en construcción. Doce mil militantes en el V Congreso. Organizaciones sindicales, movimientos territoriales, agrupaciones indígenas, cristianos por el socialismo, peronistas revolucionarios, marxistas de todas las vertientes.

Doce mil personas diciendo "basta" al imperialismo. Doce mil personas construyendo una alternativa de poder. Doce mil personas que habían entendido que la unidad de los revolucionarios era el único camino para derrotar al capitalismo.

El FAS tenía en su programa la transformación socialista de la sociedad. Tenía en su horizonte un gobierno obrero y popular. Tenía en su estrategia la articulación entre la lucha legal y la lucha armada. Tenía en su corazón la convicción de que la clase obrera, con sus aliados, podía tomar el poder.

Eso no era un "límite". Era una promesa de victoria. Y el poder lo sabía.

VIII. La lección que no puede olvidarse

El FAS encontró el límite de su crecimiento no en sus propias contradicciones —que las tuvo, y no eran menores— sino en la escalada represiva. A partir de entonces, el FAS encontrará el límite de su crecimiento. En parte por la escalada represiva, que se expresó en atentados, la clausura de las publicaciones, la persecución a sus referentes.

El 22 de julio de 1974, Armando Jaime renunció a la presidencia del FAS. Lo hizo a través de una carta pública. Las versiones sobre los motivos se han multiplicado: unos hablaron de discrepancias políticas, otros de la hegemonía del PRT, otros de la relación con el peronismo. Y es cierto que las "rispideces" existieron. El mismo Jaime lo ha reconocido. La convivencia de tantas vertientes no podía ser un idilio.

Pero reducir la desintegración del FAS a esas discrepancias es como explicar un naufragio por la discusión de los marineros sobre el rumbo, cuando lo que hundió el barco fue el temporal. Y el temporal tenía un nombre: la Triple A.

El 27 de septiembre de 1974, Silvio Frondizi fue asesinado. El intelectual de izquierda, el abogado que había defendido a los presos políticos, el fundador del grupo Praxis, fue secuestrado en su casa y fusilado en los bosques de Ezeiza. Rodolfo Ortega Peña, diputado electo, también fue asesinado. Los atentados se multiplicaron, las publicaciones fueron clausuradas, la persecución se volvió sistemática.

No hubo discusión interna que pudiera sobrevivir a eso. No hubo desacuerdo político que no quedara pequeño frente a la embestida de la muerte. El FAS no se deshizo porque sus integrantes no supieran quererse; se deshizo porque el Estado había puesto en marcha una máquina de aniquilación. Y contra esa máquina, ninguna carta pública, ninguna asamblea, ningún congreso de doce mil activistas podía hacer nada.

IX. El todo que fue más que la suma de sus partes

El FAS duró dos años. Dos años en los que miles de personas creyeron que era posible la unidad sin fusión, la lucha común sin traición, la revolución con el rostro de la clase obrera y el corazón de un pueblo. Dos años en los que la muerte tuvo prisa y no dio tregua.

Pero los sueños no mueren del todo. Quedan, como fantasmas, en los archivos, en los libros —como el de Lisandro Silva Mariños— en la memoria de los que aún saben que el FAS no fue un fracaso sino un ensayo. Y que los ensayos, aunque no lleguen a estreno, son la única manera de aprender la obra.

El FAS fue el embrión de algo que aún no ha sido escrito. Y mientras no lo escribamos, mientras no aprendamos la lección de que la unidad se construye contra el terror y no a pesar de él, el FAS seguirá siendo nuestra tarea pendiente. Nuestra deuda con los que cayeron. Nuestra única manera de honrar sus nombres.

X. La última palabra: la profecía

"El Frente de Liberación Nacional y Social, cuyo embrión en nuestra Patria es el FAS, tiene un carácter estratégico y permanente" .

Esa frase, compañero, no es historia. Es profecía. Y el V Congreso fue su bautismo de fuego. Doce mil almas en el Chaco. Doce mil puños en alto. Doce mil gargantas gritando "¡Hasta la victoria siempre!" .

Ese momento, ese instante, ese todo que fue más que la suma de sus partes, sigue latiendo. Sigue esperando. Sigue siendo nuestra tarea pendiente.

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